En un contexto global donde los debates sobre inclusión suelen quedarse en el discurso, AKIM Israel aparece como uno de los modelos más avanzados, robustos y transformadores del mundo. Así lo revela Jack (Yaakov) Froilij, director internacional de la organización, un profesional que combina un conocimiento técnico profundo con un compromiso humano palpable desde el primer minuto de esta conversación, en exclusiva.
“La historia de AKIM es ofrecer oportunidades”, resume Froilij. La frase no es un lema institucional; es una descripción precisa del ADN de una organización fundada en 1951, apenas tres años después de la creación del Estado.
Lo que nació como el esfuerzo de una sola familia para darle una vida digna a su hijo con discapacidad intelectual, hoy se ha consolidado como una red nacional que reúne a más de mil profesionales y un número similar de voluntarios, con presencia en 68 sedes a lo largo de Israel. Atiende directamente a más de 35 mil personas con discapacidad intelectual, un impacto que se amplía a alrededor de 140 mil familiares y cuidadores.
AKIM impulsa un cambio de paradigma: dejar atrás los modelos cerrados de atención y crear entornos reales de autonomía. La organización opera viviendas comunitarias donde ya viven 550 personas, apartamentos integrados en la vida cotidiana de distintas ciudades. “La dignidad empieza por vivir como cualquier persona”, afirma Froilij.
El impacto es tan significativo que ha contribuido a la transformación de la sociedad israelí. Froilij recuerda testimonios de décadas pasadas, cuando una persona con discapacidad intelectual era vista con rechazo en los espacios públicos. Hoy, asegura, “Israel ha sufrido una transformación profunda: en las calles, en los trabajos, en las universidades. Todavía queda camino, pero el cambio es real”.
Empleo, ejército, universidades: inclusión donde antes era impensable
Uno de los hitos más admirables de Akim es su apertura de caminos en lugares tradicionalmente inaccesibles:
Trabajo real y remunerado en empresas y hospitales como Ichilov, donde ya laboran 32 personas en puestos genuinos.
El primer programa en la historia que permite a personas con discapacidad intelectual servir en las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). Desde 2006, miles han participado. El resultado es doble: ciudadanía plena y derrumbe de estigmas. “Cuando un soldado convive con un compañero con discapacidad, años después no le resulta extraño verlo en la calle, en un trabajo o en un café”, explica Froilij.
Akim College, una iniciativa de educación superior que ya funciona en 15 campus. Los estudiantes pueden formarse en música, educación, cocina profesional e incluso áreas médicas.
“¿Por qué no darles también la experiencia de caminar por un campus con un café en la mano?”, dice Froilich, sintetizando la visión de igualdad que guía cada programa.
El 7 de octubre y la resiliencia de quienes sostienen al país
La guerra del 7 de octubre puso a prueba a todo Israel, y AKIM respondió con una rapidez y sensibilidad ejemplares. Evacuó a residentes de zonas bajo ataque, habilitó habitaciones seguras, creó un programa digital cotidiano para evitar el aislamiento, proporcionó laptops a familias sin recursos y llevó terapias directamente a hogares y hoteles donde se alojaban evacuados.
Mientras muchos trabajadores abandonaron temporalmente sus labores, las personas empleadas a través de Akim se mantuvieron firmes, especialmente en servicios críticos e instituciones médicas colapsadas por el volumen de heridos. “Mantener las ruedas en marcha fue esencial, y ellas y ellos estuvieron ahí”, destaca Froilij.
Un modelo nacional, inclusivo y completamente apolítico
AKIM opera en todo el país y en todas las comunidades: judías, árabes, drusas, cristianas, musulmanas, seculares y religiosas. Lo hace sin afiliación partidista y con un enfoque que Froilij describe como “unificador”.
La organización también cuenta con un departamento legal único en su tipo, que defiende derechos, promueve legislación, atiende líneas de emergencia en hebreo y árabe, y ha impulsado mejoras salariales históricas para quienes trabajan en el campo de la discapacidad.
Además, AKIM fomenta la voz propia de las personas con discapacidad: cientos participan en grupos de self-advocacy, que han tenido presencia en el Knesset y participan en convenciones nacionales que reúnen a más de 500 personas.
El próximo gran salto, explica Froilij, es el fortalecimiento del modelo de vida independiente, que permite a las personas vivir en apartamentos —idealmente con habitación propia— y gestionar su día a día con apoyos mínimos, tal como cualquier ciudadano.
“No se trata solo de dónde viven cuando estudian o trabajan, sino de cómo pasan las horas en casa, cómo construyen un proyecto de vida, cómo participan realmente en la comunidad”, afirma.
Ese es, quizá, el legado más profundo de Akim: no solo apoyar, sino garantizar que cada persona pueda pertenecer.
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