Roberto Meyer está en casa, con su novia y su perro. Por la ventana, ve entrar al Kibutz a hordas de guerrilleros sedientos de sangre. Ve asesinar a sus vecinos, violar a hombres y mujeres, secuestrar niños y ancianos. De pronto, ve acercarse a un terrorista a la puerta de su casa.
Solo cuenta con un cuchillo de cocina.
Se adelanta al destino. Abre la puerta y acuchilla al terrorista. Lo hace por instinto de supervivencia, pero cumple con un mandato judío ancestral que dice “A quien viene a matarte, adelantate y mátalo”.
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