Rabino Yosef Bitton / Vaerá: ¿Pueblo o familia?

Este miércoles pasado estaba yendo por la mañana a mi “Town Minyan”, uno de los 10 minyanim de nuestra comunidad. Este Minyán no está donde reside la comunidad: está en un edificio de oficinas, pegado a la estación de tren de Great Neck. Funciona solo para Shajarit de días de semana, y está pensado para los hombres que trabajan en Manhattan y a quienes les resulta muy cómodo rezar al lado del tren. Es el único Minyán en esa área.

Cuando estaba llegando, vi en la esquina, justo antes de doblar, a una pareja de Yehudim, de unos 50 años. Eran alrededor de las 7 de la mañana, en una fría mañana de NY. Estaban allí con una valija de mano, de esas que se arrastran. Al doblar con mi coche, me di cuenta de que estaban totalmente desorientados, decidiendo si cruzaban a la derecha, a la izquierda o en diagonal. Algo no estaba bien.

No podía parar, así que doblé a mi derecha y me quedé allí en doble fila. Abrí la ventanilla y les grité: “¿Necesitan algo?” No me escucharon. No era prudente quedarme allí porque los coches doblaban y era peligroso, así que empecé a manejar despacito. Justo en ese momento vi a Mark K., un joven de nuestra comunidad que estaba viniendo al Minyán. Abrí la ventanilla y le pedí, por favor, que se les acercara y les preguntara si necesitaban ayuda.

Mark les preguntó en inglés si los podía ayudar y ellos le contestaron en hebreo que buscaban un Minyán. Mark, con su hebreo rudimentario, les dijo que vinieran con él y los acompañó hasta nuestro Minyán.

Yo no sabía qué pensar sobre esta pareja. Recibimos todo el tiempo shelijim que vienen de Israel u otros países a recolectar tzedaká, y pensé que tal vez era eso. Pero no entendía por qué alguien vendría con su esposa, que tuvo que quedarse en el pasillo de afuera, porque adentro no tenemos lugar para mujeres.

Nadie les prestó atención especial, porque todos asumimos que era un shaliaj más. Justo ese día llegó el Rab Altman, que visita nuestro Minyán una vez por año. Vi que se acercó a este señor y se puso a hablar con él. Luego, el Rab Altman vino hacia mí y me dijo que conocía a ese señor, que era de Ofakim, y que estaba aquí porque su hijo estaba internado en un hospital de Great Neck, esperando un trasplante de hígado.

Después de la Tefilá le hablé y fui enterándome de más detalles. Me contó que estaba desde el jueves pasado en el hospital con su esposa, durmiendo allí en los sillones del hospital junto a su hijo y que no se habían movido de su lado. Los invité a mi casa a desayunar.

En el camino me explicó que su hijo se había casado hacía un año, que ya le habían hecho un trasplante de un segmento, pero que ahora necesitaban hacer un trasplante total de hígado. Una organización de Jésed, Highlife, los había traído desde Israel con urgencia: al padre, al hijo, a la joven esposa del hijo y a su propia esposa, y estaban esperando un donante.

Una vez en casa, mi esposa les preparó un desayuno que disfrutaron con gusto y luego los llevó en coche hasta al hospital. Los invitamos a cenar. La esposa nos contó que habían salido del hospital esa mañana porque el esposo estaba desesperado por rezar en Minyán y que, antes de que Mark los encontrara, habían deambulado por Great Neck durante casi media hora.

Disfrutaron con mucho gusto una comida casera, luego de que por varios días solo habían comido pastelitos empaquetados que hay en el cuarto de Bikur Jolim del hospital. Nos contaron más detalles: viven en Ofakim, son Litaim, aunque visten como jasidim. Tienen, Baruj HaShem, 13 hijos; el más pequeño es un bebé. Y el que está aquí, es el mayor. De parte del padre, la familia es la novena generación viviendo en Israel, algo no muy común. Descienden del Jatam Sofer. De parte de la mamá, son de ascendencia húngara, sobrevivientes de la Shoá. No parecía que tuvieran recursos para estar en un hotel.

Luego de la cena, mi esposa y yo nos pusimos a conversar y nos dimos cuenta de que teníamos una oportunidad extraordinaria de hacer Hajnasat Orjim: recibir huéspedes.

Nos pusimos a pensar que Hajnasat Orjim, recibir invitados en casa, no es común hoy en día. Siempre invitamos gente a pasar Shabbat o a cenar, pero esas personas, tienen su propia casa y no necesitan albergue o comida. El recibir invitados hoy tiene un gran valor espiritual y educativo, pero no es el Hajnasat Orjim de Abraham Abinu. El Hajnasat Orjim original es asistir con comida y albergue a alguien que no está en su casa, que está de paso, en el camino.

Les recuerdo algo muy importante y no muy conocido: la palabra OREAJ, que en hebreo significa huésped, viene de ORAJ, que significa camino. El OREAJ por excelencia no es un “invitado”, es un caminante, un viajero, que necesita de la hospitalidad de alguien que le dé comida y un lugar digno para dormir. Y eso era exactamente lo que estaba ocurriendo con esta pareja de Ofakim.

Al otro día, jueves, viajábamos a Israel. Y si bien los conocíamos desde solo unas horas, decidimos con mi esposa invitarlos a dormir en nuestra casa esa noche y también dejarles nuestra casa mientras estamos en Israel.

No les cuento todo esto para atribuirme ningún mérito. Lo mismo que mi esposa y yo hicimos por ellos, ellos lo hubieran hecho por nosotros en Ofakim. Y así hubiera ocurrido con cualquier yehudí, en cualquier lugar del mundo.

Y esta es la gran hermosa lección que quiero compartir: a pesar de que nos conocimos hace solo unas pocas horas, los Yehudim, en cualquier lugar del mundo en el que estemos, nos conectamos de inmediato. No se trata de ser de la misma religión: es algo mucho más profundo y precioso. En cuestión de horas, o a veces minutos, los Yehdim literalmente, “nos familiarizamos”= nos tratamos unos a otros como hermanos.

Podremos ser el pueblo más chico de la tierra… pero somos la familia más grande del mundo.
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