Irving Gatell/ Palestina: quererlo todo, quedarse sin nada

Uno de los secretos del éxito judío para sobrevivir a todo —literalmente a todo— fue nuestra sorprendente capacidad para aceptar la realidad tal cual era, y enfrentarla sin tratar de refugiarnos en nuestras ficciones o nuestras expectativas. Ni siquiera la esperanza de que algún día llegara la redención por medio del Reino Mesiánico nos hizo despegar nuestros pies de la tierra.

Cuando Bar Kojba fue derrotado y se perdieron todas las esperanzas de una liberación del yugo romano, los judíos nos replegamos en una patria que no nos podía quitar Roma, ni ningún otro imperio: nuestros libros. Así, enfrentamos dieciocho siglos de exilio que se aderezaron con monstruosas catástrofes, como la expulsión de España o el Holocausto y, sin embargo, sobrevivimos y nos fortalecimos lo suficiente como para recuperar nuestra tierra ancestral, levantar allí nuestra soberanía, y defenderla exitosamente de nuestros enemigos.

Esa es la mayor lección que todavía tienen que aprender los palestinos.

A veces simplemente tienes que admitir que perdiste. Replegarte, salir del campo de batalla, y plantearte nuevos modos para reconstruirte.

Salir a incendiar el país vecino no es una opción, por cierto.

Los palestinos están derrotados. Su necedad y reticencia a liberar a los rehenes israelíes y a deponer las armas va a provocar que, en Gaza, lo pierdan todo. Y cuando digo “todo” me refiero a todo, incluyendo la propia Gaza. Mientras no se rindan, Israel seguirá ampliando la zona de seguridad —zona que ya no se les va a devolver— y, al paso que van las cosas, muy probablemente eso sea la base para que Estados Unidos y Arabia Saudita realmente se lancen a construir el plan inmobiliario de Donald Trump para Gaza.

Por supuesto, no se va a permitir que Hamas sobreviva como organización.

“Pero la idea permanecerá viva”, dicen los más optimistas o pesimistas (dependiendo de qué lado estén). En principio sí, pero no aplica si la población de Gaza sigue abandonando el lugar. Ya comenzaron a hacerlo. Para este momento, son miles de gazatíes los que ya aceptaron trasladarse a otros países para rehacer sus vidas allí.

Todo pinta para que ese proceso continúe.

Los palestinos de Cisjordania ya deberían haber tomado nota, pero parece que están decididos a construir también su propia catástrofe.

Están haciendo todo lo posible para volverse indeseables.

Después del barbárico atentado terrorista del 7 de octubre de 2023, quedó claro que los palestinos de Gaza no estaban listos para tener su propio estado. Tras los incendios provocados por los palestinos de Cisjordania, queda confirmado que ellos tampoco.

Los palestinos han matado la solución de dos estados.

Si en algún momento se llegó a conservar la expectativa de que este conflicto tendría que llegar al punto de crear un estado soberano para los palestinos —aunque eso ocurriese dentro de treinta o cincuenta años—, el panorama ha cambiado por completo.

La irresponsabilidad e ingobernabilidad de los palestinos son la prueba de que no pueden ni deben tener un estado propio. Ni siquiera lo podrían manejar. Ellos mismos se auto-destruirían, muy posiblemente en una guerra civil.

¿Cuánto tiempo falta para se prohíba definitivamente el ingreso de palestinos a territorio israelí? No parece que mucho, y los que saldrán perdiendo serán ellos. Si Israel los excluye por completo, habrán perdido cientos de miles de fuentes de empleo de las que dependían muchas áreas de la economía palestina.

Claro, entonces van a llorar, van a exigir que se respeten sus derechos, van a pedir que el mundo obligue a Israel a ser humanitario, pero si la comunidad internacional comete el error de volver a apoyarlos y volver a meter toda la presión contra Israel, los palestinos volverán a cometer el mismo error de siempre. Se van a radicalizar, y cuando puedan volver a atacar, lo intentarán de nuevo.

Así es como concluyen los festejos israelíes por el Yom Hatzmaut, el Día de la Independencia.

Recordando que el pueblo judío supo renacer de sus propias cenizas, recuperó su país y su soberanía, y hoy tiene un estado exitoso en todo sentido.

Y contemplando como los palestinos se condenan a sí mismos a nunca alcanzar eso que tanto han anhelado desde hace 77 años.

No me refiero a un estado, naturalmente. No es eso lo que quieren.

Destruir a Israel.

Pero pues ni modo. Se quedarán con las ganas.

Y sin estado.


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