¿Qué pasaría si, de un día para otro, los billonarios del mundo desaparecieran? Esta es la provocadora premisa de Los billonarios desaparecen…, la más reciente novela de Sabina Berman, que combina ficción, crítica política y fábula ecológica en una narrativa tan luminosa como punzante.
En una entrevista exclusiva de nuestra reportera Cassandra Pescador, Sabina Berman nos abrió las puertas a los hilos esenciales que atraviesan su escritura y su vida: la memoria, la pertenencia y su profunda raíz judía.
Hablando de obras como La Bobe, compartió cómo su abuela le transmitió —literalmente, en el cuerpo— la herencia más significativa del judaísmo: un “corazón blando”, compasivo, abierto hacia los otros y hacia el infinito. “No como dogma, sino como búsqueda constante”.
El judaísmo para Berman no se limita a una religión o a un conjunto de leyes, sino que es una cultura viva que identifica con los débiles y los muchos, a través de la compasión y la generosidad.
Esa herencia —afirma— es parte esencial de su identidad como escritora y como persona.
En ese sentido, Berman celebra que México cuente hoy con una presidenta judía: Claudia Sheinbaum. Destaca no solo que sea mujer, sino también que su identidad judía no haya representado un obstáculo político. “En casi cualquier otro país, la identidad judía de Claudia sería un problema político. Y aquí no lo es… Eso habla de la generosidad de México”.
Reconoce también que Sheinbaum nunca negó su origen: “Cuando le preguntaban si era judía, siempre respondía ‘sí’. En otros países, habría dado largas explicaciones:”Mis padres son de origen judío; sin embargo…”. Aquí no fue necesario”.
Esta apertura honesta y sin titubeos por parte de México simboliza, para Berman, no solo una aceptación personal, sino también un signo esperanzador de pluralidad y apertura en la sociedad mexicana actual.
Partiendo de esa mirada crítica, conversamos con la autora sobre Los billonarios desaparecen…, una obra que, más allá de su barniz distópico, se presenta como un espejo inquietante del presente.
La novela plantea preguntas incómodas sobre el rumbo que ha tomado la humanidad, al tiempo que ofrece una visión alternativa de comunidad, resiliencia y cooperación basada en el cuidado. En este sentido, Berman reflexiona sobre la fuerza y el poder que ha adquirido el dinero en la sociedad contemporánea, señalándolo como el principal motor que rige nuestro orden social: “Hoy, el humano ha hecho una sola religión, para pobres y ricos, para millonarios y paupérrimos; ha hecho un solo dios para todos: el dinero”.
Este desequilibrio económico y social es el trasfondo que impulsa la trama. En la novela, los ultrarricos desaparecen tras reunirse en la Cumbre de Davos. A partir de ahí, el mundo entra en un reordenamiento vertiginoso. ¿Qué pasaría si los recursos dejaran de concentrarse en unas cuantas manos? ¿Quién ocuparía el poder simbólico y material que dejan atrás?
Para construir esta premisa, Berman nutre su narrativa con el lenguaje de la ciencia y subraya que, en su obra, la naturaleza no opera como metáfora, sino como explicación concreta. Su proceso creativo parte siempre de lo real: observa, investiga y escucha, alimentando su imaginación con las grietas del presente.
La autora recurre a datos, eventos y escenarios políticos que, aunque puedan parecer inverosímiles, ya están ocurriendo. En Los billonarios desaparecen…, el detonante ficcional —la desaparición súbita de los ultrarricos— surge del hartazgo ante un sistema que legitima la desigualdad. La ficción, en su obra, es una lente para amplificar las tensiones del mundo que habitamos, sirviéndose de la observación rigurosa y la imaginación crítica como herramientas para explorar y pensar futuros posibles.
El personaje central, Wermer —premio Nobel de Economía—, es una mezcla de científico, activista y visionario que pone en marcha una transformación social inspirada en el modelo de una colmena. Las abejas no solo articulan el eje narrativo de la novela, sino que también marcan el pulso de una propuesta que replantea la organización colectiva. “Observé y estudié directamente sus dinámicas. En una colmena no hay propiedad privada, ni jerarquías absolutas”, afirma Berman. Allí, lo que predomina es una economía del cuidado.
La novela es también una apuesta y una actitud vital que nos mantiene despiertos ante el dolor social, pero también frente a la posibilidad del cambio. Es un grito de alerta y, al mismo tiempo, una invitación a imaginar futuros distintos. ¿Qué lugar ocupa la ficción en un mundo saturado de realidades distorsionadas? La literatura, en este contexto, sigue siendo un territorio fértil para plantear preguntas radicales.
Los billonarios desaparecen… no es solo una novela sobre el colapso de una élite, sino una historia sobre posibilidades: de redistribución, de justicia ecológica, de nuevas formas de organización social.
Imaginar, en este contexto, no es un lujo: es un acto de resistencia.
Con esta obra, Sabina Berman sacude las certezas del presente y nos confronta con una pregunta urgente: ¿qué clase de mundo queremos reconstruir si el orden actual colapsa? En tiempos marcados por la desigualdad y la deshumanización, su narrativa se vuelve una apuesta ética por el cuidado mutuo, los vínculos humanos y la imaginación como fuerza política capaz de abrir grietas por donde se cuele lo posible.
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