¿Paz o trampa? Los vacíos del acuerdo entre Israel y Hamás

Un alto al fuego sin garantías

El plan habla de una “desmilitarización gradual” de Hamás, pero no dice quién la supervisa, ni cómo se comprobará que ocurra.

Israel exige la entrega de armas y la liberación de todos los rehenes.

Hamás, a cambio, pide el retiro total de las tropas israelíes y el fin del bloqueo en Gaza.

Pero ninguna de las dos partes confía en la otra.

Israel teme que Hamás use la tregua para rearmarse y reconstruir túneles, como ya ocurrió en el pasado.

Y Hamás sospecha que Israel no cumplirá con la retirada total, dejando la puerta abierta a nuevas incursiones.

En otras palabras: es un acuerdo que se basa más en la esperanza que en la verificación.

Y en Medio Oriente, la esperanza —sin control— suele durar poco.

Hamás no ha renunciado a su ideología de “resistencia”, ni a su objetivo de destruir a Israel.

Sin un cambio real en esa estructura ideológica, cualquier alto al fuego es solo una pausa táctica, no una paz estratégica.

Por eso, muchos dentro del propio gobierno israelí dicen que no hay seguridad duradera mientras Hamás siga existiendo con poder militar o político en Gaza.

El acuerdo de Trump puede traer un respiro momentáneo, incluso liberar rehenes y permitir la reconstrucción de Gaza, pero si no se garantiza el desarme real de Hamás, entonces esta “paz” podría ser solo el silencio que precede al próximo ataque.

 


Las opiniones, creencias y puntos de vista expresados por el autor o la autora en los artículos de opinión, y los comentarios en los mismos, no reflejan necesariamente la postura o línea editorial de Enlace Judío. Reproducción autorizada con la mención siguiente: © EnlaceJudío

Ricardo Silva: