Diego Sciretta / Para Netanyahu, ¿La Guerra Civil es el precio final del poder?

El primer ministro israeli, Benjamin Netanyahu, asiste a la reunion semanal del gabinete en su oficina en Jerusalen el 3 de septiembre de 2017. (Credito: ABIR SULTAN/AFP/Getty Images)

La pregunta aterradora que hoy siembra el Primer Ministro Benjamin Netanyahu, y que convoca a las voces de la movilización como Hermanos en Armas, Familiares de Muertos y Secuestrados, Ex Secuestrados y el grupo “Crimen Primer Ministro”, es esta: ¿es posible que la guerra civil para él también sea válida para aferrarse al cargo?

Su liderazgo opera bajo el precepto de donde todo vale para aferrarse al poder. Esta obsesión se manifiesta en acciones que solo pueden calificarse de tener un carácter psicopático y que son autodestructivas para el país.

​Las acciones que fundamentan esta acusación son claras y graves: el socavamiento del sistema legal, la purga de líderes de seguridad en plena guerra, la negativa a una investigación imparcial del 7 de octubre, la grave corrupción que involucra a Qatar, y la explotación de los reservistas (Miluim). La imagen de su rostro desencajado en el juzgado no es un mero detalle; sugiere que su estado mental está alterado (sea por psicopatía o por el uso de sustancias), como única explicación a una cadena de decisiones tan temerarias.

Erosión Democrática y Control de la Minoría

​Este impulso por el control total se dirige primero a los pilares de la República. Su gobierno se ha lanzado a un asalto a la independencia de las instituciones, buscando subordinar la Fiscalía y la Corte Suprema. Más aún, está presionando al Presidente de Israel para que le anulen los juicios, violando la ley israelí y constituyendo una presión directa a la futura oposición.

La legitimidad de este ataque es nula, pues se basa en una alianza de coalición que no representa a la mayoría de la población israelí, constituyendo de facto una dictadura de la minoría. El drama se agrava ante la debilidad de la oposición, la cual no logra romper del todo con la “casta dominante”, perpetuando este ciclo de control.

Priorizar la Lealtad sobre la Seguridad Nacional

​Esta misma pulsión por el control se manifiesta con irresponsabilidad durante el conflicto. Hemos visto cómo, en pleno combate, se ha dedicado a socavar o echar al Ministro de Defensa, al Jefe del Ejército (IDF) y a los jefes de los servicios de seguridad, demostrando que la lealtad ciega vale más que la competencia operativa.

La situación ha escalado al punto que, con el aval de Netanyahu, el nuevo Ministro de Defensa ataca permanentemente al Jefe de la IDF e incluso mandó a cerrar la radio del Ejército (Galei Tzahal), minando la moral y la autoridad militar. Peor aún, esta erosión se siente en el campo de batalla: buena parte de la oficialidad y de los soldados del ejército se oponen a su figura, minando la cohesión y la efectividad militar. Como consecuencia directa, se recae todo el esfuerzo militar en la población activa, forzando a los reservistas (Miluim) a extender su servicio por más de 120 días, sacrificando la vida civil sin una estrategia clara ni relevos.

​Fallos Estratégicos y Sombra de Corrupción

La lista de errores estratégicos y corrupción es abrumadora. Más allá de la negativa a establecer una comisión investigadora imparcial sobre el 7 de octubre, el historial incluye graves fallos como la controversia de la venta de submarinos nucleares a Egipto. A esto se suma la gravedad de la corrupción en el seno de sus asesores; sus tratos con Qatar se vuelven incomprensibles para el ciudadano cuando se recuerda que dos de sus asesores personales ya fueron encarcelados por recibir dinero qatarí. Esta prueba irrefutable de que altos funcionarios tienen sueldos pagados por Qatar valida la sospecha de que las decisiones estratégicas están motivadas por el interés personal.

​En el plano internacional, aunque agradecemos el apoyo de los Estados Unidos, el nuevo programa de postguerra preocupa profundamente, pues nos colocaría a un archienemigo en la Franja de Gaza con el potencial despliegue de soldados turcos y otros países musulmanes, una medida que compromete la seguridad nacional a largo plazo.

Finalmente, la gestión de alianzas clave debe ser examinada: la injerencia de Donald Trump en asuntos internos e íntimos del gobierno de Israel es otro de los asuntos que demuestra la subordinación de la política nacional a intereses extranjeros.

Trump ¿un salvavidas de plomo?

Cuestionando si su apoyo fue un salvavidas estratégico o, por el contrario, un salvavidas de plomo que erosionó el apoyo internacional.

​El Límite de la Desesperación

​La pregunta del millón es: ¿cuál es el límite de Netanyahu? La respuesta más oscura es que si fracasa en su intento de anular o suspender sus juicios por medios legales, no dudará en llevar la nación al borde del precipicio.

El balance es claro: este gobierno prioriza su supervivencia personal a la seguridad, la moralidad y la unidad nacional. Es hora de que los ciudadanos, representados por movimientos como los de los familiares de los secuestrados, exijan el fin de esta erosión del Estado antes de que la ambición de un solo hombre provoque, o justifique, la disolución total del país.
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