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La primer Nobel de Literatura, en Jerusalén

S. Lagerlof, Nobel de Literatura 1909 tras publicar “Jerusalén”, ciudad que visitó con su amiga, la escritora judía Sophie Elkan.

P HUERGO CASO PARA AGENCIA DE NOTICIAS ENLACE JUDÍO MÉXICO:

Jerusalén, donde la calle Shaúl Tschernijovsky -traductor de El Quijote al hebreo- se bifurca en la calle Shay Agnon -Premino Nobel israelí de Literatura.  Ahí está la calle que Jerusalén dedicó a Selma Lagerlof, la autora de Las maravillosas aventuras de Nils Holgerson pero también de su novela para adultos, Jerusalén.

Salma Lagerlof nació en la Suecia romántica a mediados del S. XIX, en una granja idílica de gansos y nieves donde no faltaban sinsabores -su padre era alcohólico- o como la enfermedad -Salma fue víctima de la poliomelitis y durante toda su vida caminaría por el mundo arrastrando las consecuencias de una indisimulable cojera. Quizás por eso pasó mucho tiempo de su infancia sentada y leyendo con avidez. Entendió pronto que debía buscarse una profesión que le permitiera ser independietne y entonces se hizo maestra en Estocolmo.

Al poco de comenzar su carrera en magisterio, ya relacionada con círculos feministas de la siempre avanzada Copenhague, escribió su primera novela, muy autibiográfica y de bastante éxito. Llegó a ver cómo fue llevada al cine en 1924, protagonizada por Greta Garbo. Un año después de la publicación de esta novela, conoció a Sophie Elkan.

Sophie Elkan -de soltera, Solomon- venía de un mundo contrario al de Lagerlof. Hija de una acomodada e ilustrada familia judía europea asentada en el Reino de Suecia, había nacido en Goteburgo (a la vera de su influyente universidad) y se había casado con un comerciante y editor musical, Natan Elkan, con quien tuvo una hija. Pero también en su vida se cruzó la tragedia: su marido murió de tuberculosis, a la mañana siguiente lo hizo su hija y pocos días después su padre. Sophie se vistió de luto para el resto de sus días. Se encerró en la literatura, la traducción y la redacción de novelas. Una de las feministas danesas puso en contacto a Selma y a Sophie en 1894.

Ambas vivían en ciudades distintintas y mantenían una relación epistolar intensa, así que al año de haberse conocido eprendieron un primer viaje a Italia. En 1899 decidieron viajar a Oriente Medio según la ruta clásica: desde Brindisi, donde murió el poeta latino Virgilio, embarcaron hacia Alejandría, donde escribía sus versos K. Kavafis. Tras dos meses de periplo egipcio, recalaron en Jerusalén.

Por aquel entonces, en Jerusalén se habían asentado unos norteamericanos evangélicos que compraron una casa con el objetivo de formar una especie de comuna cristiana para favorecer la rehabilitación del Tercer Templo de Jerusalén, La Sociedad de la Utopía cristiana. En Jerusalén fueron conocidos como la Colonia Americana, nombre que aún perdura en el encantador hotel que ocuparon entonces. El fundador, al morir, dejó a su vida al cargo, que se puso en contacto con una iglesia sueca que envió a Jerusalén una docena de feligreses. Su peculiar estilo de vida comunitario dentro de los cánones del cristinismo fue muy del interés de Selma, que durante todo el tiempo que pasó en Jerusalén tomó buena nota para redactar , en dos libros, su peripecia vital bajo el título de Jerusalén- Al año siguiente , Selma recibió el Premio Nobel. Se había convertido en la primera mujer de la Historia en recibirlo. Más tarde, en tiempos de la Primera Guerra Mundial, fue nombrada Académica de la Lengua Sueca, lo que hizo menguara su activcidad literaria. Durante la II Guerra Mundial, ayudó a intelectuales judíos a esocnderse y obtener visas, como por ejemplo el visado oficial sueco para la poetisa alemana judía Nelly Sachs, destinada por los nazis a un campo de exterminio polaco, salvándole de esta desgracia.

Mientras tanto también se hacía cargo de su amiga Sophie, cada vez más enferma, casi ciega, que de pronto en 1921 sufrió un derrame cerebral y murió. Su única heredera fue su pareja, Selma.

Intelectualmente muy comprometida, cuando Finlandia debió enfrentar la agresión soviética en la llamada Guerra de Invierno, la escritora donó su medalla de oro del Premio Nobel para ser subastada con destino a juntar fondos para la Resistencia finesa. De pronto, le sobrevino un ataque cardíaco y falleció el 16 de marzo de 1940 a los 81 años de edad.

Reproducción autorizada: © enlace judío

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