Seguev Kalfon, liberado recientemente de manos de Hamás en Gaza, habló de los golpes, la tortura, la humillación y el hambre que sufrió durante los 783 días en cautiverio desde su secuestro del Festival Nova el 7 de octubre de 2023.
“Es un hambre a la que no logré acostumbrarme. Sentía como si mi cuerpo se consumiera por dentro”, dijo en una entrevista a Ynet.
En las primeras semanas del cautiverio, Kalfon estuvo retenido con los rehenes Maxim Herkin y Yosef Haim Ohana. Durante ese tiempo, tenían prohibido hablar entre ellos. Se comunicaban con las miradas y su captor los golpeaba si los veía.
“Después de los golpes, me ponían una máscara negra que me cubría los ojos, la nariz y la boca durante tres días. No podía ver ni respirar”, dijo.
Kalfon fue trasladado junto con Herkin y Ohana entre edificios en varias ocasiones hasta llegar a los túneles subterráneos. Las condiciones eran particularmente duras en el último edificio antes de los túneles.
“Nos metieron en una habitación lateral. Estaba llena de ratones. En cierto momento, los ratones se convirtieron en mis amigos. Les puse nombres. Sabía a qué hora aparecerían”.
“Un día, aviones de la Fuerza Aérea lanzaron folletos anunciando que las FDI estaban a punto de entrar”, relató Kalfon. “Los terroristas pensaron qué hacer con nosotros y decidieron que nos quedaríamos en esa casa mientras todos los residentes del vecindario se trasladaban a Rafah“.
Seguev Kalfon regresa a casa en Dimona. Crédito: REUTERS/Amir Cohen
“Colocaron trampas explosivas en la casa. Cualquier puerta que se abriera nos lanzaría por los aires. Mientras el ejército estaba afuera, oíamos los tanques por la noche, y todo estaba lleno de trampas explosivas”, agregó.
Tras el recate de Noa Argamani, Almog Meir, Andrey Kozlov y Shlomi Ziv en una operación de las FDI en junio de 2024, fueron llevados a los túneles. Allí se encontraron con los rehenes Ohad Ben Amí, Bar Kupershtein y Elkaná Buhbut.
“Los veía tan delgados que me dolía verlos. Una nueva pesadilla comenzó en el túnel”, dijo Kalfon.
“Teníamos tanta hambre que decíamos, ‘que nos golpeen, pero que nos den de comer. Los días que nos tocaba beber,había pequeños peces vivos en el agua. Los filtraba con una gasa, pero el agua seguía sucia. Nos daban un poco de arroz lleno de gusanos, y teníamos que separar el arroz de los gusanos. Luego cerrábamos los ojos y comíamos. ¿Qué hacíamos?. Decíamos: ‘¡Proteína!'”.
“En el túnel, antes de darnos de comer, marcaban con una bombilla, la apagaban un segundo y la volvían a encender. A veces eran unas pocas semillas negras que teníamos que repartir. Otras veces había una olla grande que mirabas y decías: ‘¡Guau!’, y luego la abrías y descubrías una fina capa de algo, algún resto, en el fondo. A veces la luz no parpadeaba mucho tiempo, y nos gritaban: ‘¡Cuidado, no se acerquen! ¡Recibirán golpes!'”, relató.
Kalfon reveló en la entrevista que, ante la desesperación, comenzó a planear su fuga. “Sí, tenía la ruta de escape en mente, había planeado qué haría y cómo, pero mis amigos me detuvieron. Pensé: ¿qué es mejor, seguir pasando por lo que estoy pasando? La tortura, el sufrimiento, el hambre, este peligro de muerte, y quién sabe si al final sobreviviré, o si al menos tendré un 50% de posibilidades de escapar y vivir. Estaba muerto en vida, estaba en una tumba bajo tierra, vivo y muerto a la vez. Muerto en vida”.
“Lo que me ayudará a sanar es dejarlo salir, expresar y hablar de lo que viví allí, y de la fe que se ha fortalecido en mí, porque tengo en quién apoyarme. Aprovecho al máximo cada momento. Disfruto cada momento. Estoy vivo”, concluyó Kalfon.
Reproducción autorizada con la mención siguiente: © EnlaceJudío