Un informe reciente afirma que existen en Israel alrededor de 371 iglesias, en cuanto a mezquitas, una fuente cita unas 400. Eso sin contar los centros de culto muy pequeños o privados.
El único país judío, con apertura religiosa y por eso se regalan pinos para Navidad a las embajadas que lo soliciten.
Pero en Europa hay un fenómeno contrario. En los últimos años Europa atraviesa una oleada preocupante de violencia e intolerancia hacia comunidades religiosas: no solo judías, sino también cristianas. Estos musulmanes violentos ¿llega del exterior o se radicalizan en suelo europeo?
Desde 2023, tras la escalada del conflicto en Oriente Medio, diversos reportes muestran un aumento dramático de incidentes violentos y de odio contra judíos en Europa.
Pero no son solo los judíos los que están bajo amenaza: según el más reciente informe del OIDAC Europe (Observatorio de la Intolerancia y Discriminación contra Cristianos), en 2024 se documentaron 2.211 crímenes de odio contra cristianos en Europa —entre agresiones personales, actos vandálicos y ataques a iglesias— y un “brutal aumento” de ataques incendiarios a iglesias.
Los países con más incidentes: Francia, Reino Unido, Alemania, España y Austria.
Los hechos más graves documentados incluyen incendios a iglesias, agresiones directas a creyentes, amenazas y violencia contra monjes, sacerdotes o fieles.
Un claro ejemplo ocurrió en 2023 en España: en la ciudad de Algeciras, un hombre ingresó armado con machete a dos iglesias. Mató a un sacristán, hirió al cura y dejó al menos cuatro heridos. Fue juzgado como un acto de “terrorismo islámico”.
Este año 2025, en Inglaterra, tuvo lugar un atentado contra una sinagoga —un coche embistió a peatones y luego atacó a fieles con arma blanca, resultando varias víctimas. El agresor fue abatido por la policía.
Estos incidentes muestran que la amenaza —sea por odio, radicalización o terrorismo— no es abstracta: se traduce en muertos, heridos, miedo real en comunidades judías y cristianas, y en una sensación creciente de inseguridad.
Aunque en muchos países europeos la mayoría de la población es cristiana, siguen ocurriendo ataques a fieles individuales, a iglesias históricas o parroquias, con fines de odio religioso.
En algunos casos, estos actos van más allá del vandalismo o la discriminación: hay violencia física, quemas intencionales, asesinatos.
En cuanto al origen de los agresores o terroristas, los análisis recientes señalan ambos escenarios: células importadas desde el exterior y radicalización local.
Por un lado, hay redes externas que operan en Europa: por ejemplo, según reportes de inteligencia, algunas redes vinculadas al Hamás han intentado introducir armas en países como Austria para atentar contra objetivos judíos o israelíes.
Pero también existe lo que podríamos llamar “terrorismo doméstico”: jóvenes en países europeos —nacidos allí o con residencia prolongada— que se radicalizan, a veces en soledad, a través de propaganda yihadista, redes sociales o entornos marginales. Esa radicalización “local” ha sido motivo de preocupación para agencias de seguridad.
Esa combinación: redes transnacionales + radicalización individual dentro de Europa, genera un riesgo difícil de prever y controlar, por lo que las autoridades advierten que los planes de ataque pueden venir “de fuera” o de “adentro”.
Qué significa esto hoy para comunidades judías y cristianas
Que el miedo y la inseguridad se han vuelto parte del día a día. Líderes comunitarios —sobre todo judíos— reportan que muchos ya evitan exhibir símbolos religiosos en público por temor.
Es fundamental, de vida o muerte denunciar la violencia. En África hay un devastador ataque a cristianos a manos de musulmanes y el reclamo del mundo es tímido, insuficiente. De manera irresponsable, los líderes europeos compran la imagen islámica de víctima, como ocurre en Gaza.
Obviamente no es todo el islam, pero hay una pequeña, pero poderosa minoría cuyo interés es dominar al mundo, a menos que se les detenga.
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