Vamos a revisar un punto crítico que casi nadie está explicando con claridad: la presión del presidente Donald Trump para acelerar un acuerdo en Gaza, incluso si eso implica liberar a los terroristas de Hamás atrapados en los túneles, todo para no entorpecer su plan de 20 puntos.
Un plan que —según varios analistas— podría abrir la puerta a la creación de un Estado palestino.
En las últimas semanas, medios israelíes y árabes han reportado que más de un centenar de combatientes de Hamás están atrapados en los túneles, rodeados por fuerzas israelíes. El ejército de Israel sabe dónde están, pero liberarlos o capturarlos tiene un costo militar y político.
Y aquí entra Trump.
Desde su acuerdo diplomático de 20 puntos, Estados Unidos ha estado presionando para estabilizar Gaza rápidamente, y eso incluye evitar operaciones prolongadas dentro de los túneles, porque retrasan todo el calendario del plan.
El equipo de Trump —y diplomáticos aliados— transmitieron a Israel que una operación larga para liquidar a esos terroristas podría frenar el avance del plan, especialmente los puntos iniciales:
El cese del fuego,la entrada de la Fuerza Internacional de Estabilización, el inicio de la reconstrucción.
¿Por qué tanta prisa?
Porque el plan de 20 puntos depende de una imagen internacional de “territorio pacificado”.
Y tener decenas de terroristas cercados en túneles, esperando una operación de meses, no encaja en ese guion diplomático.
La presión no llega al nivel de “prohibir” la operación, pero sí de sugerir una salida negociada, lo que implicaría liberarlos o reubicarlos bajo supervisión, algo impensable para gran parte del público israelí.
Aquí viene la parte más delicada.
El plan de Trump, oficialmente, no declara la creación de un Estado palestino. Pero… deja “abierta la puerta”.
¿Cómo?
Tres mecanismos clave:
La Fase Tres del plan, donde se evalúa el modelo político final para Gaza, menciona “formas de autogobierno avanzado”, lenguaje diplomático que históricamente ha sido usado como paso previo a reconocer soberanía.
La presión internacional —especialmente de Arabia Saudita y Europa— exige que el plan incluya una referencia a un futuro Estado palestino a cambio de financiamiento y normalización regional.
La desmilitarización supervisada, que según asesores de Trump, es “la condición previa para cualquier estatus político definitivo”. Y ese “estatus definitivo” es precisamente lo que muchos países quieren que sea un Estado.
Es decir:
Aunque Trump no lo anuncie hoy, su plan podría convertirse en el marco legal y diplomático que permita un Estado palestino mañana, si se cumplen las etapas militares y de gobernanza.
Para Israel, esto abre un escenario complejo.
Si la prioridad es cumplir el calendario del plan, entonces operaciones como la eliminación de los terroristas en los túneles se pueden ver reemplazadas por concesiones, para evitar “interferencias”.
Y si el plan avanza sin que Israel tenga control total sobre seguridad, fronteras y desmilitarización, el resultado podría ser:
- Un territorio reconstruido con financiamiento internacional,
- Una administración palestina con legitimidad creciente
- Y presión internacional para dar el siguiente paso: declarar un Estado.
Todo esto mientras partes del aparato militar de Hamás podrían sobrevivir gracias a las mismas restricciones que impiden operaciones profundas en los túneles.
Trump quiere que su plan avance rápido, incluso si eso implica poner límites a operaciones israelíes en los túneles.
Y aunque su plan no lo dice explícitamente, sí puede ser el puente hacia un Estado palestino, siempre que las etapas de seguridad y reconstrucción se den “según lo previsto”.
La pregunta es: ¿qué pasa si esas etapas se cumplen… pero Hamás también sobrevive?
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