Componentes del presente gobierno de Israel, sin excluir algunos públicos personajes, afirman que las amplias y reiteradas manifestaciones de protesta que desde hace semanas se multiplican en Israel y en todos los medios del país no revelan de momento resultado alguno.
Insisten que éstas fatigan y se repiten sin motivo y sin transmitir mensajes capaces de mudar sustancialmente la penosa situación de nuestro país o ilustrar debidamente a amplios sectores del país sin excluir a las diásporas.
Afirmación que con firmeza rechazo. En estos días apenas tiene sustento en la triste e ingrata realidad de nuestro país.
Apuntaré brevemente la acentuada y triste singularidad de nuestra situación.
- Hasta aquí hemos conocido una guerra que se verifica sin pausas desde hace 16 meses desde el negro 7 de octubre. Un desastre que implicó la muerte de más de dos mil jóvenes y el encierro en Gaza de centenares de familias y ciudadanos.
- Situación aún no resuelta. 59 rehenes vivos y muertos aún están en brazos del Hamás.
- Desde la agresión del 7 de octubre que apenas turbó la mañanera calma de un Primer Ministro y de fuerzas militares que esperaban
sus instrucciones, apenas sabemos hoy cuáles son nuestros logros. - Desde entonces hasta aquí hemos conocido dos guerras – en el Líbano y en Gaza – que significaron la muerte de 1852 soldados, policías y civiles, y 16 mil heridos entre las fuerzas de seguridad.
- Siguieron continuos episodios bélicos que obligaron además el desalojo de centenares de familias y el obligado traslado a otros
lugares presuntamente más seguros.
Triste situación que no parece conocer término.
- En estas circunstancias, Israel emprendió las guerras más extensas y amplias desde Gaza a Líbano. Ya duran quince meses e implican la total destrucción de un enemigo, en uno y en otro lugar, más allá de cualquier razonable explicación.
- Episodios bélicos que pronto conocerán otro frente: Irán y la destrucción de su aptitud nuclear. Acción que, si tiene éxito, preservará el monopolio de la bomba en brazos de Israel.
- Acciones que obligan la movilización prolongada y sin intervalos de las reservas militares con el consiguiente abandono de aportes profesionales y económicos por parte de sus efectivos participantes. Un hecho que afectará el andar de la economía y el buen ánimo de los que laboran para ella.
Se suma la estancia injustificada y costosa de un hijo del Primer Ministro en Miami que fue acompañado durante un largo periodo por
su madre. Ausencias que implican un costo público superior a dos millones de dólares.
Y cabe agregar: el control por vez primera de las policías del país por un joven ministro que ningún día sirvió en las fuerzas del país y que difunde y adhiere sin reparos a las prédicas kahanistas que, si son atendidas, llevarán a la cancelación de las libertades en nuestro país.
Y además, en últimos días la venenosa corrupción de tres principales asesores personales de Netanyahu que habrían recibido alta
compensación por los servicios prestados al enemigo Catar.
Al mismo tiempo, la crítica al gobierno y los programas satíricos que burlan a sus miembros y a tendencias no conocen frenos. Apenas aportan, sin embargo, a un cambio radical de las tendencias anotadas.
Triste conjunto de episodios y circunstancias que hoy ponen en tela de juicio la vitalidad de nuestra democracia y la bondad de los
horizontes que animan al presente liderazgo en nuestro país.
Dan cauce y expresión a las amplias y continuas manifestaciones de protesta que deben lidiar con la violenta conducta de los servicios
policiales.
Difíciles escenarios que piden la comprensión del mundo judío.
En suma: no solo la estabilidad de nuestro país está en juego. En un mundo efectivamente interrelacionado, la legitimidad y la conducta de las diásporas no pueden eludir los efectos de la triste constelación israelí que hoy nos abruma.
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