La repetida estancia del ministro Ben Gvir en la mezquita de al-Aqsa en Jerusalén Este, en franca violación de acuerdos establecidos hace varias décadas, acentúa las tensiones entre Israel y sus vecinos.
Para Jordania este acto es una “intolerable provocación”. Se trata de un sitio sagrado para todas las partes.
En este lugar, Israel levantó dos templos en el curso de su temprana historia en tanto que para el Islam es un venerado lugar, pues desde allí Mahoma habría ascendido a los cielos.
Conforme a acuerdos suscritos décadas atrás, Jordania es el guardián y responsable de este sagrado lugar e Israel vigila el acceso. Ambos países acordaron que solo los musulmanes pueden allí congregarse y orar en tanto que la presencia de judíos depende de la previa autorización del país vecino.
Un convenio que apenas es respetado por Itamar Ben Gvir. Una y otra vez ingresa con sus adeptos a este recinto sin solicitar la probación de la autoridad jordana.
Agresiva conducta que desde hace tiempo se acompaña con la actividad de Bezalel Smotrich en Judea y Samaria, que adelanta y dirige en paralelo a sus funciones como Ministro de Finanzas.
Un hecho que suscita repetidas protestas por parte de la Autoridad Palestina localizada en Ramallah. Aunque son territorios que formalmente le pertenecen, para Smotrich constituyen la nueva frontera del país. Más de medio millón de israelíes los habitan en tanto que las protestas de sus originales moradores apenas merecen atención.
Las iniciativas y actividades de Ben Gvir-Smotrich son de hecho alentadas por el gobierno de Netanyahu. Actitud que hoy se acompaña por una torcida y pasiva actitud respecto a los rehenes judíos en Gaza.
Cabe esperar que la protesta interna y global en torno a estos hechos rebajará el tono gris de nuestros días y noches.
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