Al mismo tiempo que protesta la gente en Jerusalén por el acuerdo, en Gaza hay felicidad. Claman por la caída del Estado Judío.
En Gaza, uno de los líderes, Khalil al-Hiya, pregona que lo ocurrido el 7 de octubre fue un logro militar, motivo de orgullo. En el colmo del descaro, se alegran y festejan.
Su felicidad dista mucho de alguien que sufre un genocidio.
Por su parte, el ejército y servicios médicos se preparan para la recepción de los rehenes, que necesitarán ayuda higiénica, psicológica y medica. Serán llevados a hospitales según sus necesidades.
No hay ganadores en esta guerra, pero la sociedad que está dispuesta a proteger a su gente a toda costa, siempre terminará cediendo.
Israel ahora debe recrearse, atender las heridas, porque el enemigo acecha.
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