Conquistar Gaza ¿Realmente es buena idea?

Israel perdió al ser llevado a una guerra que no pidió, pero eso no significa que deje en pie al Hamás lo que enfrenta a Israel con un dilema mortal: ¿cómo eliminar a Hamás sin sumergirse en una costosa y sangrienta conquista total del enclave?

Porque la idea de la conquista es precisamente incursión por tierra, que es riesgosa para los israelíes y se enfrentan combates urbanos que ponen en medio a la población gazatí como le gusta y conviene a Hamás.

En medio de las propuestas oficiales, como la gran “zona humanitaria” del ministro Israel Katz en el sur de Gaza, surge una idea igualmente arriesgada… pero con la experiencia del Shin Bet, la agencia de inteligencia interna israelí. El proyecto se ha hecho público por Jonathan Lipow, profesor de economía en la Escuela Naval de Posgrado de Monterey, Californiay y colaborador del Times of Israel.

Dice Lipow: Si Hamás sobrevive a la guerra, habrá frustrado una campaña israelí de casi dos años para derrotarlo. Esto elevará el prestigio de la organización a un nivel que superará con creces el de Al Qaeda, ISIS o Hezbolá durante sus respectivos periodos de apogeo. Irónicamente, las aplastantes derrotas que Israel ha infligido a Irán y Hezbolá solo mejorarán la imagen de Hamás, ya que Hamás logró lo que estas entidades, aparentemente más poderosas, no pudieron: asestar el peor golpe que Israel ha sufrido en su existencia y luego sobrevivir para volver a luchar.

¿Cómo ha logrado Hamás superar a las otras fuerzas fundamentalistas?

Por el uso, la degradación humana que hizo Hamás de su propia población al usarlos como escudo, como rehenes en un perpetuo síndrome de Estocolmo, que dan la vida por la causa.

La propuesta es audaz: en lugar de concentrar a los civiles en un solo lugar, se construirían muchos campamentos humanitarios pequeños, repartidos por los distritos de Gaza bajo control de las Fuerzas de Defensa de Israel, a donde llegue la ayuda y alimentos directamente a la población.

Pero aquí está la clave: solo podrían entrar gazatíes previamente examinados por el Shin Bet o avalados por líderes comunitarios que cooperen con Israel.

La lógica es simple y letal para Hamás:

Si separas a la población civil filtrada,
Si les das un espacio seguro y controlado, reduces el terreno donde los terroristas pueden esconderse.

Eso deja a Hamás aislado en zonas cada vez más pequeñas… más visibles… y, en teoría, más fáciles de neutralizar.

El plan también incluye un segundo paso:

Cuando el ejército considere segura una zona, los habitantes podrán volver a inspeccionar sus viviendas.

Si son habitables, regresan.

Si fueron destruidas, permanecen en el campamento.

En paralelo, podrían emplearse gazatíes en proyectos iniciales de reconstrucción, como la remoción de escombros.

Comparado con la gran zona humanitaria de Katz, esta idea es más descentralizada, menos masiva, y busca filtrar antes que concentrar.

Es, en teoría, una forma de proteger civiles… mientras se corta el oxígeno a Hamás.

Pero la propuesta también es un campo minado político:

Requiere recursos colosales para logística, agua, electricidad y seguridad.

Podría ser vista internacionalmente como un internamiento masivo, aunque sea voluntario.

Y Hamás, sin duda, lo explotaría para acusar a Israel de crear “campos de concentración”.

Desafortunadamente Israel se queda solo y haga lo que haga, a nadie le gusta, por dos razones, el antisemitismo que aún vive en el mundo y el miedo que Occidente le tiene al islam.

Al primer misil que lanzó hace décadas Gaza, Israel se negó a una respuesta contundente, como hubiera hecho cualquier nación del mundo. Después vinieron más misiles, hasta el intento de exterminio del 23 de octubre.

¿Es este el precio que paga Israel por ser dócil?


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Ricardo Silva: