24 de Julio de 2014
26 de Tammuz de 5774
כ"ו תמוז ה' אלפים תשע"ד

Según el judaísmo ¿qué hay en el más allá? (Parte 3)

IN MEMORIAM BETTY STENGEL DE SHTEREMBERG

MAY SAMRA/ IMAGEN DAVID

EL MÁS ALLÁ EN LA FOLOSOFIA JUDEO MEDIEVAL

Saadia Gaón (882 – 942) Filósofo, teólogo y comentarista bíblico.

Sus obras: El Libro de las Estaciones, el Comentario de Séfer Yetzirá y el Séfer Emunot Vedaot.

Saadia Gaón asevera que el alma existe. Para él, D-os la crea en el seno materno junto con el cuerpo. Como es creada por D-os, el alma tiene el poder de lograr la inmortalidad.

Saadia afirma que el alma tiene sustancia… una sustancia etéreas y de acuerdo con su filosofía, la conducta humana afecta la naturaleza del alma. El alma puede ser purificada mediante buenos actos, inspirados por el estudio de la Torá.

Una importante aportación de Saadia Gaón: El color del alma. El alma se oscurece o se ilumina según el comportamiento de la persona y es juzgada a partir de su grado de luminosidad.

Él creía en la resurrección que reuniría cuerpo y alama después de la llegada del Mesías. No acepta la idea de la reencarnación.

Maimónides (1135 – 1204).- Rabino, erudito, filósofo, legislador y médico. Entre sus obras principales encontramos: El comentario de la Mishná, Mishné Torá y la Guía de los Descarriados.

Una importante aportación de Maimónides: los niveles del alma. Según este sabio, el alma tiene tres aspectos: el vegetativo (que controla alimento y procreación), el sensorial (movimiento, percepción e imaginación) y el racional (poder de razonar). Esta aportación tendrá repercusiones en la teoría kabalística (ver artículo “Diferentes etapas…”)

Según Maimónides, se puede obtener la inmortalidad del alma mediante el conocimiento de lo Divino y la realización de las mitzvot. Quien no lo logra, condena su alma a morir.

Maimónides juzga que la resurrección será el lote de los justos. Sus escritos concluyen con el hecho de que la vida espiritual del mundo venidero está más allá del entendimiento humano.

Najmánides (1194 – 1270).- Rabino, filósofo, talmudista y médico.

Principales obras: Comentarios sobre la Torá y Torat Haadán.

Najmánides opina que hay tres momentos de juicio Divino: en el año nuevo, en el momento de la muerte y en el mundo venidero.

En el año nuevo es cuando se decide el futuro de su vida terrenal, el día de la muerte se evalúan sus actos y se decide su castigo o recompensa. Y, después de volverse a unir cuerpo y alma, en la resurrección se inaugura el Mundo Venidero.

Najmánides introduce un nuevo término: “Olam Haneshamot” (el mundo de las almas), donde se reúnen todas estas últimas y enfatiza la diferencia entre el Juicio Divino anterior a la resurrección y el juicio del alma después de la muerte.

 

 

 

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  1. oscareladio
    Fri 30 Dec 2011 a las 8:38am

    Ya que nadie ha opinado todavía estimada May, permítame por favor agregar algunos conceptos bíblicos que he aprendido acerca del alma, y que por cierto sería el concepto hebreo al respecto el que nos interesa.

    LOS soldados romanos no contaban con ello. En el asalto a la fortaleza de montaña de Masada, el último bastión de los judíos rebeldes, esperaban habérselas con la violenta arremetida del enemigo, oír el griterío de los guerreros y los alaridos de las mujeres y los niños. En vez de eso, solo oyeron el crepitar de las llamas.
    Cuando exploraron la ciudadela incendiada, descubrieron la horrible verdad: sus enemigos, unas novecientas sesenta personas, ya estaban muertos. De forma sistemática, los guerreros judíos habían matado a sus propias familias y después se habían dado muerte ellos mismos. El último hombre se había suicidado. ¿Qué los llevó a cometer este espantoso suicidio colectivo?

