Irving Gatell/ ¿Puede el sionismo mantener su vigencia?

An Israeli wrap himself in the Israeli flag at Jerusalem's Damascus Gate on June 5, 2024, during the so-called Jerusalem Day flag march, which marks the Israeli army's capture of East Jerusalem during the 1967 Arab-Israeli war. This eastern sector is home to the Al-Aqsa Mosque compound, Islam's third holiest site, also known to Jews as the Temple Mount. (Photo by Faiz Abu Rmeleh / Middle East Images / Middle East Images via AFP)

Tuve el gusto y privilegio de participar en el Jidón Hatzionut de este año —concurso de debate escolar, pero enfocado en temas sionistas— y fue muy satisfactorio mirar a las nuevas generaciones empezando a involucrarse en algo tan complejo como lo son los valores sionistas.

La experiencia me hizo pensar en cosas que no me había planteado. La más importante, sin duda, tomar conciencia de que un día toda mi generación tendrá que dejarle la estafeta a esos muchachos que apenas están en vías de sufrir con la decisión de qué carrera van a estudiar.

¿El sionismo seguirá siendo vigente para ellos como lo ha sido para nosotros?

A partir de todo lo que he estudiado de historia, yo creo que sí. Cada generación tiene sus propios retos, pero —y nos lo recuerda la Hagadá de Pésaj cada año— también sus retos. En cada generación se levanta un enemigo que trata de destruirnos.

Yo nací en 1970. Justo entre la Guerra de los Seis Días y la de Yom Kippur. Mi adolescencia se cerró cuando estaba en curso la Primera Intifada, y mi juventud estuvo enmarcada en las expectativas frustradas de los Acuerdos de Oslo. La plena vida de adulto —de los treinta en adelante— comenzaron para mí con la Segunda Intifada.

Eran otros tiempos, otro tipo de conflicto. Nunca me imaginé que ya pasados los cincuenta, y justo cuando estoy debutando como abuelo, mi vida iba a girar alrededor del análisis del peor conflicto de todos los que ha enfrentado Israel. Incluso la Guerra de los Seis Días (que duró, por cierto, seis días) y la de Yom Kippur (que duró tres semanas) palidecen en comparación a todo lo que hemos visto y sentido durante ya más de año y medio.

Nuestra experiencia, de todos modos, se siente distinta. En aquellos ayeres todavía existía la duda sobre la capacidad de Israel para defenderse de todo el mundo árabe. Hoy, la superioridad militar israelí está fuera de toda duda.

Sin embargo, las amenazas también han evolucionado. El terrorismo es distinto. El antisemitismo se exacerbó como no se había visto desde las épocas del nazismo. Un gran porcentaje del mundo normalizó las agresiones hacia los judíos como algo no sólo justificable, sino incluso deseable. El entorno se polarizó —gracias a todos aquellos que, en contra de las modas actuales, tomaron postura a favor de Israel—. El riesgo de conflictos mayores se incrementó.

Estamos en la fase en la que los retos del sionismo van a evolucionar.

Ya estamos muy lejos de las épocas de Ben Gurión y Jabotinsky, cuando aun en medio de sus profundas divergencias, el dilema sionista era cómo recuperar Eretz Israel para el pueblo judío. Se logró. Se defendió con éxito. Se construyó un estado sólido y seguro.

Luego vino la época de hacer de Israel un país próspero. También se pudo. Se alcanzó.

¿Cuál va a ser el reto de la siguiente generación? ¿Con qué tendrán que lidiar mi hija y su esposo y, sobre todo, la niña que les acaba de regalar la vida? Cuando mi nieta tenga mi edad, el mundo va a ser muy distinto. Todo lo que para mí es normal, cotidiano, recurrente, ya no va a existir.

¿De qué manera enfrentarán el reto de ser judíos?

De entre todas las posibilidades, una me queda muy clara: a ellos les va a tocar lidiar con el difícil asunto de la legitimidad. No la del estado de Israel, que para nosotros está fuera de toda discusión, sino de la manera en la que Israel derrotó a sus enemigos.

