Irving Gatell/ Trump en los países árabes

Mucho nerviosismo por la presencia de Trump en Arabia Saudita y Catar. Especialmente por este último, porque ¿cómo es posible que el gran aliado de Israel se reúna con el principal financiador del terrorismo islámico?

Es cierto: las cosas no son como a nosotros, los sionistas y la mayoría de los israelíes, nos gustarían. Pero tampoco son una catástrofe. Sólo hay que tener en cuenta algunos puntos básicos, y la postura de Trump va a ser más entendible.

Lo primero que hay que recordar es que Trump es presidente de los Estados Unidos, no del sionismo, ni de Israel. Por lo tanto, hace lo que hace en pro de los intereses de los Estados Unidos, no del sionismo, ni de Israel. De pronto puede sonarnos extraño, y hasta chocante, pero no somos el centro del universo. Somos apenas otro factor —uno muy importante, sin duda, pero no el único— en el gran esquema de intereses del país más poderoso del mundo.

Lo segundo que hay que tener en cuenta es que Trump no fue a los países árabes a resolver crisis políticas. Fue por dinero. Hacer negocios. Firmar contratos. Y lo logró, consiguió muy buenos arreglos que ya garantizaron la inversión de cerca de dos trillones de dólares (dos millones de millones de dólares, para que quede claro) en los próximos años. Y muchos de esos vendrán de Qatar, con la salvedad de que esta vez serán inversiones abiertas, auditables, y se podrá rastrear el destino de cada centavo.

Ahora, para entender cuál es la idea general de Trump, ten en cuenta lo siguiente.

¿Te percataste ya de que Trump trata de un modo muy diferente al Medio Oriente en comparación al resto del mundo? Por un lado provocó una crisis generalizada por sus agresivas políticas arancelarias (que ya le consiguieron buenos arreglos con China y varios países más, incluyendo Inglaterra), y por el otro apoya a Israel en su guerra y consciente a los saudíes y qataríes, mientras coquetea con los sirios y promete eliminar las sanciones en su contra.

Es muy evidente que Trump tiene un interés muy particular en el Medio Oriente. Sabe que gracias a los Acuerdos de Abraham esa zona promete convertirse en un polo de desarrollo económico de máxima potencia (probablemente el más fuerte y consistente para la segunda mitad del siglo XXI), y por eso quiere que Estados Unidos sea parte de eso (así que no descartes su bizarro proyecto de apropiarse de Gaza; eso sigue siendo altamente probable).

Trump también sabe que Israel es un elemento indispensable en ese potencial éxito económico. Lo que se viene por delante ya no dependerá nada más del petróleo (en ese caso, bastaría la alianza con los árabes). Depende también de la innovación tecnológica, y eso vuelve a Israel indispensable.

Por eso es que a Trump le interesa que Arabia Saudita se integre a los Acuerdos de Abraham, pero ya también comenzó a presionar a Siria para que lo haga. En su breve conversación con Abu Muhamad Al-Jolani, el presidente islamista sirio, le dejó en claro que para que Estados Unidos acepte quitar las sanciones que pesan sobre Siria será indispensable que firme la paz y normalice relaciones con Israel.

Para Trump es una carambola de varias bandas. Si Siria y Líbano se integran a los Acuerdos de Abraham, la influencia de Irán, Turquía y Rusia en el Medio Oriente se diluye todavía más, y Arabia Saudita e Israel se consolidan como los verdaderos amos de la región. Y, por supuesto, los Estados Unidos se posicionan como la principal influencia, incluso por encima de China.

En ese punto, Trump sigue siendo enfático: el problema es Irán y su financiamiento del terrorismo. Insiste en que prefiere un arreglo pacífico, pero siempre deja en claro que la otra opción sigue sobre la mesa.

Qatar lo sabe, y sabe que si los ayatolas son eliminados del panorama político, toda la atención del mundo recaerá sobre su emir y sus principales políticos. Y sobre Al-Jazeera, por supuesto. Qatar también sabe que no tiene con qué defenderse. Si algo o alguien los cuidaba de las presiones de occidente, eran Irán y sus proxies. Estos últimos ya no están, e Irán está próximo a colapsar (por las buenas o por las malas), así que el emir de Qatar ya no tiene dónde esconderse. Por eso no sorprende que, de pronto, esté tan dispuesto a seguir metiendo dinero en Estados Unidos, pero esta vez por la vía legal y pública.

Para echar a andar todo su proyecto global, Trump necesita un Medio Oriente tranquilo. Por eso está amarrando vínculos con los países árabes por medio del mejor amarre de vínculos posible.

El dinero.

Al final del día, en política no existen amigos ni enemigos, sino sólo intereses.

El único país que se sale un poco de la influencia del dinero es Israel, pero sólo porque antepone sus intereses de seguridad nacional. De ahí en fuera, todos los demás países, al final del día, van a tomar sus decisiones en función de sus conveniencias económicas. Y en el esquema que se está integrando, lo que puede aportar Israel es decisivo para un futuro regional exitoso.

No se espanten por lo que hace o dice Trump. Si entendemos que trabaja para los intereses de Estados Unidos, y entendemos también en qué puntos —que son muchos— los intereses estadounidenses e israelíes son afines, tendremos una panorámica más clara y precisa del asunto.

 


Las opiniones, creencias y puntos de vista expresados por el autor o la autora en los artículos de opinión, y los comentarios en los mismos, no reflejan necesariamente la postura o línea editorial de Enlace Judío. Reproducción autorizada con la mención siguiente: @EnlaceJudio

Irving Gatell: Nace en 1970 en la Ciudad de México y realiza estudios profesionales en Música y Teología. Como músico se ha desempeñado principalmente como profesor, conferencista y arreglista. Su labor docente la ha desarrollado para el Instituto Nacional de Bellas Artes (profesor de Contrapunto e Historia de la Música), y como conferencista se ha presentado en el Palacio de Bellas Artes (salas Manuel M. Ponce y Adamo Boari), Sala Silvestre Revueltas (Conjunto Cultural Ollin Yolliztli), Sala Nezahualcóyotl (UNAM), Centro Nacional de las Artes (Sala Blas Galindo), así como para diversas instituciones privadas en espacios como el Salón Constelaciones del Hotel Nikko, o la Hacienda de los Morales. Sus arreglos sinfónicos y sinfónico-corales se han interpretado en el Palacio de Bellas Artes (Sala Principal), Sala Nezahualcóyotl, Sala Ollin Yolliztli, Sala Blas Galindo (Centro Nacional de las Artes), Aula Magna (idem). Actualmente imparte charlas didácticas para la Orquesta Sinfónica Nacional antes de los conciertos dominicales en el Palacio de Bellas Artes, y es pianista titular de la Comunidad Bet El de México, sinagoga perteneciente al Movimiento Masortí (Conservador). Ha dictado charlas, talleres y seminarios sobre Historia de la Religión en el Instituto Cultural México Israel y la Sinagoga Histórica Justo Sierra. Desde 2012 colabora con la Agencia de Noticias Enlace Judío México, y se ha posicionado como uno de los articulistas de mayor alcance, especialmente por su tratamiento de temas de alto interés relacionados con la Biblia y la Historia del pueblo judío. Actualmente está preparando su incursión en el mundo de la literatura, que será con una colección de cuentos.