El Gran Rabino Binyamin Hamra y la memoria viva del judaísmo sirio: el legado que no se apaga
Por décadas, la historia del judaísmo sirio estuvo marcada por el silencio, la prudencia y una resistencia discreta frente a un régimen hostil. Hoy, esa historia vuelve a contarse, no como un ejercicio de nostalgia, sino como un testimonio vivo de liderazgo, fe y responsabilidad histórica. En una reveladora entrevista, el Rabino Binyamin Hamra, Gran Rabino de la Comunidad Judía Siria en Israel, abre una ventana íntima a un pasado complejo y a un presente cargado de desafíos y esperanza.
La conversación tiene un peso simbólico especial: Enlace Judío ya había entrevistado en 2016 a su padre, el legendario Rabino Abraham Hamra z”l, quien fue el Gran Rabino oficial de la comunidad judía en Siria, reconocido incluso por el propio régimen. Hoy, es el hijo quien retoma la palabra, consciente de que hereda, además de un título, una misión.
Un rabino entre gobiernos, comunidades y secretos
El Rabino Binyamin Hamra explica con claridad algo que en Occidente suele pasarse por alto: en los países árabes, el rabino no era únicamente una autoridad religiosa. Era juez, mediador, representante político y, en muchos casos, el único escudo de su comunidad frente al aparato estatal.
Su padre, Abraham Hamra, tenía una autoridad tal que incluso la policía y los servicios de seguridad respetaban y ejecutaban sus decisiones comunitarias. Nada relacionado con los judíos —visas, pasaportes, permisos de salida— ocurría sin pasar por él.
Ese rol fue clave en la histórica salida de los judíos de Siria, culminada a principios de los años noventa en la llamada “Operación Abraham”, un proceso largo, peligroso y lleno de negociaciones secretas que comenzó, según revela su hijo, desde principios de la década de 1980. Casi cinco mil judíos lograron salir de Damasco, Alepo y Kamishli. Cuántos más escaparon antes, gracias a gestiones silenciosas, nadie lo sabe con certeza.
“No hubo un solo judío que saliera de Siria sin que mi padre lo supiera y lo ayudara”, afirma Hamra, citando a quien fuera la mano derecha de su padre. Aun así, muchas de esas historias permanecen ocultas. Incluso la familia descubrió, solo después de su fallecimiento, la magnitud de lo que había hecho.
Una carta a la nueva Siria
Uno de los momentos más actuales y sensibles de la entrevista gira en torno a una carta que el Rabino Binyamin Hamra envió en enero al nuevo líder sirio, Ahmed al-Sharaa, tras la caída del régimen de Assad. En ella pidió explícitamente la protección de los pocos judíos que aún permanecen en Siria y la preservación de los sitios y bienes judíos.
La carta, escrita en árabe, hebreo e inglés, no recibió una respuesta formal, pero sí una confirmación clara: fue leída, apreciada y tuvo impacto. Según intermediarios cercanos al régimen, el nuevo mandatario valoró profundamente el gesto y el contenido, e incluso reconoció que Hamra fue el primero en otorgarle legitimidad al escribirle directamente.
El rabino es cauto. No habla de confianza plena ni de ilusiones apresuradas. Reconoce el pasado yihadista del nuevo liderazgo, señala la necesidad de examinar cada paso con extremo cuidado y subraya que cualquier acercamiento debe anteponer la seguridad del Estado de Israel. “No todo se puede decir, no todo se puede hacer público”, insiste, consciente de la fragilidad del momento.
Después de realizada esta entrevista, se supo que Siria otorgaría una licencia a una organización judía para devolver propiedades confiscadas durante el régimen de Bashar al-Assad. La Fundación para la Herencia Judía en Siria, dirigida por Henry Hamra, (primo de Binyamín Hamra) trabajará para inventariar, devolver y restaurar propiedades y lugares sagrados judíos. Un grupo judío, incluyendo rabinos israelíes, visitó sinagogas en Alepo, donde el gobernador prometió ayudar a restituir las propiedades.
Crecer como judío en un país hostil
Nacido en Siria, Hamra describe una infancia marcada por el miedo constante: miedo a hablar, a responder una pregunta incorrecta, a llamar la atención. Relata anécdotas estremecedoras, como la educación de los niños para responder siempre “no sé” ante cualquier interrogatorio, incluso frente al jefe del servicio secreto. Recuerda también atentados contra sinagogas, disturbios cada vez que Israel entraba en guerra y una vida bajo vigilancia permanente.
Y, sin embargo, en medio de ese miedo, florecía una comunidad extraordinariamente unida. “Una unión que hoy no existe ni siquiera en Israel”, dice con nostalgia. Familias entrelazadas, respeto absoluto a los mayores, festividades vividas como una sola familia extendida. Un judaísmo fuerte, cohesionado, casi blindado por la propia solidaridad interna.
Quizá el momento más revelador llega cuando Hamra recuerda lo que altos funcionarios del Mossad dijeron a la familia tras la muerte de su padre: “Nunca sabrán todo lo que hizo, pero deben saber que muchos judíos le deben la vida”. No es una frase menor. Viniendo de exdirectores del Mossad, es una definición histórica.
Efraim Halevi, exjefe del Mossad, llegó a declarar públicamente que el Rabino Abraham Hamra fue “uno de los grandes héroes del pueblo de Israel”, porque supo hacer lo que otros no podían: moverse con inteligencia, humanidad y visión dentro del corazón mismo de un régimen enemigo.
México, la diáspora y el futuro
El Rabino Binyamin Hamra dedica palabras especialmente cálidas a la comunidad judía de México, a la que visitó recientemente por primera vez. Habla con admiración de su unidad, sus instituciones sólidas y su liderazgo rabínico. Y contrasta esa realidad con una herida abierta: la debilidad institucional de la comunidad siria en Israel.
Su sueño —y su proyecto— es claro: construir un gran centro comunitario en Israel que conecte a las comunidades sirias del mundo (México, Estados Unidos, Brasil, Panamá, Argentina) y devuelva a Israel un liderazgo comunitario fuerte, con educación, tradición y orgullo identitario.
La entrevista cierra con una enseñanza que resume toda una vida: “Es mejor un buen nombre que un buen aceite. El aceite puede hundirse en las cenizas, explica Hamra citando a su padre; el buen nombre, incluso enterrado, vuelve a emerger con el tiempo.
Hoy, el nombre Hamra vuelve a escucharse con fuerza. No como un recuerdo lejano, sino como un hilo vivo que une la memoria con la responsabilidad y el futuro del pueblo judío. En un Medio Oriente marcado por tensiones persistentes, la voz del Rabino Binyamin Hamra invita a detenerse y a recordar que hay historias que no deben olvidarse y caminos que, aun recorridos en silencio, necesitan seguir adelante.
Aquí, la entrevista al rabino Abraham Hamra Z”L, padre de Binyamín Hamra:
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