Hamas, Hezbollá e Irán han perdido la guerra. Ya no pueden imponerse en lo militar, así que todo su esfuerzo se va a enfocar en hacerle creer al mundo —y, sobre todo, a nosotros mismos— que hemos ganado, pero de un modo injusto y criminal. Lamentablemente, muchos judíos —no son mayoría, pero son muchos— se han rendido a esta narrativa. No han encontrado en la vida la consistencia mental suficiente para asumir el reto de asumirse como parte de un pueblo que se defiende, que no tiene por qué dejarse agredir.

Ahí está un reto para las nuevas generaciones, y eso nos obliga a nosotros, los que ya llevamos media vida transcurrida, a ser claros, directos, honestos y lo más lúcidos posibles a la hora de dejar nuestro legado.

Yo no voy a dejar de insistir en el derecho de Israel a defenderse. Si la derrota de nuestros enemigos ha sido aparatosa, es por su culpa, no la nuestra.

Voy a hacer todo mi esfuerzo para que, dentro de cuarenta o cincuenta años, cuando mi nieta y su generación revisen todo lo que sucedió y se escribió en estos días, puedan contrastar nuestros textos con los de Gideon Levy —por ejemplo—, y les quede claro que los traidores no fuimos nosotros. Que los que nunca tuvieron miedo de ser judíos, ni de decir las cosas como son, fuimos nosotros. Que los que no se dejaron avasallar por la opinión de la mayoría antisemita, fuimos nosotros.

Nosotros, yo y muchas plumas, influencers, líderes comunitarios, y jóvenes convencidos de que ser judío y ser sionista es algo hermoso, y que vale la pena.

En estos días conocí a muchos de esos jóvenes. Esos a los que un día veré convertidos en adultos, y por los que podré decir satisfecho que mi turno ha concluido, pero que la defensa del estado de Israel queda en buenas manos.

Ahí están. Ya los vi dar sus primeros pasos.

Mi alma encontró mucho de reposo en esta actividad. Me hizo tomar conciencia de que los que ahora tenemos que cargar con el asunto, no estamos solos.

Ahí viene la siguiente generación, la que se encargará de garantizar que el éxito del pueblo judío perdure por los siglos de los siglos.

Amén.


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Irving Gatell: Nace en 1970 en la Ciudad de México y realiza estudios profesionales en Música y Teología. Como músico se ha desempeñado principalmente como profesor, conferencista y arreglista. Su labor docente la ha desarrollado para el Instituto Nacional de Bellas Artes (profesor de Contrapunto e Historia de la Música), y como conferencista se ha presentado en el Palacio de Bellas Artes (salas Manuel M. Ponce y Adamo Boari), Sala Silvestre Revueltas (Conjunto Cultural Ollin Yolliztli), Sala Nezahualcóyotl (UNAM), Centro Nacional de las Artes (Sala Blas Galindo), así como para diversas instituciones privadas en espacios como el Salón Constelaciones del Hotel Nikko, o la Hacienda de los Morales. Sus arreglos sinfónicos y sinfónico-corales se han interpretado en el Palacio de Bellas Artes (Sala Principal), Sala Nezahualcóyotl, Sala Ollin Yolliztli, Sala Blas Galindo (Centro Nacional de las Artes), Aula Magna (idem). Actualmente imparte charlas didácticas para la Orquesta Sinfónica Nacional antes de los conciertos dominicales en el Palacio de Bellas Artes, y es pianista titular de la Comunidad Bet El de México, sinagoga perteneciente al Movimiento Masortí (Conservador). Ha dictado charlas, talleres y seminarios sobre Historia de la Religión en el Instituto Cultural México Israel y la Sinagoga Histórica Justo Sierra. Desde 2012 colabora con la Agencia de Noticias Enlace Judío México, y se ha posicionado como uno de los articulistas de mayor alcance, especialmente por su tratamiento de temas de alto interés relacionados con la Biblia y la Historia del pueblo judío. Actualmente está preparando su incursión en el mundo de la literatura, que será con una colección de cuentos.