    Según Josefo, historiador de la época, un elemento sustancial de la tragedia fue la creencia en la inmortalidad del alma. Eleazar ben Yaír, el jefe de los celotes refugiados en Masada, intentó primero convencer a sus hombres de que el suicidio sería más honroso que la muerte a manos de los romanos o la esclavitud a los mismos. Al ver que vacilaban, se puso a darles un apasionado discurso sobre el alma, en el que afirmó que el cuerpo no es más que un lastre, la cárcel del alma. Agregó: “Pero cuando el alma está libre de este peso que la inclina hacia la tierra y se refugia en el lugar que le es propio, goza de un poder feliz y libre, siendo, como Dios, invisible a los ojos mortales”.

    ¿Qué efecto causaron sus palabras? Josefo narra que después de que Eleazar habló extensamente siguiendo esta línea de pensamiento, “todos lo interrumpieron y, llenos de un ardor irresistible, se apresuraron a cumplir lo que les aconsejaba”. Y añade: “Movidos por un impulso divino, se alejaron impacientes [...] por adelantarse los unos a los otros [...]. ¡Tan grande era el empeño que tenían de dar muerte a sus mujeres y sus hijos y a ellos mismos!”.

    Este macabro ejemplo ilustra hasta qué punto la doctrina del alma inmortal puede alterar la visión que los seres humanos tienen normalmente de la muerte. No se enseña a los fieles a verla como el peor enemigo del hombre, sino como una simple puerta que libera al alma para que goce de una existencia superior. Ahora bien, ¿cómo es que aquellos celotes judíos tenían esta creencia? Muchos pensarán que sus libros sagrados, las Escrituras Hebreas, enseñan que el hombre posee dentro un espíritu consciente, un alma que sale de él y pervive en el más allá. ¿Es cierto eso?
    El alma en las Escrituras Hebreas:
    En una palabra creo con todo respeto que no. Desde el mismo primer libro de la Biblia, el Génesis, se nos dice que el alma no es algo que uno tiene, sino algo que uno es. De la creación del primer ser humano, Adán, leemos: “El hombre vino a ser alma viviente”. (Génesis 2:7.) La voz hebrea que aquí se traduce por alma, né•fesch, aparece más de setecientas veces en las Escrituras Hebreas, y en ninguna de ellas transmite la idea de ser una parte espiritual, etérea, separada del hombre. Todo lo contrario: el alma es tangible, concreta, física.

    Si buscamos en nuestras propias Biblias los siguientes pasajes, en cada uno de los cuales aparece la palabra hebrea né•fesch, verá claramente que el alma puede exponerse al peligro e incluso ser secuestrada (Deuteronomio 24:7; Jueces 9:17; 1 Samuel 19:11); tocar objetos (Job 6:7); ser aprisionada con hierros (Salmo 105:18); anhelar alimento, afligirse con ayuno y desfallecer de hambre y sed; padecer una enfermedad extenuante o desvelarse a causa de una pena. (Deuteronomio 12:20; Salmo 35:13; 69:10; 106:15; 107:9; 119:28.) En otras palabras: dado que el alma es uno mismo, nuestro propio yo, puede experimentar todo lo que es característico del ser humano.
    ¿Quiere decir esto que el alma puede morir? Claro que sí….!! Lejos de ser inmortal, las Escrituras Hebreas mencionan que el alma humana puede ser “cortada”, o ejecutada, por su maldad; herida mortalmente; asesinada; destruida y despedazada. (Éxodo 31:14; Deuteronomio 19:6; 22:26; Salmo 7:2.) “El alma que peca… ella misma morirá”, afirma Ezequiel 18:4. Es obvio que el destino común de todas las almas humanas es la muerte, ya que todos pecamos. (Salmo 51:5.)

