“No quiero recibir a mi novio en una bolsa”: Ilana Gritzewsky, mexicana ex rehén de Hamás

“Quiero poder vivir en la realidad, casarme, tener hijos. ¿Por qué yo estoy aquí y ellos no?”: Ilana Gritzewsky de 31 años, mexicana- israelí y originaria del Kibutz Nir Oz, se ha convertido en un símbolo de resistencia y valentía tras sobrevivir 56 días de cautiverio a manos de Hamás.

Su historia, marcada por la brutalidad del terror y la lucha por la libertad, comenzó el 7 de octubre de 2023, cuando la paz cotidiana de su hogar se vio destrozada por un ataque terrorista.

A lo largo de su cautiverio,  Gritzewsky soportó un sufrimiento físico y psicológico indescriptible, pero hoy mantiene firme la promesa de luchar por la liberación de todos los rehenes, incluido su novio, Matán Zangauker, quien aún permanece en manos de sus captores.

Gritzewsky ofreció un discurso desgarrador ante el Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos. En su relato, Ilana revivió los momentos de terror que vivió aquella fatídica mañana, cuando, al despertar en su casa, escuchó las alarmas de ataque que indicaban el inicio de un asalto inesperado. En pocos minutos, la vida que conocía se desmoronó. Los terroristas irrumpieron en su hogar, destruyendo todo a su paso, y a pesar del miedo paralizante, ella encontró la fuerza para intentar escapar. Aunque fue capturada y sometida a un cautiverio lleno de violencia y torturas, la joven nunca permitió que su espíritu se quebrara.

“El 7 de octubre, a las 6:30 am, cuando comenzaron las alarmas, ya estaba despierta sentada en el sillón con mi café en mi casa en el Kibutz Nir Oz, cercano a la frontera con Gaza. Corrí hacia nuestro refugio antiaéreo, metí al perro y le llamé a mi novio, Matán. Diez minutos después de la primera alarma empezamos a escuchar disparos y gritos en árabe. Los grupos de WhatsApp del kibutz ya estaban llenos de mensajes sobre terroristas que entraban a las casas, una por una. Eventualmente llegó nuestro turno. Irrumpieron en nuestra casa, disparando por doquier, destruyendo todo. Matán y yo brincamos por la ventana, tratando de salvarnos. Corrimos en distintas direcciones.

Estaba tan paralizada por el miedo que me congelé y me escondí afuera, detrás de un armario. Luego sentí que me jalaban con fuerza el cabello que me golpeaban en el estómago y me arrastraban en el piso. Me lanzaron contra la pared apuntando con siete armas, un misil antitanque y granadas contra mí; lo único que me pasaba por la cabeza es ¿por qué mi familia debe verme morir así?”

“En el camino a Gaza siguieron golpeándome porque para ellos yo era un trofeo”. También comenzaron a tocarme por todos lados. Y en ese momento, en la motocicleta, me desmayé. Física y mentalmente no podía soportarlo más. Al parecer, mi cuerpo decidió desconectarse.

Desperté en un invernadero, sobre piedras y rodeada por terroristas de Hamás. Tenía la mandíbula fracturada, la pelvis rota, un oído dañado por las explosiones y quemaduras en una pierna.

En sus primeras jornadas de cautiverio, Ilana Gritzewsky no solo enfrentó la violencia física de sus captores, sino también su manipulación psicológica. Los terroristas que la mantenían prisionera trataron de quebrar su espíritu con crueles juegos mentales. A pesar de la constante amenaza y el abuso, Ilana comenzó a encontrar consuelo en la solidaridad con otra rehén, lo que le dio la fuerza para seguir adelante. La tortura física, la privación de alimentos y la angustia mental marcaron sus días, pero su resistencia nunca cedió, a pesar de las dolorosas condiciones que vivió durante los 56 días de cautiverio.

El primer día, mucha gente vino a verme para manipularme

Uno de ellos se me acercó. Me dijo que nunca me iría, que era bella, que nos íbamos a casar y tener niños, incluso si habría un acuerdo, no me liberarían. Me dio su arma. Me dijo que juegue con ella y me quitó mis joyas.

“Al otro día, como al mediodía, me trajeron otra rehén de Nir Oz que me dio fuerza. Me di cuenta que no estaba sola. Nos ayudamos una a la otra. Después de una semana, nos trasladaron a otro lugar”.

“Me encontré caminando por las calles de Gaza de la mano del terrorista como si fuera su esposa. Esta vez nos llevaron a una casa sucia, repleta de cucarachas con un tapete en el piso y un colchón delgado que no era un colchón en realidad”.

“Estuvimos ahí aproximadamente 40 días, casi sin comida ni agua y constante terrorismo psicológico. Durante 56 días en cautiverio perdí 24 libras. No me dieron ningún medicamento, ningún doctor vino a verme, ni siquiera cuando les dije que sufría de colitis y anemia”.

A lo largo de sus días de sufrimiento, en los que fue sometida a tales abusos inhumanos, Gritzewsky resistió con la esperanza de que algún día sería liberada. Uno de sus momentos más desgarradores fue descubrir que su novio, Matán, también había sido secuestrado y que, a pesar de su cercanía, no pudo reunirse con él durante su tiempo en los túneles de Gaza.

“…Sólo entonces, en los túneles, después de más de 50 días, descubrí que mi novio Matán también fue secuestrado. Estaba cerca pero no pude llegar a él. Les supliqué a los terroristas que me dejen verlo, pero me dijeron que más tarde. Al otro día me dijeron que me iba. Me negué, quería ver a Matán. Sabía que, si me iba, mi alma quedaría en Gaza, pero no me permitieron quedarme. Así que me fui con un hoyo en el corazón, y les prometí a mis amigos que haré todo lo que está en mi poder para traerlos a casa. Y ahora estoy cumpliendo esa promesa”.

Con incontrolable llanto, Ilana no sólo compartió el dolor de haber sido víctima de la barbarie, sino también su incansable lucha por la libertad de todos los secuestrados. Su mensaje no sólo resonó con la desesperación de una mujer que anhela la reunificación con su pareja, sino con la urgencia de que todos los prisioneros sean traídos de vuelta a sus hogares. A pesar del sufrimiento que vivió, Gritzewsky no pierde la esperanza de un futuro donde pueda vivir en paz, reencontrarse con Matán y cumplir sus sueños.

“Por favor, ayuden a traer a Matán a casa. El presidente Trump está haciendo todo lo posible para la liberación de todos los rehenes restantes. Estamos tan agradecidos por ello, por favor apóyenme. Por favor traigan a todos los rehenes a casa”.

Quiero poder vivir la realidad. Sé que está muy cerca, no puedo recibir a mi novio en una bolsa. No quiero eso, quiero poder vivir en la realidad, casarme, tener hijos. ¿Por qué yo estoy aquí y ellos no? Quiero cumplir la promesa que les hice a mis amigos, que regresarán vivos.

Todos somos humanos, tenemos los mismos derechos Todos tenemos una familia que nos espera aquí ¿Por qué yo soy diferente, estoy aquí y ellos no? Quiero dedicarme a la repostería de nuevo. Quiere poder intentar revivir una vida. Después de este infierno, la única manera de poder hacerlo es cuando todos los rehenes vuelvan a casa.

 Con su testimonio, hizo un llamado urgente a la comunidad internacional para que apoyen la liberación de los rehenes de Hamás, reafirmando su compromiso de no descansar hasta que todos regresen a salvo.

Ilana, marcada por el dolor, pero también por una fortaleza imparable, sigue luchando por la libertad de todos aquellos que aún permanecen bajo el yugo del terror.


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