Yair Golan / Nuestro sionismo no es de desplazamientos masivos y guerras eternas, es de igualdad y libertad

Es mejor decirlo directamente: es comprensible, especialmente después del 7 de octubre, que gente que no pertenece ni apoya al movimiento mesiánico judío, o al gobierno extremista de Israel, que al escuchar el plan de traslado de Donald Trump, se diga que no se opondría a un escenario en el que se vayan a dormir y que al día siguiente descubran que el pueblo palestino desapareció de la noche a la mañana.

Pero el dolor no es un plan de trabajo, y el tipo de ilusión que desvanece la adversidad con un chasquido de dedos de un mago nunca ha sido el camino del sionismo. Somos un movimiento de soñadores, pero siempre con los pies en la tierra y un plan viable y concreto para hacer realidad nuestra visión.

¿Dónde está hoy ese Israel audaz y proactivo, dueño de su futuro y que actúa decisivamente por su seguridad?

El traslado de los habitantes de Gaza a un tercer país es una idea antitética al judaísmo y al sionismo. El Presidente de Estados Unidos no es judío ni sionista, pero quienes lo somos debemos oponernos a ello y asegurarnos de que no se normalice en el discurso israelí.

No es la primera vez que Trump propone algo que sorprende a todos, y no será la primera vez que una de sus ideas se vuelva a guardar en un cajón, donde pertenece.

Las conversaciones sobre el traslado de población distraen de asuntos urgentes y críticos: la guerra en la Franja de Gaza continúa, nuestros soldados siguen sacrificando sus vidas, decenas de rehenes y sus familiares esperan que el Estado cumpla su contrato más fundamental con sus ciudadanos y los traiga a casa, vivos, o al menos para un entierro digno. Cada día que pasa sin una alternativa a Hamás es un día que le damos a Hamás una recompensa estratégica.

¿Y por qué todo esto continúa? Porque durante 16 meses el gobierno se ha dedicado a ocultar sus huellas y a dar largas al asunto en lugar de elaborar un auténtico plan para el futuro de la Franja y garantizar la seguridad de los israelíes.

La solución no son provocaciones de expulsiones masivas ni un peligroso asentamiento mesiánico en Gaza, sino una acción política meditada y realista. De la mano de Estados Unidos y de los países árabes moderados, Israel debe construir un futuro en el que la Franja se recupere al tiempo que se garantiza nuestra seguridad.

Los pasos necesarios son claros: la liberación de los rehenes, un alto al fuego estable, la creación de un gobierno alternativo a Hamás y la formación de un frente regional contra Irán que aproveche los logros de la guerra. Solo estas medidas llevarán a un Medio Oriente más seguro, guiado por una visión realista y sostenible.

Una verdadera visión exige la creación de una alianza de países moderados contra el eje radical chiíta o musulmán sunita. Una verdadera visión exige la preservación de Israel como un Estado con una clara mayoría judía, un hogar nacional para todo el pueblo judío y, al mismo tiempo, un Estado libre, igualitario y democrático, un Estado próspero en el que sus ciudadanos deseen vivir, no emigrar.

Una verdadera visión significa abordar los problemas reales, no huir de ellos. Con los palestinos, tendremos que vivir con seguridad; respecto al eje radical, tendremos que enfrentarlo mientras construimos una fuerza de ataque militar; respecto a los desafíos internos de Israel, tendremos que enfrentarlos mientras luchamos contra populistas y anarquistas que integran nuestro gobierno.

La verdadera prueba de un estadista no está en los eslóganes, sino en dar forma a los procesos históricos. Supongamos por un momento que se hace realidad el escenario absurdo de Trump y que de 200,000 a 500,000 palestinos preferirían emigrar, en lugar de vivir en lo que queda de la Franja durante su reconstrucción. ¿Adónde irían? Europa tiene sus propias crisis de inmigración y no se apresurará a recibir a más refugiados. Los países musulmanes están dando la espalda. No hay destino, no hay solución, solo más caos.

Y el caos es el entorno más cómodo para Benjamín Netanyahu, la mejor oportunidad para que siga consolidando su poder. Los habitantes de Gaza no desaparecerán, ni mañana ni en una década, y quienes buscan una solución que nos permita vivir junto a ellos con seguridad no la encontrarán en los talleres ideológicos de Bezalel Smotrich y la veterana colona Daniella Weiss.

Pero mientras nos enfrascamos en discusiones inútiles, el gobierno sigue desmantelando la democracia israelí, abandonando a los rehenes y sacrificando las vidas de los soldados que están empantanados en una guerra que ya debería haber terminado.

Decenas de miles de israelíes ya han abandonado el país por temor a que aquí no haya futuro, ni para ellos ni, especialmente, para sus hijos. Quien busca una solución genuina para los israelíes debe actuar para garantizar que Israel siga siendo un país donde la gente pueda y quiera vivir.

Por lo tanto, lo más importante ahora es asegurar que todos los rehenes regresen de inmediato. Luego debemos construir un futuro real para las generaciones actuales y futuras de israelíes cuyo hogar está aquí, cuya identidad es judía y democrática, y que enarbolan con orgullo los valores de la igualdad y la libertad. El traslado de población nunca será parte de su vocabulario, como tampoco lo será la guerra eterna. Porque este es nuestro sionismo.

El mayor general (res.) Yair Golán es presidente del partido Hademokratim.

Artículo publicado originalmente en Haaretz


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