En el mundo civilizando, en las naciones en donde hay un mínimo de decencia, nadie es culpable hasta que no demuestre lo contrario.
Se supone que los aviones tienen cámara de vigilancia, si no pueden enseñar los rostros de menores, se cubren y listo. Todos en el avión tienen cámara y no hay una imagen hasta ahora, que justifique el desalojo masivo de medio centenar de jóvenes.
Es muy muy sospechoso y hasta donde sé ilegal, obligar a los pasajeros no solamente a no grabar, además se obligó a los adolescentes borrar de sus teléfonos todos los vídeos e imágenes de lo que acaba de suceder dentro del avión.
Aquí es donde ponemos atención, porque prácticamente se le ordena a los acusados borrar las pruebas de su defensa.
En todo caso, si la compañía aérea española dice la verdad, no le importó el material para demostrarlo, simplemente la autoridad y la tripulación sólo quisieron imponer sometimiento, sin importar el contexto. Un hecho casi imperdonable es una situación tan inusual como el desalojo de cuarenta y tantos jóvenes, olvídese de su filiación religiosa.
Cabe mencionar, que los pocos viajeros que han prestado testimonio ante diversos medios de comunicación, no concuerdan la versión de Vueling ni del capitán. Pasajeros ajenos al grupo.
Ahora, como guión de la Dimensión Desconocida, un hecho que quizá no es vinculante pero sí asombroso, el capitán de la nave de la compañía española Vueling Iván Chirivella escribió un libro en donde asegura, fue instructor de vuelo de los musulmanes que se estrellaron en las Torres Gemelas de 11 de septiembre de 2001.
En septiembre del 2000, Iván trabajaba como instructor en la Jones Aviation Academy en Sarasota (Florida) para ganar dinero y sumar horas de vuelo. Fue ese mes que conoció a
que llegaron interesados en hacer un curso de vuelo instrumental. Los dos tenían mucha prisa por tomar y aprender las lecciones y tenían la costumbre de pagar sumas importantes de dinero, muchas veces por adelantado. Se les ofreció a los dos los mejores instructores, un piloto americano y uno español. La respuesta de Atta fue rápida: “Queremos al instructor español“.
Iván era el instructor con más alumnos, así que dedicarle tiempo a nuevos estudiantes podía ser un problema. Atta solucionó eso pagando dos mil dólares por adelantado para las clases. Iván fue presionado por su jefe para que no se fueran a otra academia.
Atta y Al Shehhi fueron alumnos terribles. Atta era una persona antipática y dominante, mientras que Al Shehhi era más sumiso, Atta siempre llevando la voz cantante. Los dos mostraban cero interés en las clases teóricas, centrándose en las prácticas, especialmente en las maniobras de despegue y aterrizaje. Los dos iban en la cabina con Iván durante las clases y él los describe como callados, aunque a veces discutía con ellos por su mala actitud.
Era notoria la obsesión de Mohamed con los aviones grandes, especialmente los Boeings. Al principio no le importaba responder a sus preguntas sobre ese tipo de aeronaves, pero llegó un punto en que les reclamó por su interés excesivo en esos temas cuando no podían aprobar un curso con aviones más pequeños.
El 29 de octubre del 2000, Atta y Al Shehhi fueron expulsados de la academia después de que Atta agrediera verbalmente a una secretaria que lo corrigió cuando intentó firmar por su compañero, a quien siempre presentaba como su “primo”: “Cállate. No me hables ni me digas lo que puedo o no puedo hacer, no eres más que una mujer,” dijo Atta.
Después del ataque a las Torres de Nueva York, Iván fue interrogado por el FBI, según describe en su libro, perdió su casa, la revocación de su visa y la posibilidad de trabajar en Estados Unidos. En abril de 2002 regresó a España.
Con el tiempo reconstruyó su vida como piloto; desde 2009, Iván trabaja para Vueling y combina eso con ser instructor de vuelo en Barcelona.
Su libro se llama Cómplice inocente: diario del piloto español que enseñó a volar a los terroristas del 11 de septiembre. Fue escrito por la periodista Alicia Mederos y el protagonista Iván Chirivella. En su momento fue recibido como oportunista por lucrar con la tragedia, además la periodista manejó el hecho con teorías conspirativas y se atrevió a acusar a la CIA a pesar de que su protagonista conoció de primera mano a los responsables.
Y si usted piensa que todo esto paranoia, nunca falta un político que pierde la oportunidad de quedarse callado.
El ministro de Transportes español, Óscar Puente, publicó el viernes un mensaje en X, que mantuvo visible durante horas antes de eliminarlo el sábado, donde se refería como “niñatos israelíes” a los 50 adolescentes judíos franceses expulsados de un vuelo de Vueling. El mensaje decía textual.
“¿Los xenófobos estarán con la compañía española? ¿O todos juntos haciendo piña estarán con los niñatos israelis?”.
Curioso, porque son judíos franceses. Ya el gobierno francés está esperando una explicación.
Las opiniones, creencias y puntos de vista expresados por el autor o la autora en los artículos de opinión, y los comentarios en los mismos, no reflejan necesariamente la postura o línea editorial de Enlace Judío. Reproducción autorizada con la mención siguiente: © EnlaceJudío