A orillas del río Indo, surgió una civilización adelantada a su tiempo: calles rectas, casas con sanitarios, canales de agua y ruidosos mercados daban forma a sus asombrosas ciudades.
Nadie sabe aún con certeza qué idioma hablaban aquellos pueblos, ni por qué desaparecieron, pero dejaron un eco de ingenio y armonía que aún palpita en el polvo de sus ruinas.
Con la llegada de los arios hacia el 1500 a.C., India entró en una nueva era. El sánscrito floreció, se compusieron los vedas, textos sagrados del hinduismo y nacieron conceptos espirituales que aún hoy rigen millones de vidas: el karma, el dharma y el ciclo eterno de renacimiento. Más tarde, los imperios Maurya y Gupta unieron a la gente bajo ideas de justicia, sabiduría y belleza.
Durante siglos, invasores y viajeros llegaron desde el norte y el oeste. Algunos arrasaron, otros se quedaron y dejaron huella. En el siglo VII llegó el islam, y con éste nuevas formas de rezar y construir, y con su llegada nacieron sultanatos y el grandioso Imperio mogol, cuyo arte y arquitectura parecían esculpidos por la fe y el amor.
Los judíos han estado en India desde, al menos, el siglo I a.c. incluso, algunas tradiciones orales sitúan su llegada mucho antes, en tiempos de la destrucción del primer templo de Jerusalén, en el año 586 a.c.
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