Shabat coincide con la fiesta de Pésaj y en los supermercados kosher del mundo, incluido Israel, los dependientes cubren los productos que no son aptos para Pésaj, es decir que contienen en sus ingredientes trigo, avena, espelto, cebada o centeno. Aún así, los consumidores tienen el cuidado de revisar las etiquetas.
Muy recientemente, Pésaj es una fiesta alegre, emotiva y familiar. Pero hace apenas un siglo no lo era tanto.
En algunos lugares de Europa, cuando en el pueblo o en la ciudad se descubrían poco antes de Pésaj los restos de alguna persona no judía muerta en circunstancias poco claras, un ahogado en el mar o en el río, un fallecido por accidente, etc. se solía acusar de su deceso a los judíos, soltaban la calumnia de que ellos lo habían asesinado porque necesitaban la sangre de un no judío para mezclarla con la masa de las matzot o con el vino de la fiesta.
Esta acusación del crimen ritual es absurda, porque al judío le está terminantemente prohibido de por sí, consumir la sangre de los animales (según Devarim, Judaísmo ABC | El Devarim o DeuteronomioDeuteronomio 12.1516), cuanto más está prohibido entonces el consumo de sangre humana.
Pero esta acusación entonces, por absurda que fuese, provocó muchísimos ataques, asesinatos en masa, pogroms, encarcelamientos, contra los judíos, no sólo en la Edad Media sino hasta en los tiempos modernos como en el proceso de Beilis, en Rusia, 1911-1913. Y no sólo en ambientes cristianos, donde hay la idea simbólica de beber la sangre del líder de la religión, sino también en ambientes musulmanes, donde todo motivo era bueno para atacar al judío y confiscar sus bienes (como todavía ocurrió, en una ciudad de Persia, en Pésaj de 1925).
Ahora podemos con calma tener la lectura de Shirat Haiam, el Himno del Cruce del Mar, que cantamos en Pésaj.
Lleno de majestuosidad, se lee en el séptimo día y se refiere la historia del Éxodo de Egipto y el himno que cantaron al Creador después del milagroso cruce del mar (Shemot Exodo 15.1-19). Apenas ellos acabaron de pasar por el cauce seco del mismo, y cuando el Faraón y sus huestes se internaban por ese camino para perseguirlos, las aguas volvieron a su nivel normal y sepultaron bajo sus olas a todo el ejército de los egipcios.
La Biblia misma nos cuenta cómo se obró el milagro de Pésaj: mediante un fuerte viento de oriente (riaj kadim, según Shemot Exodo 14.21) que apartó las aguas delante de los hijos de Israel, pero que dejó de soplar después, cuando se internaron allí las tropas egipcias.
El Faraón aceptó liberarlos cuando murió su primogénito, pero aún así, decidió perseguirlos. Después de toda la devastación en Egipto, aun así, les negaba la liberación.
¿En dónde más hemos visto, que es superior el odio al otro, que la seguridad propia, que la vida de los propios hijos?
Las opiniones, creencias y puntos de vista expresados por el autor o la autora en los artículos de opinión, y los comentarios en los mismos, no reflejan necesariamente la postura o línea editorial de Enlace Judío. Reproducción autorizada con la mención siguiente: © EnlaceJudío