Los reacomodos globales siguen a todo vapor, y por primera vez en la historia moderna sólo un país está dictando la ruta: Los Estados Unidos.
Las importaciones de China a los Estados Unidos han caído a los niveles de 2001; Rusia ha propuesto volver a usar el dólar en vez de los Brics; funcionarios estadounidenses les dicen “ilegítimos” a los actuales gobernantes de Venezuela, en sus narices, y de todos modos son agasajados y homenajeados en Caracas; el petróleo venezolano vuelve a venderse a Israel; Cuba está a punto del colapso total por la falta de combustible; Irán se aferra a tratar de convencer a Estados Unidos de no negociar nada importante sino hasta dentro de tres años, cuando ya no esté Trump (no lo va a lograr).
El presidente de los Estados Unidos convoca a varios países latinoamericanos a una cumbre en Miami para establecer los criterios mediante los cuales se le pondrá un alto a la influencia China en América Latina y la ONU llora por la pérdida del financiamiento estadounidense y advierte que está a punto de quebrar.
El mundo está cambiando ante nuestros ojos a una velocidad impresionante, y todo por la determinación de un grupo de políticos dirigidos por el presidente Donald Trump.
¿Qué fue lo que sucedió? Sencillo: Los Estados Unidos de Norteamérica se acordaron de que son el país más poderoso del mundo, y —para bien o para mal, según cada quien quiera verlo— empezaron a comportarse como tal.
Decidieron ponerle fin a la época en la que, justo por ser los más ricos, se dejaban estafar por todo mundo, y luego odiar, y hasta destruir. Se hartaron del discurso de que la cultura occidental y sus valores son malos por definición. Se cansaron de que Europa y China comerciaran con ellos de manera descaradamente desleal y ventajosa.
Es curioso que sólo bastó que Trump ordenara detener el flujo de dólares estadounidenses, y de inmediato todos empezaran a entrar en crisis. China trató de oponer resistencia, pero no ha tenido mucho éxito con ello.
Europa quedó exhibida como un continente que hace mucho dejó de ser productivo e innovador. Rusia sigue atrapado en la trampa que ellos mismos se tendieron. Y América Latina simplemente ya no tiene modo de decirle que no a los Estados Unidos en nada, absolutamente nada.
El mundo está cambiando ante nuestros ojos, y son los Estados Unidos los que van a decidir cómo.
En la periferia, todo parece indicar que sólo un país ha entendido plenamente eso, y se comporta del modo correcto para acomodarse favorablemente a los nuevos vientos.
Y sí, por supuesto.
Es Israel.
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