Israel reabrió por completo el lunes el cruce fronterizo de Rafah, que conecta Gaza con Egipto, permitiendo el tránsito peatonal tras una jornada previa de apertura piloto limitada destinada a resolver problemas logísticos imprevistos.
La habilitación inicial del domingo, de alcance reducido, facilitó la salida de un pequeño grupo de palestinos del enclave y el regreso de algunos gazatíes que habían abandonado la Franja durante la guerra. Esa fase de prueba tuvo como objetivo ajustar los procedimientos sobre el terreno entre funcionarios israelíes, representantes de la misión europea EUBAM y autoridades palestinas, en el marco de una operación considerada compleja y de gran escala.
Con la apertura plena del lunes, se espera que el cruce funcione al máximo de su capacidad conforme a los términos del alto el fuego impulsado por el presidente Trump. No obstante, la reapertura contempla restricciones. Israel exige controles de seguridad para los palestinos que entren o salgan de Gaza, especialmente en posibles desplazamientos hacia Jerusalén. Por su parte, Egipto también impondría límites no anunciados al número de viajeros diarios, aunque fuentes apuntan a que la cifra autorizada será significativa.
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Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) detallaron la semana pasada el esquema de supervisión previsto para el cruce. Según el plan, la misión europea EUBAM asumirá la responsabilidad principal de los controles fronterizos tanto de entrada como de salida, con participación palestina. Tras el control europeo, las FDI llevarán a cabo una segunda inspección física a quienes ingresen en Gaza. Para quienes salgan hacia Egipto, el ejército israelí no realizará revisiones físicas, aunque registrará sus rostros mediante sistemas de videovigilancia.
Además, fuentes militares recomendaron que, pese a la transferencia de información al comité tecnocrático palestino, a la EUBAM y a las fuerzas de seguridad israelíes, el ejército mantenga presencia en el Corredor Filadelfia, la franja adyacente al cruce, evitando una retirada total de esa zona estratégica.
Israel cerró completamente Gaza en las primeras semanas de octubre de 2023, tras la incursión de Hamás en el sur del país, que desencadenó la guerra. Posteriormente, permitió la apertura parcial de algunos pasos para facilitar la entrada de ayuda humanitaria y presionó a Egipto para que reactivara Rafah. Sin embargo, El Cairo mantuvo cerrado el cruce al inicio del conflicto, que Israel interpretó como intento de forzar a Jerusalén a asumir en solitario la responsabilidad del suministro humanitario y como protesta por la ofensiva israelí contra Hamás.
En mayo de 2024, Israel tomó el control del lado gazatí del cruce. Desde entonces y hasta el alto el fuego definitivo alcanzado en octubre de 2025, las negociaciones entre Jerusalén y El Cairo sobre su reapertura no lograron un acuerdo permanente, aunque el paso operó de forma limitada durante la tregua temporal entre enero y marzo de 2025. Uno de los principales desacuerdos fue la participación de la Autoridad Palestina en la gestión del cruce, condición exigida por Egipto y rechazada inicialmente por Israel, que ahora la permite de manera restringida.
Según autoridades palestinas, alrededor de 100.000 personas han abandonado Gaza desde el inicio de la guerra, la mayoría en los primeros nueve meses del conflicto. Mientras algunos lograron salir con apoyo de organizaciones humanitarias, otros recurrieron al pago de sobornos en Egipto para obtener autorización. El cierre prolongado de Rafah bloqueó además una vía crucial para que heridos y enfermos accedieran a tratamiento médico en el extranjero.
Aunque Israel permitió que miles de palestinos recibieran atención en terceros países a través de su territorio durante el último año, Naciones Unidas sostiene que miles más aún requieren evacuación médica.
Pese a la reapertura, Israel continúa restringiendo la entrada de periodistas extranjeros e israelíes a Gaza y exige supervisar sus desplazamientos. La cuestión llegó al Tribunal Supremo israelí tras una petición de la Asociación de Prensa Extranjera, que reclama acceso ilimitado y sin acompañamiento militar. El gobierno argumenta que permitir la entrada sin restricciones podría poner en riesgo a soldados y reporteros, si bien ha matizado estos argumentos ante la vigencia del alto el fuego.
Mientras tanto, cerca de dos millones de palestinos en Gaza sobreviven en condiciones precarias, muchos en campamentos improvisados y entre los escombros de ciudades devastadas por más de dos años de conflicto.