25 de Mayo de 2013
16 de Sivan de 5773
ט"ז סיון ה' אלפים תשע"ג

David D’Or celebra los 110 años del KKl

Entrevista realizada en junio de 2011

ENRIQUE RIVERA RIVERA

A riesgo de parecer  “jantarish” (slang hebreo ya viejo, equivalente a tonto e inocente), podemos decir que  el concierto del Keren Kayemet L’Israel  ha sido uno de los mejores eventos del año en curso, celebrando esta organización 110 años de existencia y servicio a un pueblo, en un país pequeño, con muy poca riqueza natural, pero- como lo apuntó el Primer Ministro, Shimón Peres, en un video-que cuenta con un gran tesoro: el Pueblo judío.

Pueblo, que por cierto, ama la naturaleza, simbolizada por los árboles, lo cual ha valido a Israel otro más de sus positivos records o “plusvalías”: ser el único país en el globo terráqueo cuya cantidad de árboles en el presente siglo es mayor a los que tuvo en el centenario anterior.

Y aquí caben perfecto las palabras del Sr. Nathan Shteremberg, actual Presidente del Consejo del Keren Kayement en México: “Antes de subir al estrado, mi esposa me recordaba donde había estado 10 años antes: en Basilea, Suiza, donde se llevó a cabo el Primer Congreso Sionista y donde Hertzl exclamó: “Im tirzu, lo tihie hagadá” (si lo desean, no será un cuento)”.

Esta frase y todo el valor, fuerza, ilusión, esperanza, sentimiento de sacrificio y visión del futuro que encierra, sigue latente 110 años después … En sus entretelones, los judíos hemos tenido que sufrir persecuciones, pogroms, enfrentar destierros, injusticias, amenazas y actos de exterminio. Sin embargo, el deseo se impuso y, a D-os gracias, hoy gozamos de una tierra y un Estado que es garante de la seguridad de la Golá y del propio Estado de Israel. Un estado, por cierto, verde- a fuerza de espíritu y trabajo.

Y, de pronto, ahí estaba parado David D’Or, agradeciendo la hospitalidad mexicana, extendiendo sus brazos y renovando las ligas que nos unen con Israel y con otros judíos en el mundo. Por instantes,  la magia de la música, la energía creada y la añoranza por la Tierra que mana leche y miel, nos llevaron lejos y nos sentimos hermanados y tocados por los acordes del saxo, de los teclados y demás instrumentos, pero sobre todo por la voz de David. Humilde, sencillo, transpirando su esencia, transformando su voz y tocando fibras íntimas, como recuerdos y personas; sabores y aromas; palabras y canciones …

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