Diego Sciretta / Odio a los judíos en Chiapas

Mi nombre es Diego Sciretta, y mi vida no se lee en panfletos; se cuenta en batallas. A los 15 años resistí a la dictadura militar argentina; fui voluntario internacionalista en la Revolución Sandinista; fundé en Israel la central obrera Fuerza de los Trabajadores y presidí el movimiento binacional Enemigos por la Paz. Hoy vivo en Sderot, en la frontera con Gaza, y soy sobreviviente del ataque terrorista del 7 de octubre.

 

Toda esta trayectoria de lucha me permite decir, con la autoridad de quien pone el cuerpo, que lo que sucede en la “Art Librería” de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, es una farsa peligrosa. Su director, Gerardo González Miranda, ha instaurado un régimen de apartheid: prohíbe la entrada a judíos e israelíes, sean residentes o turistas que están de visita en el estado.

La farsa del humanismo “progre”

Es el colmo del cinismo que un local que se vende como “librería” y cocina vegana —un espacio supuestamente humanista, artístico y progresista— funcione como una aduana de odio. Este energúmeno, que se esconde detrás de un mostrador para segregar personas por su origen nacional y étnico, no es un revolucionario. Es un idiota, un ignorante y un fascista reprimido.

Mientras yo sigo construyendo puentes por la paz después de haber sobrevivido al horror, él levanta muros de intolerancia en una ciudad que debería ser símbolo de libertad.

A quiénes le cierra la puerta este “salame”

Bajo su lógica segregacionista, Miranda no solo me expulsa a mí. En su ignorancia supina, este salame que hace comida vegana le cerraría la puerta a los arquitectos del pensamiento crítico y la revolución universal. ¿Se atrevería a echar de su local a Karl Marx o a León Trotsky? ¿Le prohibiría la entrada a la gran ideóloga Rosa Luxemburgo o a los referentes del anarquismo judío que dieron su vida por la emancipación obrera?

Si este tipo fuera coherente con su odio, tendría que vaciar sus estantes. No podría recibir a Amos Oz, Albert Einstein, Hannah Arendt, Franz Kafka o Marc Chagall. Al prohibir a los judíos e israelíes, está prohibiendo la esencia misma de la cultura que dice promover. Está haciendo exactamente lo mismo que el fascismo que quemó sus libros en el siglo XX.

Llamado a la acción: Boicot a la cueva del odio

Gerardo: soy más revolucionario que vos. La verdadera revolución busca la unión y la justicia, no la segregación por pasaporte. Tu actitud es un delito contra el Artículo 1º de la Constitución, pero mi respuesta es política y de base.

Hago un llamado al BOICOT total. Ninguna persona democrática, progresista o con un mínimo de dignidad debe entrar, comer o comprar en esa cueva de fascistas disfrazados en Chiapas.

La máscara de “lugar artístico” se le ha caído. El fascismo no se debate, se le combate con el vacío y el desprecio de los que de verdad luchamos por la libertad. Debemos cerrar ese local con la fuerza de la conciencia ciudadana.

San Cristóbal de las Casas debe despertar. El apartheid no tiene lugar en Chiapas.

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