En las declaraciones hechas en su reciente visita a la División de Gaza, el Primer Ministro Benjamín Netanyahu fue enfático al señalar que ha llegado la hora de tomar por completo la ciudad de Gaza, e insinuó de manera muy nítida que la única negociación posible es la liberación de todos los rehenes israelíes. Eso indica a que se le acabó el tiempo a Hamas. Y la vida.
No son declaraciones que deban sorprendernos. Después de la última negativa de Hamas a un alto al fuego apenas hace un par de semanas, era predecible que Israel tomara una postura más dura.
En aquella ocasión, Hamas estaba cerca de aceptar un arreglo integral (es decir, que contemplara la liberación de todos los rehenes), pero la interferencia de Emmanuel Macron lo arruinó todo. Al declarar su intención de reconocer al estado palestino en septiembre, Hamas sintió que la comunidad internacional todavía podía rescatarlo, obligar a Israel a retirarse, dejar que Gaza volviera al estatus previo a la guerra, y en consecuencia se retiró de la mesa de negociación.
Las cosas cambiaron sensiblemente desde entonces.
Se sabe bien que Israel intensificó sus ataques, y ya se echó a andar el operativo Carros de Gideon II.
Pero hubo otra situación a la que todo el mundo le puso atención, pero de manera equivocada. No la leyó como parte relevante del conflicto en Gaza.
Me refiero a la cumbre que Donald Trump celebró en Washington con V. Zelensky y otros líderes europeos, entre ellos el siempre inútil y estorboso Macron, pero también con Ursula Von Der Leyen (presidenta de la Comisión Europea) y Mark Rutte (Secretario General de la OTAN).
De ese evento surgió una foto más que emblemática, que representa la realidad a la que se está enfrentando la Unión Europea: Trump sentado en su silla frente al escritorio, y todos los demás sentados del otro lado, amontonados, como niños que han sido llevados a visitar la Casa Blanca para que conozcan al presidente.
Una foto que deja muy en claro quién es el jefe.
Desde hace tiempo es evidente que Trump ha logrado imponerse a la Unión Europea sin mucha dificultad. Es lógico: la crisis económica que afecta a Europa, sumada a la necesidad de defenderse de la permanente agresión rusa (que todos saben no se va a detener en Ucrania, en caso de tener éxito), ha puesto a los países europeos en una posición vulnerable en la que no pueden llevarle la contra al presidente de los Estados Unidos.
¿Qué está sucediendo en Ucrania después de las reuniones que Trump tuvo con Putin y con Zelensky y los europeos? En estricto, nada. Las decisiones tomadas en ambas cumbres no parece que vayan a cambiar la situación. Putin volverá a sus exigencias estrambóticas, Zelensky y los europeos las rechazarán, y la guerra continuará.
¿Fracaso para Trump?
En realidad no. Al contrario: chocante pero efectiva estrategia.
Trump tiene dos planes muy concretos en este momento para consolidar los planes globales de Estados Unidos. Uno es aquí en América Latina, y es quebrar por completo al régimen de Nicolás Maduro en Venezuela, principal foco de expansión del narcotráfico y del terrorismo. El otro es la creación de una región de desarrollo económico en Medio Oriente, cuyo punto de partida son los Acuerdos de Abraham.
Para consolidar sus objetivos allí hay que tirar a Maduro y hay que destruir a Hamas. Son los principales estorbos.
Pero para poder hacer eso, hay que evitar que Putin se entrometa en Venezuela y Europa (sobre todo, Macron) vuelva a hacer una tontería que interrumpa la rendición de Hamas.
Por eso las cumbres aparentemente inútiles en lo referente a Ucrania (pero muy útiles para dejar en claro que Trump manda y los europeos se aguantan). Todos tienen en claro que la guerra va a seguir, y eso significa que Rusia y la Unión Europea seguirán desgastándose, perdiendo con ello capacidad para interferir en otras regiones del mundo.
No es coincidencia que justo en los dos días siguientes Hamas anunciara que estaba dispuesto a retomar la negociación que abandonó hace dos semanas, aceptando un alto al fuego de 60 días para liberar a diez rehenes a cambio de la retirada israelí y la entrada de comida, dinero y materiales de construcción, y que esta vez sea Israel quien hará el arreglo.
Tampoco es coincidencia que justo en estos días una gran cantidad de embarcaciones de guerra estadounidenses se estén concentrando en Venezuela. Maduro ya pasó de las amenazas a la súplica plañidera en la que le pide a Trump una negociación respetuosa. Se está desarmando de miedo. Qué digo: de pánico.
Al más alto nivel, quedó bien claro que Rusia ya no va a rescatar a Venezuela, ni Europa a los palestinos.
Se los dije hace unas semanas: la aplastante derrota de Irán ante Israel en la Guerra de los Doce Días iba a traer consecuencias globales, y las estamos viendo. Sin el apoyo de los ayatolas, que se habían convertido en el eje de todo este movimiento global anti-occidente, todos los enemigos del mundo libre empiezan a desmoronarse.
Esa es buena noticia para Israel. Tras casi dos años de una desgastante guerra, todo parece indicar que entramos en la fase final.
Hamas ya se dio cuenta que su final es inminente y, al igual que Maduro, tiene miedo.
Las opiniones, creencias y puntos de vista expresados por el autor o la autora en los artículos de opinión, y los comentarios en los mismos, no reflejan necesariamente la postura o línea editorial de Enlace Judío. Reproducción autorizada con la mención siguiente: @EnlaceJudio