El factor Israel en la Asamblea General de la ONU

La Asamblea General de las Naciones Unidas de 2025 ha vuelto a poner al conflicto israelo-palestino en el centro del debate global, y en particular la guerra de Israel contra Hamás en Gaza ha dominado buena parte de las discusiones, discursos y controversias durante la reunión anual.

El respaldo a la Declaración de Nueva York

Una de los momentos más relevantes días antes de la reunión anual fue la adopción de la llamada “Declaración de Nueva York”, una resolución no vinculante que obtuvo un respaldo abrumador: 142 países votaron a favor, 10 votaron en contra y 12 se abstuvieron.

Ese documento promovido por Francia y Arabia Saudita reafirma el principio de la solución de dos Estados, exige el fin de la guerra en Gaza, el retiro de las fuerzas israelíes y la liberación de todos los rehenes, y propone que la Autoridad Palestina asuma gradualmente las responsabilidades de seguridad y administración en los territorios, sin la participación de Hamás.

Para muchos Estados, la resolución representa un refuerzo simbólico del consenso global de condena contra Israel por la guerra en Gaza. Sin embargo, su carácter no vinculante y la fuerte oposición de Israel —que ha rechazado las expectativas de la resolución—, así como el apoyo estadounidense, disminuyen su potencial de impacto práctico.

El reconocimiento del Estado palestino

El lunes 22 de septiembre fue una jornada de alto impacto diplomático en la Asamblea General de la ONU, marcada por una oleada de reconocimientos oficiales al Estado palestino por parte de varios países occidentales. Estas decisiones buscaron enviar una señal política drástica frente a la crisis humanitaria en Gaza.

En ese día, Francia formalizó su reconocimiento, promovido como un gesto simbólico de justicia histórica, justo desde la tribuna en Nueva York. Acompañaron esa decisión Reino Unido, Bélgica, Luxemburgo, Malta, Andorra, San Marino, Canadá, Australia y Portugal.

En total, estos 9 estados occidentales se sumaron al reconocimiento pleno del Estado palestino en el marco de la Asamblea General.

Cabe destacar que algunos de esos países ya habían anticipado la medida, mientras que otros consolidaron ese paso público en ese día de debate diplomático. España, Irlanda y Noruega —que habían dado el reconocimiento en mayo de 2024— fueron citados por Macron como parte del movimiento de movilización europea para respaldar el reconocimiento en esta Asamblea.

Este salto diplomático  ha alterado el panorama político: aunque los reconocimientos no convierten automáticamente a Palestina en Estado miembro pleno de la ONU, sí consolidan la legitimidad internacional de sus aspiraciones y fortalecen la presión sobre Israel y sus aliados.

La acusación de genocidio

Quizás el elemento más polémico del debate fue la acusación directa de genocidio contra Israel —una línea que fue reafirmada recientemente por una Comisión Internacional de Investigación de la ONU, que determinó que las acciones israelíes en Gaza han cumplido al menos cuatro de los cinco actos genocidas definidos en la Convención de 1948, y que el único sustento lógico para el patrón conductual observado es la existencia de intención genocida.

En ese contexto, el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, intervino (de forma virtual, tras que Estados Unidos le negara la visa para asistir en persona) y denunció que su pueblo en Gaza está sometido a “una guerra de genocidio, destrucción, inanición y desplazamiento” perpetrada por Israel. Abbas insistió en que se trata no solo de una agresión, sino de un crimen de guerra y de lesa humanidad.

La acusación no ha sido aceptada por Israel ni por numerosos países, que rechazan la noción de genocidio bajo el conflicto armado. Pero el peso político de la acusación —recién legitimada por la comisión aupiciada por la ONU— ha convertido el tema en un punto de tensión diplomática mayor para Jerusalén en el escenario global.

La posición de Israel

Israel rechazó las acusaciones de genocidio, denunciándolas como campañas de deslegitimación política y estratégica. Insiste en que muchas de las bajas y la destrucción se deben a la operativa del propio Hamás desde zonas civiles, el uso de escudos humanos y túneles subterráneos que dificultan las operaciones defensivas israelíes.

Además, cuestiona la eficacia y proporcionalidad de algunas de las propuestas internacionales que exigen ceses inmediatos sin condiciones.

Dentro de esa narrativa, también juega un rol central la diplomacia de Estados Unidos, su aliado más cercano, rechazo a la condicionalidad excesiva y bloqueo de sanciones y mecanismos que puedan debilitar su respaldo militar y político a Israel.

Se tiene previsto que Netanyahu ofrezca su discurso el viernes 26 de septiembre, en el que ha prometido hablar sobre la verdad de Israel frente a esta guerra contra Hamás en Gaza y en defensa de todo el Estado judío.

El debate en la Asamblea General pone de relieve matices esenciales que podrían resumirse en un simbolismo con limitaciones, en el sentido de que, aunque la condena de Israel fue masiva en el foro, la mayoría de las resoluciones no tienen carácter vinculante y dependen de la voluntad política de los Estados. Israel conserva aliados dispuestos a vetar sanciones o a bloquear acciones coercitivas.

Y en una presión moral traducible en diplomacia a raíz de la cual las acusaciones de genocidio, el reconocimiento del Estado palestino, las resoluciones de la Asamblea, y la visibilidad global del sufrimiento en Gaza podrían generar costos diplomáticos crecientes para Israel, especialmente en relaciones con Europa y el mundo en desarrollo.

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