VIDEO- Israel conmemora dos años del 7 de octubre, entre el duelo y la determinación

Bajo un cielo silencioso, entre lágrimas, cantos y corazones adoloridos, familiares de rehenes y víctimas, acompañados de amigos, conmemoraron este 7 de octubre el segundo aniversario del ataque terrorista de 2023, una fecha que cambió para siempre la historia del país.

La Ceremonia Nacional Conmemorativa reunió a miles de personas: familiares, sobrevivientes, voluntarios, rescatistas y público en general, en un acto profundamente conmovedor que recordó a las más de 1,200 víctimas asesinadas aquel “sábado negro” y a los 48 rehenes que continúan cautivos en Gaza.

El tono del acto fue de recogimiento y verdad: la herida sigue abierta. Las familias de los caídos, los sobrevivientes y las autoridades escucharon palabras que cortaron el aire como plegaria y testimonio:

“¿Qué hacemos cuando no queda más que besar una foto? ¿Cómo celebrar un cumpleaños en un cementerio? ¿Cómo celebrar una festividad cuando cada día es un anhelo que duele todo el cuerpo?”, enunció la presentadora al comienzo del evento.

El acto fue un llamado a reconocer que dos años no bastan para cicatrizar el horror. “Seguimos acompañando a madres y padres a los cementerios—dijo una de las oradoras—seguimos inclinando la cabeza ante nuevas tumbas, seguimos buscando palabras de consuelo. Y cuando no las encontramos, simplemente callamos y nos abrazamos.”

A lo largo de la ceremonia se sucedieron relatos de heroísmo y pérdida. Padres que aún buscan a sus hijos, madres que guardan los juguetes de los niños asesinados y jóvenes que sobrevivieron luchan hoy por volver a confiar en la vida.

Entre los homenajeados se recordó al policía israelí Igor Pivnev, quien sobrevivió el ataque inicial en el sur y que, un año después, incapaz de sobrellevar el trauma, se quitó la vida:

“Era una bola de felicidad. Volvió del infierno con vida, pero muerto por dentro. Ese día dejó un silencio, un silencio que duele. Tú y el silencio: no te queda nada, no tienes nada”, relató su esposa.

Su historia simboliza a los “heridos transparentes”, aquellos que siguen combatiendo cada día contra los recuerdos. Los presentadores hicieron un llamado a buscar apoyo psicológico y a reconocer el sufrimiento mental como parte esencial de la reconstrucción social.

Entre los relatos más estremecedores, una madre recordó a su hija Noia, de 13 años, asesinada en el kibutz donde creció:

“Noia era autista y estaba orgullosa de serlo. Me dejó un mensaje diciendo ‘mamá, hubo un gran boom’. Nunca pude responderle. Dos años después, sigo hablándole cada noche. Solo el amor puede superar este dolor.”

Entre el público, muchos lloraron en silencio, otros sostenían retratos, velas, flores o uniformes doblados. No se trataba solo de recordar, sino de reafirmar un compromiso colectivo con la vida.

Se recordó también a Ariel Sosnov, de 20 años, soldado del Cuerpo de Ingeniería de Combate del Batallón 605. Su novia relató la última llamada antes de que muriera por el impacto de un cohete en la frontera con Líbano:

“Me dijo: ‘Ya vuelvo’, y la conversación se desconectó. Le envié un mensaje: ‘Cuídate, te quiero mucho’. No volvió a responder.”

En su memoria, ella creó Flower Men, una iniciativa que reparte flores a soldados como gesto de gratitud y consuelo:

“Ariel me traía flores cada semana. Hoy las entrego en su nombre. Dar una gota de esperanza y de luz, eso es lo que él hubiera querido.”

También se recordó a dos jóvenes asesinados mientras defendían su kibutz. La madre de ambos habló del legado de sus hijos:

“Nadie podrá sustituirlos, pero seguimos trabajando porque eso es lo que ellos hubieran querido: que siguiéramos actuando para cambiar el mundo. Cada día intento entender qué quiere Dios que hagamos. Y creo que lo que nos pide es seguir haciendo el bien.”

Al estrado subió también Omer Shemtov, sobreviviente de más de 500 días de cautiverio en Gaza, quien dio palabras de esperanza y fortaleza, compartiendo cómo logró mantener la fe y el amor por la vida incluso en los momentos más oscuros de su cautiverio, recordando la tragedia sin perder la visión de un futuro mejor.

Posteriormente, un sobreviviente que regresó de once meses de cautiverio en Gaza expresó:

“Volví a casa con el cuerpo herido, pero con el alma despierta. Aprendí lo que significa la verdadera resiliencia y lo que es amar esta tierra, su gente y la vida misma.”

Así, la ceremonia reunió múltiples testimonios de pérdida, valentía y entrega, tejiendo un relato colectivo que mantuvo viva la memoria de los caídos y reforzó la esperanza de una vida por reconstruir.

Promesa de futuro

La ceremonia cerró con la entonación del Hatikvá, el himno nacional, y miles de voces se alzaron, algunas entre lágrimas, otras con los ojos fijos en el cielo.

Dos años después, la herida sigue abierta, pero el espíritu israelí se mantiene firme. La ceremonia no solo recordó el horror del pasado, sino la promesa de un futuro que insiste en renacer. Como concluyó uno de los sobrevivientes:

 “Seguimos aquí. Y mientras tengamos memoria, tendremos esperanza.”


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