    Al primer hombre, Adán, se le informó que la pena por el pecado sería la muerte, no la transferencia al reino de los espíritus ni la inmortalidad. (Génesis 2:17.) Y cuando pecó, la sentencia fue: “Porque polvo eres y a polvo volverás”. (Génesis 3:19.) Cuando Adán y Eva murieron, sencillamente se convirtieron en lo que la Biblia a menudo llama ‘almas muertas’ o ‘almas difuntas’. (Números 5:2; 6:6.)
    No es extraño que The Encyclopedia Americana comente sobre el alma en las Escrituras Hebreas lo siguiente: “La concepción del hombre en el Antiguo Testamento es la de una unidad, no la unión de alma y cuerpo”. Y añade: “Nefesh [...] no se concibe nunca como una entidad que funcione separada del cuerpo”.

    Por lo tanto, ¿qué idea tenían los judíos fieles sobre la muerte? Simple y llanamente creían que la muerte era lo contrario de la vida. Salmo 146:4 describe lo que sucede cuando el espíritu, o sea, la fuerza vital, abandona al hombre: “Sale su espíritu, él vuelve a su suelo; en ese día de veras perecen sus pensamientos”. Así mismo, el rey Salomón escribió que los muertos “no tienen conciencia de nada en absoluto”. (Eclesiastés 9:5.)
    ¿Por qué, entonces, muchos judíos del siglo I, como los celotes de Masada, estaban tan convencidos de la inmortalidad del alma?
    El influjo de los griegos:
    Los judíos no tomaron esta idea de la Biblia, sino de los griegos. Parece ser que entre los siglos VII y V a.E.C., el concepto pasó de los misteriosos cultos religiosos de Grecia a la filosofía griega. La noción de un más allá donde las almas malas recibirían castigo doloroso por sus faltas había ejercido gran fascinación por mucho tiempo, hasta que cobró forma y se difundió. Los filósofos debatían sin cesar acerca de la naturaleza precisa del alma. Para Homero, esta se escabullía en la muerte, haciendo una especie de susurro, chirriando y zumbando. Para Epicuro, el alma tenía masa y era, por lo tanto, un cuerpo infinitesimal.

    Sin embargo, el máximo exponente de la inmortalidad del alma tal vez fue el filósofo griego Platón, del siglo IV a.E.C. En su descripción de la muerte de su maestro, Sócrates, se revelan convicciones muy parecidas a las que albergaban los celotes de Masada siglos después. Como apunta el erudito Oscar Cullmann, “Platón nos muestra cómo Sócrates, con una calma y una serenidad absolutas, va al encuentro de la muerte. La muerte de Sócrates es una muerte hermosa. El horror está completamente ausente de ella. Sócrates no podría temer la muerte, puesto que ella nos libera del cuerpo. [...] La muerte es la gran amiga del alma. Así lo enseña y así es como muere, en admirable armonía con sus enseñanzas”.

    Fue, al parecer, en el siglo II antes de la era común, durante el período de los Macabeos, cuando los judíos empezaron a asimilar esta enseñanza de origen helénico. Josefo dice en el siglo I E.C. que los fariseos y los esenios, dos influyentes grupos religiosos judíos, abrazaron dicha doctrina. Algunas poesías que se cree fueron compuestas por aquella época reflejan la misma creencia.
    ¿Presenta la Biblia a la muerte como la amiga del alma, un mero rito para pasar a otras etapas de la existencia? No. Para los cristianos verdaderos, como el apóstol Pablo, la muerte no era una amiga, sino “el último enemigo”. (1 Corintios 15:26.) Los cristianos no estimamos la muerte como algo natural; al revés: la vemos como algo horrible, antinatural, pues es una consecuencia directa del pecado y la rebelión contra Dios. (Romanos 5:12; 6:23.) Nunca formó parte del propósito original de Dios para el hombre.
    El verdadero origen de la doctrina:
    Llegados a este punto, quizás alguien pregunte en defensa de la doctrina de la inmortalidad del alma: ¿Por qué enseñan la misma doctrina, en una u otra forma, tantas religiones del mundo? Las Escrituras proporcionan una razón sólida de por qué está tan extendida en las comunidades religiosas del mundo.
    Obviamente, las religiones del mundo no han sido inmunes a la influencia satánica; más bien, han contribuido en gran manera a los problemas y conflictos del mundo actual. Y en lo que tiene que ver con el alma, parece que reflejan el pensamiento de Satanás muy claramente (Job capítulos 1 y 2). ¿Cómo?
    Recordemos la primera mentira que se dijo. Dios había dicho a Adán y Eva que morirían si pecaban contra él; en cambio, Satanás le aseguró a Eva: “Positivamente no morirán”. (Génesis 3:4.) Adán y Eva, en efecto, murieron; volvieron al polvo, como Dios había dicho. Pero Satanás, “el padre de la mentira”, nunca abandonó su primer embuste. Incontables religiones que se desvían de la doctrina bíblica o la desconocen por completo promulgan el mismo concepto: ‘Usted positivamente no morirá. Puede ser que su cuerpo perezca, mas su alma subsistirá para siempre, como Dios’. Es interesante que Satanás también le dijera a Eva que sería “como Dios”. (Génesis 3:5.)

