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Leopold Bloom: el común denominador de la identidad judía

Enlace Judío México.- Con todo, y a pesar de que en la novela Leopold Bloom niega ser judío, Levitt dice que el judaísmo está en el corazón mismo de Bloom y es parte de su identidad.

MARCOS GOJMAN

Podemos definir de una manera sencilla el concepto “identidad”, como el conjunto de características de una persona, que permiten distinguirla de otras personas. Por lo tanto, identidad judía es ese conjunto de características judías de un individuo, que lo distinguen de aquellos que no lo son. Sin embargo, el problema reside en cómo conformar esa lista de características que definirían a alguien como judío. Porque aparentemente, la lista que elaborara un judío ultraortodoxo sería muy diferente a la lista de un judío secular, o de un sionista, o de un judío reformista o de uno humanista, por mencionar sólo a algunos.

Al buscar una respuesta al problema de qué incluir en esa lista, nos topamos con el personaje de Leopold Bloom en la novela “Ulises”, al cual su autor, James Joyce, lo caracteriza como alguien que sabe que desciende de judíos, pero que no se considera judío ni practica el judaísmo. El profesor Morton P. Levitt, al referirse a Leopold Bloom, uno de los principales personajes de dicha novela, lo describe claramente como no muy buen judío. De hecho, halájicamente hablando, no era judío en absoluto, puesto que su madre no era judía y él nunca fue circuncidado. En la obra, dice Levitt, hay alguna sugerencia que su madre pudo haber sido mitad judía y que su padre era un judío de Hungría. Pero incluso si esto hubiera sido cierto y Bloom fuera tres cuartas partes judío, todavía carece de la conexión necesaria con la línea materna directa, es decir, si la madre de su madre no era judía, él tampoco lo es.

Con todo, y a pesar de que en la novela Leopold Bloom niega ser judío, Levitt dice que el judaísmo está en el corazón mismo de Bloom y es parte de su identidad. Fundamenta su afirmación por una serie de referencias judías que hace Bloom, muchas de las cuales se remontan a su infancia como hijo de un padre judío inmigrante de Szombathely, Hungría. Y cita Levitt a Joyce: “Bloom lee solemnemente de un pergamino, la lista de sus conocimientos de judaísmo: Aleph, Beth, Guimel, Dalet, Agadah, Tefilin, Kosher, Yom Kipur, Januka, Rosh Hashana, Bnei Brith, Mitzvá, Matzot, Ashkenazim, Meshugah, Talit”.

Es increíble, pero esa pequeña lista del pergamino de Bloom, incluye lo que podríamos llamar el común denominador de la identidad de cualquier judío. Veamos: las letras del alfabeto hebreo simbolizan las sagradas escrituras, la agadah: su contenido ético, los tefilín: la práctica religiosa diaria, lo kosher: la práctica judía en el hogar, Yom Kipur: la relación con nuestros semejantes, Januca: nuestro sentimiento nacional, Rosh Hashanah: la pertenencia al mundo judío, Bnei Brith: la participación en la organización comunitaria, mitzvah: los mandamientos de Dios, matzot: el éxodo de Egipto como el evento fundacional del pueblo judío, ashkenazim: las diferencias entre los grupos judíos, meshugah: el folklore judío y el talit: la liga con su historia. Todos los diferentes grupos dentro del judaísmo, tienen en mayor o menor medida, elementos de la lista de Bloom.

Es indiscutible el talento de James Joyce, quien, en una novela tan compleja como Ulises, supo plasmar en Leopold Bloom, ese común denominador que define la esencia del ser judío.

 

 

Bibliografía: Morton P. Levitt: “The Greatest Jew of All”: James Joyce, Leopold Bloom and the Modernist Archetype.

 

Fuente:alreguelajat.com

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