El creador se revela a Moshé.
Resumen de la Parashá Vaerá, Éxodo 6:2-9:35
El creador se revela a Moshé. Utilizando las “cuatro expresiones de redención”, El promete sacar a los Hijos de Israel de Egipto, redimirlos de su servidumbre, para después adquirirlos como Su pueblo elegido en el Monte Sinaí; luego El los llevaría a la tierra que le prometió a los patriarcas como su eterno legado.
Moshé y Aarón hablan con el Faraón repetidas veces para demandarle, en nombre de Di-s, “Deja salir a Mi pueblo, para que me sirvan en el desierto”. El Faraón se niega en todas las veces. El bastón de Aarón se vuelve una serpiente y se traga los bastones mágicos de los brujos egipcios. Di-s envía una serie de plagas sobre Egipto.
Las aguas del río Nilo se vuelven sangre; una plaga de ranas asota la tierra; piojos infestan todos los hombres y bestias; hordas de animales salvajes invaden las ciudades; la peste mata a los animales domésticos; dolorosas ampollas afligen a los egipcios. Para la séptima plaga, fuego y hielo se combinan para descender del cielo como una lluvia devastadora. Aún, “el corazón del Faraón se endureció y no dejaba a los Hijos de Israel ir, como Di-s había dicho a Moshé”.
Hay un momento en la historia en que el pueblo de Israel deja de gritar.
No porque haya paz…
sino porque el dolor se volvió rutina.
La Parashá Vaerá nos enfrenta a una pregunta dolorosa:
¿Cuándo la paciencia deja de ser una virtud y se convierte en una cadena?
En Vaerá, Dios se revela a Moshé con una promesa clara:
“Yo los sacaré de Egipto, los redimiré y los liberaré”.
Pero algo inquietante ocurre.
El texto dice que los israelitas no escucharon a Moshé.
¿Por qué?
La Torá es brutalmente honesta:
“Por la corta respiración y el duro trabajo”.
El Rabino Jonathan Sacks explica que la esclavitud no solo oprime el cuerpo, sino que asfixia el alma.
Cuando una persona vive demasiado tiempo sometida, pierde la capacidad de imaginar la libertad.
Aquí aparece una palabra clave en hebreo: סבלנות – sablanut.
Viene de la raíz סבל – “cargar un peso”.
El Rabino Samson Raphael Hirsch advierte algo fundamental:
No toda paciencia es sagrada. A veces es solo costumbre al sufrimiento.
Egipto no se sostenía solo con látigos.
Se sostenía con una cultura que decía:
“Así es la vida. Aguanta. No hay alternativa.”
Y eso es lo más peligroso de toda esclavitud:
cuando el oprimido empieza a justificar al opresor.
Las diez plagas no son solo castigos.
Son lecciones psicológicas y morales.
El Rabino Abraham Joshua Heschel señala que las plagas buscan romper la idea de que el mal es normal.
Cada plaga dice:
Esto no es natural. Esto no es aceptable. Esto no es eterno.
Dios no le pide al pueblo más paciencia.
Le pide que deje de tolerar lo intolerable.
Vaerá no habla solo de Egipto.
Habla de cualquier sociedad, sistema o relación donde se glorifica la paciencia para evitar el cambio.
Hay momentos en que esperar es sabiduría.
Pero hay otros en que esperar es rendirse.
La libertad comienza cuando uno reconoce que no nació para cargar cadenas…
ni siquiera con paciencia.
La pregunta que deja Vaerá no es histórica.
Es personal:
¿Qué esclavitud estás tolerando hoy en nombre de la paciencia?
Imágenes cortesía
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