Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y el servicio de seguridad Shin Bet informaron este domingo que los cuerpos de los rehenes Ofra Keidar, Yonatan Samerano y Shay Levinson fueron recuperados de la Franja de Gaza y devueltos a Israel el sábado, informó Haaretz.
Keidar, de 71 años y madre de tres hijos, del Kibutz Be’eri, fue asesinada junto con su esposo Shmuel mientras ambos paseaban en la mañana del 7 de octubre de 2023 Su muerte se confirmó en diciembre de ese año.
Samerano, de 21 años, residente de Tel Aviv, asistió al festival de música Nova el 7 de octubre con amigos. Tras la masacre de Hamás, huyeron hacia el Kibutz Be’eri, donde fueron baleados por terroristas de Hamás y sus cuerpos fueron llevados a Gaza. Las cámaras de seguridad del kibutz captaron a los terroristas subiendo a Samerano a un jeep y conduciendo hacia la Franja. Su muerte se confirmó en diciembre de 2023.
Levinson, de 21 años, comandante de tanque de la 7.ª Brigada Blindada de las FDI, luchó contra los terroristas de Hamás antes de ser asesinado. Su cuerpo fue llevado a Gaza. Su muerte se confirmó en enero de 2024.
Yonatan Samerano
Su familia dijo que era “un chico mágico, rodeado de amigos; un DJ que solo quería hacer música, crecer, celebrar y explorar. Tenía tantos sueños que esperaba realizar”.
Su padre, Kobi, escribió en Instagram que el cuerpo de su hijo fue recuperado el día en que cumpliría 23 años:
“El día de su cumpleaños, Yonti, con su alma juguetona, llamó a la puerta de su casa. Momentos antes, un fragmento de misil había caído cerca. Y entonces llegó el mensaje, el que habíamos temido durante tantos meses. Desde el principio, creí de todo corazón que nuestro ejército traería de vuelta a mi hijo. Nunca dejé de creer, y así fue. Yonti, tuvimos la suerte de vivir 21 años y medio de luz a tu lado, y hoy, bajo una nueva luz”.
Yonatan Samerano. Crédito: Cortesía de la familia.
Ayelet, la madre de Yonatan ha sido una voz destacada en la campaña para el regreso de los rehenes. En mayo de 2024, se dirigió al Consejo de Seguridad de la ONU, donde declaró: “Un trabajador de UNRWA, empleado por una supuesta organización humanitaria, arrastró el cuerpo de mi hijo y lo metió en un auto como si fuera un trofeo. ¿Cómo puede la ONU pagarle un salario a un hombre así?”.
En marzo de 2025, confrontó a los miembros del Consejo de Derechos Humanos de la ONU: “Hablan de derechos humanos. ¿Qué hay de los derechos de Yonatan? ¿Qué hay de los rehenes que siguen sufriendo en Gaza ahora mismo?”. En respuesta a un informe de la ONU que defiende la labor de UNRWA en Gaza, Ayelet Samerano rechazó sus conclusiones y acusó directamente a la organización de complicidad en el secuestro de su hijo.
“Mi hijo fue baleado y secuestrado el 7 de octubre”, declaró. “Luego, un trabajador social de UNRWA lo secuestró. Actualmente, Yonatan sigue retenido por terroristas en Gaza“.
“Así que sé lo que es un ataque. Un ataque es cuando terroristas, incluidos empleados de UNRWA, entran a un festival de música y asesinan a jóvenes inocentes. Un ataque es cuando un trabajador social de la ONU, pagado por esta organización, secuestra a mi hijo y lo lleva a Gaza. Una persona que se propuso hacer el bien, pero hizo el mal”, agregó.
“No, UNRWA no está siendo atacada. UNRWA es el atacante”, afirmó.
Ofra Keidar
Ofra Keidar nació en 1953 y creció en el Kibutz Kedma. En 1962, tras la disolución de Kedma, su familia se mudó con un grupo de amigos al Kibutz Be”eri. Sirvió en el ejército plegando paracaídas e incluso tuvo la oportunidad de saltar en varias ocasiones. Luego de su servicio militar, se ofreció como voluntaria en el Kibutz Elrom durante un año, donde conoció a su futuro esposo, Sami.
Tras una breve estancia en Tel Aviv, la pareja regresó a Be’eri. Ofra comenzó a trabajar en la lechería del kibutz y luego en el jardín de niños. Sami se unió al taller de metalurgia. Se casaron en una ceremonia colectiva en el kibutz junto con otras cuatro parejas y tuvieron tres hijos: Elad, Oren y Yael, con necesidades especiales.
