Las reverberaciones de los acordes fundacionales del heavy metal cesaron momentáneamente. Anoche, el mundo despidió a Ozzy Osbourne, el inimitable “Príncipe de las Tinieblas”, cuyo nombre evoca imágenes de actuaciones electrizantes y una vida al límite.
Su historia, marcada por la lucha personal y un triunfo artístico sin precedentes, también está llena de conexiones sorprendentes y una postura inquebrantable contra el odio.
Sin embargo, más allá de su icónica figura escénica y su música innovadora, Osbourne cultivó un vínculo único y profundamente relevante con Israel, una conexión que trascendió la mera fama y se convirtió en testimonio de un entendimiento duradero y valores compartidos.
El camino de Ozzy hacia una mayor apreciación de la cultura judía e Israel fue en gran medida iluminado por su indomable esposa y representante, Sharon Osbourne.
La conexión judía de Ozzy
Nacida como Sharon Levy, su difunto padre, Don Arden, era judío asquenazí, una herencia que moldeó profundamente su identidad y, posteriormente, la filosofía de su familia. Si bien Ozzy se crio dentro de las tradiciones de la Iglesia de Inglaterra, albergaba una persistente y sincera curiosidad intelectual sobre el antisemitismo.
«¿Por qué a la gente no le gustan los judíos?», le preguntó a Sharon desde sus primeros días juntos, una pregunta que subrayó su genuina incapacidad para reconciliar tales prejuicios. Esta profunda indagación personal sentó las bases para una relación con el pueblo judío y su patria que desafió las expectativas convencionales para un ícono del rock.
Su primera incursión en esta conexión se manifestó públicamente en 2010, cuando su «Crazy Train» hizo su parada inaugural en Tel Aviv para el Ozzfest en el Parque Hayarkon. Este no fue un concierto cualquiera; fue una inmersión cultural. Antes de la electrizante actuación, Ozzy y Sharon dedicaron un día entero a explorar el corazón antiguo de Jerusalén.
Su peregrinación incluyó visitas al sagrado Muro de las Lamentaciones, un lugar de profundo significado espiritual, y al solemne Memorial del Holocausto Yad Vashem.
“Nos complació mucho tener la oportunidad de venir a Israel y visitar los lugares sagrados”, comentó Ozzy en aquel momento, un sentimiento impregnado de genuino respeto, sobre todo porque la pareja superó las considerables presiones externas para cancelar su actuación.
Sharon, siempre férrea defensora de la libertad artística y las convicciones personales, respondió a los defensores del boicot: “Soy medio judía. Tocamos donde queremos tocar. Eso es todo”.
Ozzy, por su parte, mantuvo una postura de distanciamiento político, atribuyendo su anterior ausencia de Israel a sus bien documentadas luchas personales con el alcoholismo, más que a cualquier oposición ideológica.
Ocho años después, el “Príncipe de las Tinieblas” regresó para su gira de despedida “No More Tours 2”, engalanando el escenario del Live Park en Rishon Lezion. La amplia cobertura de estos eventos resaltó no solo la energía desenfrenada que emanaba del escenario, sino también la inquebrantable determinación de los Osbourne contra el aislamiento cultural.
Estas actuaciones, que atrajeron a decenas de miles de fervientes fans israelíes, fueron ampliamente percibidas como cruciales, allanando el camino para que otros grandes grupos de rock internacionales actuaran en el país, desafiando así activamente las presiones de los boicots culturales.
Solidaridad con Israel
La solidaridad de los Osbourne se extendió mucho más allá del circuito de conciertos. Su compromiso quedó patente en marzo de 2025 cuando se unieron a más de 200 figuras prominentes del sector del entretenimiento y los negocios para firmar una carta abierta que exigía enérgicamente una investigación sobre lo que denominaron “sesgo sistemático contra Israel” en la BBC, recogió The Jerusalem Post.
Más recientemente, la inequívoca petición de Sharon de revocar las visas estadounidenses de una banda irlandesa tras lo que consideró una actuación antiisraelí en Coachella subrayó las profundas convicciones de la familia, acciones que resonaron profundamente en muchos dentro de Israel y la comunidad judía en general.
Para la vibrante comunidad metalera israelí, la importancia de Ozzy trasciende el mero entretenimiento. Kobi Farhi, el estimado líder de la aclamada banda metalera israelí Orphaned Land, quien tuvo el honor de abrir el concierto de Ozzy en Rishon Lezion, expresó con elocuencia este sentimiento.
Farhi describió afectuosamente a Ozzy como nada menos que un “sumo sacerdote” o un “rabino importante de la escena”, enfatizando el papel fundamental que Black Sabbath desempeñó en la configuración del género a nivel mundial.
Esta profunda reverencia habla de un legado que va mucho más allá de los éxitos que encabezan las listas de éxitos o las entradas agotadas en estadios, y que toca la esencia misma de la identidad cultural y la inspiración artística.