Munich hoy

JACOBO ZABLUDOVSKY

Representantes escucharon a Obama no llamar por su nombre al terrorismo de Yihad. Jugar con el diccionario permite soslayar al enemigo y dejarlo crecer al amparo de la indefinición.

Septiembre de 1938. Un sonriente Neville Chamberlain, primer ministro de Gran Bretaña, desciende en Londres del avión que abordó en Munich, agitando un papel en su mano derecha.

Ese papel mantenía la paz, según el inglés, a cambio de entregar Checoslovaquia a Hitler, quien garantizaba con su palabra de honor que ahí terminaban sus planes expansionistas.

The New York Times lo relata: “Londres, 18 de septiembre.— Hitler obtuvo el mayor triunfo diplomático de su carrera cuando, a la media noche de hoy, los gobiernos francés y británico acordaron apoyar las demandas contra Checoslovaquia a fin de evitar otra guerra mundial.

“Después de 13 horas de discusión casi continua, Chamberlain y Daladier enviaron instrucciones a sus respectivos ministros en Praga para que vean al presidente Benes y ‘le recomienden’ lo siguiente: primero, la cesión inmediata y absoluta a Alemania, sin previo plebiscito, de todas las regiones de Checoslovaquia donde predominen habitantes de raza alemana, debiendo antes procederse al cambio de los checos y los antinazis de esas regiones por los alemanes leales a Alemania que radiquen en otras regiones. Segundo, la creación de un sistema cantonal de gobierno en el resto de Checoslovaquia, a la manera de Suiza. Tercero, la neutralización de la política checoslovaca y el abandono de las alianzas en cambio. Igualmente, la garantía militar de las nuevas fronteras por Gran Bretaña y Francia en caso de una amenaza por las grandes potencias.

“Tal ‘solución pacífica’ fue la acordada para poner fin al problema”.

Seis meses después, Chamberlain caía en el basurero de la historia junto a su papel famoso y a las promesas de su respetado Führer, si en Munich hubiera puesto un dique a las ambiciones hitlerianas, si no estuviera ahí un cómplice francés, Daladier, fusilado por traidor a su patria, habría podido salvar a millones de civiles y soldados convertidos en cifras de la guerra más costosa de la historia en vidas humanas. Podría haberse impedido el Holocausto. El 3 de septiembre de 1939, Alemania invade Polonia. Gran Bretaña declara la guerra y empieza la batalla decisiva para el futuro de la humanidad.

Lo sucedió en el poder Winston Churchill: “No tengo nada más que ofreceros que sangre, sudor y lágrimas… lucharemos playa por playa, casa por casa, azotea por azotea… Jamás nos rendiremos”, dijo. Y cumplió.

Hoy el mundo está en una encrucijada similar ante un califato surgido con tanta fuerza real que amenaza la paz en tres continentes. El Estado Islámico ocupa la tercera parte de Siria, la tercera parte de Irán y un enclave al norte de Libia ubicado a menos de 500 millas en línea recta de Italia. Eso es una realidad. Ante los hechos, la semana fue tan abundante en declaraciones como escasa en medidas prácticas. Durante tres días representantes de 60 países se reunieron en Washington para escuchar al presidente Barack Obama en lo que un observador calificó de ejercicio de malabarismo semántico, para no llamar por su nombre al terrorismo de Yihad y dedicarse a tratar de explicarnos la diferencia entre islamismo y terrorismo. Jugar con el diccionario permite soslayar al enemigo y dejarlo crecer al amparo de la indefinición.

Copio algunas noticias publicadas esta semana: “Las autoridades italianas anunciaron que reforzaron las medidas de seguridad dentro del Vaticano y en todo el territorio de Italia ante las amenazas de ataques islamistas.

“Desde los atentados al semanario satírico francés en París, y sobre todo después de las 21 decapitaciones, esta semana de cristianos egipcios en Libia por parte del grupo yihadista Estado Islámico (EI), las amenazas de posibles atentados se han multiplicado.

“En el mensaje de video, con imágenes del brutal asesinato de los 21 rehenes cristianos, el grupo yihadista advierte: ‘Hoy, estamos al sur de Roma, mañana estaremos ahí’, lo que alertó a las autoridades italianas”. Y el jueves el Yihad habló a su manera: 3 coches bomba causan 39 muertos en Derna, en el norte de Libia, región bajo su control desde hace casi un año.

El fantasma del appeasement se pasea hoy por el mundo, como hace siete décadas en Munich, pero ya lo dijo el rector José Narro: “La mejor manera de destruir un fantasma es mirarlo a los ojos”. El mundo cerró los suyos, al abrirlos vio la catástrofe.

Una nación solitaria no tuvo miedo. Churchill sintetizó la victoria: “Los ejércitos aliados exterminaron a la víbora en su nido con el tiempo justo”.

Es hora de aprender las lecciones históricas y desmentir la vieja falacia de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.

O hacerle caso al cómico de San Telmo: “Antes de morir prefiero la muerte”.

Fuente: eluniversalmas.com.mx

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