Hamas, como nunca antes, se está enfrentando al fracaso absoluto. Todos sus cálculos fallaron. Y todo, por no aceptar las cosas como son, aferrándose a sus propios delirios y ficciones.
La combinación Estados Unidos-Israel, o acaso Trump-Netanyahu, ha resultado letal para Hamas. La manera en la que cada uno de estos dos mandatarios ha manejado su propia guerra (dos áreas distintas del conflicto pero que se complementan a la perfección) ha resultado indescifrable para Hamas, y el grupo terrorista se encuentra más acorralado que nunca.
Dos eventos decisivos esta semana lo han hundido todavía más. Uno tiene que ver con Estados Unidos, y el otro con Israel.
El lunes pasado se aprobó la Resolución 2803 del Consejo de Seguridad de la ONU, y allí se establecieron tres puntos que resultan mortales para Hamas y sus intereses.
El primero es que Hamas tiene que ser desarmado y excluido de todo futuro posible de Gaza. El segundo, que al reconocer a Hamas como el grupo que convirtió a Gaza en un bastión terrorista, se reconoce que Israel todo el tiempo ha combatido al extremismo radical islámico y, por lo tanto, se descarta implícitamente que haya un genocidio. La narrativa palestina está legalmente aniquilada.
Y como tercero y último, se establece que Gaza quedará en condición de protectorado de una estructura política y militar internacional con Estados Unidos a la cabeza, por lo que, en lo práctico, queda cancelado el proyecto de un estado palestino (aunque se hable de que bajo ciertas condiciones debería llegarse a la autonomía plena de los palestinos; las condiciones allí establecidas son, en realidad, inviables por el momento).
Esta resolución aprobada en el seno de la institución más anti-israelí posible es un triunfo político y diplomático de gran calado por parte de Trump. El contenido de la resolución no es muy distinto al plan firmado en Sharm Al-Sheij, Egipto, hace unas pocas semanas, basado a su vez en el acuerdo que en su momento elaboraron Estados Unidos, Israel, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos.
Sin embargo, hay una diferencia crucial: El primer acuerdo apenas era un entendimiento entre cuatro países; este creció al firmarse en Sharm Al-Sheij por varios países de todo el mundo —incluyendo a Inglaterra, Francia, España y Canadá, cuyos actuales gobiernos y líderes han sido descarados enemigos de Israel— y, aunque no representaba un acuerdo vinculante que obligara a los firmantes a nada, lo cierto es que los comprometía diplomáticamente a apoyar un proyecto que claramente dejaba a Israel en ventaja.
Hamas debió notar desde ese momento que las cosas se le estaban volteando en serio, pero no lo hizo.
Ahora, todo ese plan ha sido elevado a la condición de Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, lo cual lo convierte en vinculante. Y no sólo para los que firmaron en Sharm Al-Sheij, sino para todos los estados miembros de la ONU.
En estricto, esta es la derrota política del movimiento palestino. El reconocimiento del estado palestino llevado a cabo por diversos países en la última sesión de la Asamblea General de la ONU palidece y resulta intrascendente ante lo que vimos el lunes. Incluso Francia e Inglaterra votaron a favor de una resolución en la que Gaza queda reducida de futuro a estado a protectorado, lo que implica un cambio real en su política respecto al tema.
En el otro frente de la guerra, francotiradores palestinos dispararon contra tropas israelíes. No causaron bajas, pero sí una respuesta durísima. Israel bombardeó un campo de entrenamiento de Hamas en Líbano, eliminando a decenas de combatientes. También bombardeó en Gaza un lugar donde se realizaba una reunión de líderes de Hamas, eliminando a tres de ellos. Con esto, Israel dejó en claro que no se va a poner límites ante las agresiones de Hamas. Las respuestas israelíes serán, por definición, mucho más fuertes que los ataques de Hamas.
Hasta el momento, la comunidad internacional no realizó ninguna queja o protesta significativa por esta represalia israelí.
Hamas debe estar tomando nota de que se ha quedado solo.
¿Qué falló en sus cálculos?
Básicamente, una cosa: Nunca se dio cuenta de que Israel, Estados Unidos, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos estaban cocinando un plan de negocios para todo el Medio Oriente que, al mediano y largo plazo, les va a hacer ganar mucho dinero. En contraste, los palestinos sólo han sido un pozo sin fondo en el que se han tirado a la basura miles de millones de dólares desde hace casi medio siglo.
Recuerda: En política no hay amigos o enemigos, sino intereses.
Hamas calculó que el nacionalismo árabe (una idea abstracta) y el antisemitismo cultural islámico (otra idea abstracta) se iban a imponer como último criterio para que todos se unieran en contra de Israel.
Y sí, esas ideas abstractas existen y son muy importantes para muchas personas, pero al final siempre se impone la lógica del dinero, aquí y en el Medio Oriente. Hamas no supo leer la situación correctamente, se quedó esperando a que la comunidad internacional detuviera a Israel, y no entendió a tiempo que ellos, el principal grupo yijaidista en la historia de los hoy llamados palestinos, se volvieron un estorbo para un plan que va a transformar toda la región.
Hamas está sentenciado a muerte.
Tal vez ahora empiecen a darse cuenta, pero ya es demasiado tarde.
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