    ¡Cuánto mejor es abrigar una esperanza que se funda en la verdad y no en mentiras ni filosofías humanas! ¡Cuánto mejor es confiar en que nuestros amados muertos yacen inconscientes en la sepultura, en vez de preocuparnos por el paradero de su alma inmortal! El sueño de la muerte no tiene por qué aterrorizarnos ni deprimirnos. En cierto modo podemos imaginar que los muertos están en un lugar de descanso seguro. ¿Por qué seguro? Porque la Biblia garantiza que los muertos a quienes Jehová ama viven en un sentido particular. Viven en su memoria. Esta es una idea sumamente alentadora, porque la memoria de él es infinita. Dios desea traer de nuevo a la vida a innumerables millones de seres humanos queridos para darles la oportunidad de que moren por siempre en una Tierra paradisíaca. (Compárese con Job 14:14, 15.)

    El glorioso día de la resurrección llegará, pues todas las promesas de Jehová deben cumplirse. (Isaías 55:10, 11.) Imaginémonos la realización de esta profecía: “Pero tus muertos sí volverán a vivir, sus cadáveres resucitarán. Los que duermen en la tierra se despertarán y darán gritos de alegría. Porque tú envías tu luz como rocío y los muertos volverán a nacer de la tierra”. (Isaías 26:19, Versión Popular.) Así pues, los muertos que duermen en la sepultura están tan seguros como un bebé en la matriz de su madre. Pronto habrán de “nacer”, cuando vuelvan a la vida en una Tierra paradisíaca.
    ¿Qué mejor esperanza puede haber? Sin duda creo que ninguna. De hecho esa sería la función del Mesías, rescatar de las garras de la enfermedad y la muerte a los seres humanos (Isaías 53), algo heredado desde Adán y Eva, que de no haber desobedecido, no necesitaríamos un redentor, Mesías no tendría que venir y por lo tanto la humanidad viviría hoy sin enfermar ni morir en condiciones paradisíacas. Lamentablemente hasta la tierra está maldita por su causa de aquella rebelión (Gén.3: 17-19)
    “UNA de las principales nostalgias que invaden al ser humano, tal vez la más intensa y persistente de todas, es la nostalgia del paraíso. En todos los niveles de la vida religiosa se evidencia cierto anhelo por el paraíso”, dice The Encyclopedia of Religion. Parece mentira, nostalgia de algo que no vivimos. Tal nostalgia es natural, pues la Biblia nos dice que la vida humana empezó en el Paraíso, un hermoso jardín donde no había ni enfermedades ni muerte (Génesis 2:8-15). No es de extrañar que un gran número de religiones del mundo ofrezcan la esperanza de vida futura en algún tipo de paraíso. Bueno, en realidad otro tema más para comentar en otra oportunidad.

    Siempre agradecido y felicitaciones por el primer aniversario de la página..!!!!!!
    Con afecto sincero Oscar Peralta..!!!

    (responder)
    • Enlace Judío México
      Enlace Judío dice
      Sat 31 Dec 2011 a las 6:47pm

      Gracias Oscar!!!!!

      (responder)

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