Hay veces que nuestro inconsciente nos juega malas pasadas y, a través del lenguaje, nos revela nuestros deseos más profundos en forma de “ilusión óptica”: nuestras ganas de ver una realidad que, casi siempre e irremediablemente, no coincide con la verdad de nuestro inconsciente.
Por eso, en materia de geopolítica internacional en general y en Medio Oriente en particular, si los israelíes queremos seguir con la cabeza sobre el cuello y el cuerpo en una pieza, conviene ser conscientes de la tregua acordada y de los actores geopolíticos que la respaldan.
Trump, el director de la orquesta
Creo que todos los que creíamos en la paz y la nobleza del ser humano hasta el 7 de octubre teníamos una visión peyorativa de la inteligencia política y su capacidad negociadora, lo que debe recordarnos que la soberbia nunca es buena consejera.
Lo cierto es que Trump logra no solo detener una guerra que parecía infinita, sino que consigue la liberación de los secuestrados, un tema de importancia estratégica para nuestro pueblo y Estado. Este solo punto pone en concordancia la abrasadora victoria militar con un resultado político que impedía profundizar la operación.
Además, logró romper el aislamiento internacional de Israel, que amenazaba con sumar en cuestión de días una guerra económica de la que no teníamos escapatoria. La alternativa habría sido convertirnos en un protectorado de los EE. UU. o en un modelo cerrado y dudosamente democrático tipo Corea o Irán. Sabemos por el mismo Netanyahu, que planteó algo similar en un discurso que tuvo que cambiar a las horas ante la caída de la bolsa tras sus palabras.
En política internacional no hay amigos eternos, sino intereses comunes transitorios
En esta guerra, ¡vaya si vivimos la inestabilidad de nuestros amigos!
Vimos que los EE. UU. dirigidos por demócratas como Biden nos hubieran acabado. El cambio en la opinión pública estadounidense, con un 70 por ciento anti-israelí y un crecimiento del antisemitismo, logró que los demócratas vieran en nuestras cabezas la carnada ideal para fortalecer su fuerza electoral.
Mientras que Trump, ya sea por una visión religiosa, personal o comercial, ve en Israel una pieza de confianza para su tablero en el Nuevo Medio Oriente. Allí, sus otros socios dejan mucho que desear con respecto a los derechos humanos, pero todos son enemigos de Irán y también necesitan de Israel.
Así, los Acuerdos de Abraham se expandirán, los negocios con Israel y el mundo árabe se blanquearán, y todos podríamos comer perdices y olvidarnos de la guerra y el odio.
El futuro político de Hamás: un actor latente
Aunque se logre la introducción de las fuerzas árabes para el control militar de Gaza, no debemos caer en la ingenuidad de creer que el brazo político de Hamás se desvanecerá. La ideología y la estructura de influencia social seguirán vigentes. El acuerdo ignora que la resistencia política e ideológica no se desarma con tanques; simplemente se esconde y espera su momento para resurgir ante cualquier señal de debilidad en la nueva administración árabe.
Ser antisemita es un sentimiento, una emoción
Pero no debemos ser inconscientes y debemos entender que la mayoría de la población musulmana es antisemita y gran parte de los gobiernos ahora aliados a EE. UU. e Israel también lo son. Debemos recordar que parte del acuerdo es la introducción en Gaza de un ejército de las naciones árabes, para reemplazar el vacío militar que dejará Hamás.
Esta es una fuerza que reprimiría al pueblo gazatí si se niegan a una democratización a la “musulmana” y a una limpieza de los programas educativos, desde el Jardín de Infantes, impregnados de militarismo y antisemitismo.
Espero como ciudadano de la frontera con Gaza que los próximos gobiernos de Israel no sean inconscientes y vigilen de cerca a estos ejércitos árabes que tendremos a metros de nuestras casas.
El costo humanitario: la población de Gaza
Mientras los acuerdos se firman en las mesas de poder, no podemos ignorar el desastre humanitario y la crisis de infraestructura en Gaza. La destrucción masiva y el desplazamiento de la población son un polvorín que el alto al fuego solo ha pausado. Cualquier solución política o militar que no aborde de manera urgente las necesidades básicas de la población civil estará condenada al fracaso y a alimentar el resentimiento que lleva al próximo conflicto.
Abrazo desde Sderot
El 7 para nosotros será un día tristemente inolvidable. Las bombas, tiros, explosiones y gritos aún retumban en mi cabeza. Escribir poesías, canciones y alguna nota periodística ayudan a armonizar nuestro latido acelerado desde hace dos años.
Pero es imposible terminar esta nota sin un homenaje a los casi mil soldados muertos, más de cien mil heridos, a la población civil herida y asesinada, y a la más de la mitad de la población que se encuentra en estado postraumático.
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