Miles de personas exigieron este sábado la liberación de los rehenes durante las manifestaciones semanales, a casi 600 días de la guerra contra Hamás en Gaza, informó Haaretz.
Naamá Levy, liberada del cautiverio en enero, se dirigió a la multitud en la Plaza de los Rehenes en Tel Aviv.
“El 7 de octubre, me secuestraron y me llevaron a Gaza de la base de Nahal Oz. Estuve en el cautiverio de Hamás durante 477 días difíciles e insoportables. Durante este periodo terrible e inimaginable, nos dijeron que nos habían olvidado. Pero no lo creí. Sabía que luchaban por mí. Sabía que luchaban por mí porque los sábados por la noche, cuando me permitían ver la televisión, los veía a ustedes. En esta plaza”, comentó Levy.
“Allí, en cautiverio, vi a miles de personas aquí de pie, envueltas en banderas, gritando, cantando, sosteniendo las fotos de los rehenes, mi foto. Me hicieron sentir que no me olvidan. Que aún no ha terminado todo, que volvería. Y después de 477 días de infierno, realmente regresé”.
“Así que quiero agradecerles. Muchas gracias. Y también quiero pedirles: sigan viniendo, sigamos abrazando y fortaleciendo a los que todavía están ahí. No tienen idea cuánta fuerza me dio esto y cuánta esperanza me dio”.
“Durante las primeras semanas en cautiverio, estuve sola. Solo yo y mis guardias. En constante huida, con miedo a la muerte. A veces pasaba días enteros sin comer y con poca agua. Un día, no me quedó nada. Ni siquiera agua. Por suerte, empezó a llover. Mis captores colocaron una olla afuera de la casa donde me tenían retenida, y la lluvia la llenó. Bebí un poco de esa agua de lluvia, que fue suficiente para una olla de arroz. Y eso es lo que me mantuvo. Pero más que nada, los bombardeos me asustaron. Vienen de repente, primero oímos los silbidos, rezamos para que no nos caiga encima, y luego – las explosiones, un ruido tan fuerte que paraliza el cuerpo, y el suelo tiembla”, relató Levy.
“Cada vez estaba segura que este era mi fin. Es una de las cosas más aterradoras que viví allí. Y eso fue lo que me puso en mayor peligro: durante uno de los bombardeos, parte de la casa en la que estaba se derrumbó. Por suerte, la pared en la que estaba apoyada no se derrumbó, y eso fue lo que me salvó la vida. Esa era mi realidad. Esa es su realidad ahora”.
“Ahora, en este mismo momento, hay rehenes que oyen los mismos silbidos y explosiones, están allí temblando de miedo. No tienen adónde correr, solo rezar y aferrarse a las paredes con un terrible sentimiento de impotencia”, enfatizó Levy.
“Cuando estaba allí, pensaba: No hay manera de que en Israel entiendan realmente lo que estamos pasando y aún así nos dejen en Gaza. No podía creer que alguien pueda saberlo y renunciar a nosotros. Pero luego regresaron los primeros secuestrados. Y contaron lo que pasaba allí. Dijeron la verdad. Y esta verdad no fue suficiente”.
“Aún después del acuerdo en el que fui liberada, aún después de que regresé y cuento la historia y otros cuentan la historia, aún así, dejan a los que no han regresado después de casi 600 días en la oscuridad”.
“Estoy aquí esta noche, libre, gracias a la lucha constante de todos ustedes para devolver a los rehenes, y gracias a los heroicos soldados y a las fuerzas de seguridad, que hicieron y están haciendo todo lo posible para sacarme a mí y a los rehenes del infierno en Gaza“.
“A las familias de mis hermanas, las soldados de vigilancia y a todas las familias en duelo: ¡Las amo y mi corazón está siempre con ustedes!”.
“Estoy aquí libre, pero mi corazón no está completo. Porque hasta que no regrese el último rehén, yo, como el resto de mis amigos que regresan, no podemos sentir realmente que hemos regresado, no podemos recuperarnos realmente.
¡Porque no hay victoria sin el regreso de todos los secuestrados! ¡Gracias por venir, seguiremos luchando hasta que todos regresen!, exclamó Naamá Levy.
Einav Zangauker, quien recientemente recibió señales de vida de su hijo Matán, expresó: “El lunes, después de recibir un informe de inteligencia sobre mi Matán, no pude mantenerme en pie. Me desplomé. No pude comer en todo un día, me costaba respirar”.
“Matán no puede sostener un vaso de agua debido a la distrofia muscular”, continuó Zangauker.
“Cierro los ojos por la noche y lo imagino a decenas de metros bajo tierra, sentado solo en un rincón. Día tras día, oye los bombardeos, el túnel tiembla, tal vez se derrumba, y él está sentado solo, sintiendo que lo han olvidado. Que lo han dejado atrás”.
“Y yo, su madre, no puedo ayudarlo a sostener el vaso de agua, no puedo protegerlo de los bombardeos con mi cuerpo, no puedo abrazarlo, besarlo y decirle que todo estará bien”.
Gritando, Zangauker se dirigió a Netanyahu: “Dígame, Señor Primer Ministro: ¿Cómo duerme por la noche y se despierta por la mañana? ¿Cómo se mira al espejo sabiendo que está abandonando a 58 hombres y mujeres secuestrados y maltratando a sus familias?”
“Nuestros heroicos y santos soldados no son solo un número de identificación”, dijo Zangauker. “Ninguno de ellos debe sufrir ni un rasguño por Matán ni por ningún otro rehén”. ¡Todos pueden ser liberados mediante un acuerdo a cambio del fin de la guerra!
Einav Zangauker e Ilana Gritzewsky en Tel Aviv el sábado. Crédito: Paulina Patimer
“Esta semana vimos que el Primer Ministro dejó claro que busca extender la guerra que acabará con los rehenes”, declaró Zangauker.
Respecto a la decisión de Netanyahu de nombrar al mayor general David Zini como jefe del servicio de seguridad Shin Bet, afirmó: “El Primer Ministro quiere nombrar a una persona que se opone al regreso de mi hijo como nuevo jefe del Shin Bet, para que sea responsable de su regreso”.
El Canal 12 informó el viernes que Zini se opuso a las negociaciones en Doha. “Me opongo a acuerdos de rehenes; esta es una guerra eterna”, dijo Zini, según el reporte.
“Recuerden este momento, porque será recordado por generaciones venideras”, continuó Zangauker. “El gobierno de Israel y su líder han decidido abandonar a nuestros hijos a sabiendas”.
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