Elad y Yael Keidar frente a la casa de su madre, Ofra, en Be’eri. Crédito: Hadas Parush
La mañana del 7 de octubre, salió a caminar a las 5 a. m. y se encontró con terroristas de Hamás, que la asesinaron y llevaron su cuerpo a Gaza. Sus últimos momentos fueron grabados, mientras gritaba herida y suplicaba a los terroristas que paren. Su esposo, Sami, enfermo, también fue asesinado. Sus tres hijos sobrevivieron.
Su hijo Oren dijo a Haaretz: “Mi madre tenía 70 años, pero era como una mujer de 40, que no podía quedarse quieta ni cinco minutos, siempre tenía que hacer algo”.
El Kibutz Be’eri la describió como alguien que “amaba la bendita rutina de su vida: trabajo, deportes, música, jardinería, hogar, familia, el kibutz. Se mantenía alejada de la vida nocturna y de los viajes, y vivía la vida con sencillez”.
“Sentimos dolor, pero también alivio al traer a Ofra para que sea enterrada en la tierra del Kibutz Be’eri, la tierra que tanto amó. Devolver a todos los rehenes es un deber moral. Rezamos para que la familia de cada rehén pueda cerrar este círculo de horror, ya sea mediante la recuperación o el entierro. Esperamos que nuestro pueblo se una y hable un solo idioma: el idioma de la unidad”.
Shay Levinson
Shay Levinson dejó a sus padres, Shlomit y Cojav Levinson, y a sus hermanos, Ben y Mika. Jugaba en la liga de voleibol con el equipo de Eilabun en el norte de Israel y estudiaba árabe, pues creía en la coexistencia, según sus amigos.
A pesar de ser atleta, Levinson se alistó en una unidad de combate de las FDI. Se unió al Cuerpo Blindado en 2022 y sirvió como comandante de tanque en el 77.º Batallón.
El 7 de octubre, la tripulación de su tanque, que incluía a Ofir Testa, Ariel Eliyahu e Ido Somej, estaba estacionada en la zona norte de la frontera con Gaza. La tripulación se enfrentó a decenas de terroristas de Hamás al oeste del Kibutz Be’eri, matando a muchos de ellos. Posteriormente, los terroristas lanzaron granadas contra el tanque y Levinson murió en el acto. Su cuerpo fue secuestrado. Eliyahu también cayó en la batalla.
Shay Levinson en el tanque que comandaba. Crédito: Cortesía de la familia.
Somej, el único sobreviviente, y Testa, quien resultó herido, condujeron el tanque hasta el Kibutz Reim. Allí, protegieron a las fuerzas policiales que se enfrentaron a los terroristas de Hamás. A pesar de sus heridas, Testa salió del tanque para continuar la lucha y cayó. Su muerte se confirmó en enero de 2024, pero no se celebró ningún funeral hasta que se encontró su cuerpo.
El Kibutz Be’eri señaló: “El retorno de todos los rehenes es una obligación moral y no debe verse influenciado por consideraciones políticas. Una situación de seguridad compleja no justifica detener los esfuerzos para alcanzar un acuerdo para la liberación de los rehenes. Un pueblo fuerte como un león no abandona a sus rehenes. Sin ellos, no hay victoria”.
El Foro de Familiares de Rehenes afirmó que la recuperación de los tres cuerpos “cumple con la obligación fundamental del Estado de Israel para con sus ciudadanos… Junto con el dolor y la pena, su regreso brinda cierto consuelo a las familias que han esperado con agonía, incertidumbre y duda durante 625 días”.
“El regreso de todos los rehenes es una condición esencial para el proceso de sanación y recuperación nacional”, continuó el foro. “En particular, en el contexto de los actuales acontecimientos militares y los importantes logros en Irán, queremos enfatizar que el regreso de los 50 rehenes restantes es clave para lograr la victoria total”.
“El regreso de todos los rehenes mediante un acuerdo integral es en beneficio de Israel, es la siguiente etapa y la victoria de esta guerra. No habrá victoria hasta que regrese el último rehén”, enfatizó.
El primer ministro Benjamín Netanyahu afirmó: “La campaña para recuperar a los rehenes continúa y continúa junto con la campaña contra Irán. No descansaremos hasta que todos nuestros rehenes, tanto los vivos como los muertos, regresen a casa”.
El presidente Yitzhak Herzog agregó: “Regresarlos para su entierro es el cumplimiento de una obligación sagrada y fundamental entre un Estado y sus ciudadanos. Este es un momento de cierre doloroso, de claridad moral. Seguiremos trabajando incansablemente, por todos los medios posibles, para traer de vuelta a nuestros hermanos y hermanas que aún permanecen en el infierno de los asesinos, hasta que el último regrese a casa. Ese es nuestro deber”.
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