El 5 de septiembre de 1972, durante los Juegos Olímpicos de Múnich, concebidos para mostrar una imagen de paz y reconciliación tras la Segunda Guerra Mundial, tuvo lugar uno de los episodios más trágicos en la historia del deporte.
Ese día, ocho integrantes del grupo terrorista palestino “Septiembre Negro” irrumpieron en la Villa Olímpica y tomaron como rehenes a once miembros de la delegación de Israel.
Los secuestradores exigían la liberación de más de 200 prisioneros palestinos y de otros detenidos en distintos países. Durante más de 20 horas, la tensión se mantuvo mientras el mundo entero seguía las noticias en tiempo real, algo inédito hasta entonces.
Finalmente, el intento de rescate llevado a cabo por las fuerzas de seguridad alemanas en el aeropuerto de Fürstenfeldbruck terminó en tragedia: murieron los 11 rehenes israelíes, 5 de los terroristas y un policía alemán.
Los 11 israelíes asesinados era:
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Moshe Weinberg – entrenador de lucha grecorromana
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Yossef Romano – levantador de pesas
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Ze’ev Friedman – levantador de pesas
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David Berger – levantador de pesas (nacido en EEUU con ciudadanía israelí)
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Yakov Springer – juez de levantamiento de pesas
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Eliezer Halfin – luchador
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Yossef Gutfreund – árbitro de lucha
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Kehat Shorr – entrenador de tiro
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Mark Slavin – luchador
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Andre Spitzer – entrenador de esgrima
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Amitzur Shapira – entrenador de atletismo
La masacre conmocionó al mundo entero y dejó al descubierto la falta de preparación de Alemania Occidental para enfrentar una crisis de tal magnitud. También evidenció que el deporte, pese a su carácter universal, no estaba al margen de los conflictos políticos y las tensiones internacionales de la época.
Las repercusiones fueron inmediatas. Israel respondió con la Operación “Cólera de Dios”, destinada a localizar y eliminar a los responsables del atentado. El Comité Olímpico Internacional decidió continuar con los Juegos tras una breve pausa, decisión que generó críticas y abrió un debate ético sobre la prioridad del espectáculo frente a la tragedia humana.
El ataque de Múnich transformó para siempre los protocolos de seguridad en eventos deportivos de gran escala. Desde entonces, cada Olimpiada y competencia internacional implementa estrictas medidas de protección para prevenir atentados.
53 años después, la historia se repite: 48 israelíes siguen siendo tomados como rehenes en las mazmorras de Hamás, otro grupo terrorista palestino.
Desde Múnich a Gaza, el mensaje es claro: el terrorismo ataca a los israelíes simplemente por ser israelíes.
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