La exrehén Arbel Yehud reveló en una entrevista al Canal 12 que intentó suicidarse varias veces mientras estuvo cautiva por terroristas palestinos en Gaza, pero finalmente decidió no hacerlo luego de que sus captores le mostraron un video de una protesta en Israel donde vio su rostro en un cartel, y comprendió que la gente luchaba por ella.
En otra entrevista, Yehud indicó que sufrió agresiones sexuales casi a diario, entre otros abusos que sufrió estando sola y aislada durante todo el cautiverio.
“Una vez, poco antes de mi liberación, vi imágenes de un dron desde la Plaza de los Rehenes en Tel Aviv. Vi a gente con carteles de personas que no conocía, y de repente vi carteles de personas que sí conocía. Vi un cartel de Ariel [Cunio] y otro de mí, carteles de gente del kibutz. Desde ese momento, no intenté quitarme la vida allí”.
“Esa fue la última vez que lo intenté. Traté de suicidarme al menos tres veces. Cuando vi las imágenes del dron y comprendí que personas que no conozco luchan por mí como si fuera su hermana o hija, sentí el deber de regresar con Ariel y mi familia, pero también con quienes luchan por mí”.
Ariel Cunio y Arbel Yehud fueron secuestrados de su casa en el Kibutz Nir Oz durante la invasión del sur de Israel liderada por Hamás el 7 de octubre de 2023, que desencadenó la guerra.
Yehud fue liberada tras 482 días en cautiverio durante una tregua en enero de 2025. Cunio fue liberado como parte del acuerdo de alto al fuego entre Israel y Hamás alcanzado en octubre del mismo año.
En la entrevista junto a Arbel, Ariel Cunio habla del terror de su secuestro y de su separación al entrar a Gaza.
“Le dije: ‘Lo más importante es que estemos juntos. Mientras no nos separen, estaremos bien’. Media hora después, sucedió”, relató Cunio. “Pasó tan rápido que ni siquiera tuve tiempo de decirle ‘Te amo, sé fuerte'”.
“No pude despedirme de él, no logré ver sus ojos”, agregó Yehud.
Si bien muchos de los 251 rehenes fueron mantenidos juntos en pequeños grupos por Hamás, Arbel y Ariel fueron retenidos por la Yihad Islámica Palestina, que los mantuvo separados y solos.
Cunio describió el aislamiento durante su cautiverio. “Estuve completamente solo durante dos años, nunca vi a un solo secuestrado ¿Alguna vez te has preguntado si verás el amanecer mañana?”.
Comentó que, tras su secuestro, fue llevado a un edificio residencial, antes de ser trasladado a un espacio bajo el techo de una tienda.
“Estuve allí unos tres meses y medio, encorvado todo el tiempo, con ratones y cucarachas a mi alrededor, y sentado en un colchón todo el día. Las ventanas y la puerta estaban cerradas todo el día. Por el calor, ni siquiera tenía aire para respirar. Aunque no estaba bajo tierra, no tenía aire. Me sentía sofocado, el calor era tan intenso que sudaba sin parar durante meses. Estabas sucio, la piel se puso negra, tenía sarpullido en todo el cuerpo, de pies a cabeza”.
Además, al estar retenido sobre una calle concurrida, tenía que guardar silencio todo el tiempo; de lo contrario, lo amenazaban con entregarlo a Hamás y obligarlo a entrar a los túneles.
Cartas y notas
Cunio contó que, tras insistirles repetidamente a sus captores para que le dieran información sobre Arbel, le dijeron que escriba una carta, que finalmente se la entregaron, lo que les permitió mantener correspondencia durante varios meses.
Arbel dijo que se quedó impactada al recibir la primera carta y que sus captores le dijeron que Ariel “los volvía locos”.
“Escribió mucho sobre el amor que nos une, lo que nos sucedía cada día, nuestras condiciones, intentando tener una idea de lo que sucedía afuera”, dijo en la entrevista. “En la última carta me escribió que se enteró de una masacre en Nir Oz y debemos mantenernos fuertes ante lo que descubriremos cuando salgamos, porque no sabemos nada. No sabemos si nuestra familia está viva, quién está muerto, quién fue secuestrado”.
Sin embargo, no pudieron mantener la comunicación. Yehud describió cómo las cartas se reducían, “es decir, se convirtieron en una pequeña nota como esta: ‘Estoy bien, te amo’“, ya que no le permitían escribir más.
“Me dijeron: ‘No más cartas, no preguntes más por él'”, continuó Yehud. “‘Te mataremos, lo mataremos’. Eso es todo”.
“No somos las mismas personas y aún estamos tratando de encontrar nuestro nuevo camino como pareja”, dijo.
En otra entrevista con The Daily Mail, Yehud describió su angustiosa liberación y su temor de que, incluso mientras la liberaban, fuera capturada por otras bandas en Gaza.
Yehud fue una de las siete rehenes entregadas durante un largo proceso en Khan Yunis, en el sur de Gaza. Fue una de las ceremonias de entrega más caóticas, en la que ella y Gadi Mozes desfilaron entre una multitud enfurecida, que incluía a cientos de hombres armados y enmascarados.
Se vieron obligados a caminar entre la multitud, con hombres armados a su lado, desde los vehículos que los entregaron hasta los de la Cruz Roja, en escenas que provocaron la indignación de Israel.
“Recuerdo salir y ver ese mar de diademas verdes. Era la única mujer. Mi mente intentaba procesar: ¿soy libre? ¿Pero aún estoy rodeada de ellos? Estaba aterrorizada, pero sabía que tenía que sobrevivir. Pensaba en Ariel; tenía que volver con él”.
Yehud también habló de la dificultad de hablar de sus experiencias desde su liberación y de cómo se inspiró en otras exrehenes.
Comentó que no había podido escuchar las historias de otros sobrevivientes, pero eso cambió cuando Romi Gonen reveló en una entrevista reciente que fue agredida sexualmente repetidamente por terroristas antes de ser trasladada a un lugar subterráneo con otros rehenes.
“Me sentí diferente. Fue difícil para mí, pero al final decidí escuchar su entrevista. Me di cuenta de que lo que Romi describe es lo que yo pasé casi todos los días en cautiverio”.
Además, Yehud cuenta que sufrió interrogatorios, intentos de conversión forzada y hambre.
Aún no puede hablar de muchas cosas “porque fue mucho tiempo, y las cosas que viví, las viví de principio a fin, así que están en una caja sellada”, dijo al Canal 12.
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