El Estado de Israel fue fundado con un solo objetivo: Ser un hogar nacional para el pueblo judío.
Sin embargo, desde el día de su creación el 14 de mayo de 1948, el estado judío se ha visto en la necesidad de defender su existencia, tanto de los palestinos locales que se negaron a coexistir, como de los países árabes vecinos.
Pero el desafío que Israel enfrenta hoy no tiene nada que ver con el terrorismo ni con un enemigo externo, sino con su propia composición interna ¿De qué se trata?
Cuando el estado de Israel se formó, 150,000 árabes quedaron dentro de las fronteras del nuevo país judío, por lo que David Ben Gurión tomó la decisión de darles la ciudadanía a todos esos árabes y continuar atendiendo los enormes desafíos que enfrentaba en el momento.
Desde entonces, Israel ha sido una democracia plena, y eso significa que todos sus ciudadanos —judíos, musulmanes o cristianos — tienen derecho a votar, a formar partidos políticos y a participar en la vida política en todas sus formas, una democracia que es digna de admirar, pero que, en este caso, también es un arma de doble filo, pues representa un gran peligro para la identidad judía del país.
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