Dice el Talmud:
“El mundo se sostiene solo por el aliento de los niños de la escuela.”
(Shabat 119b)
La educación, la cultura, los valores, lo son todo.
Hoy, en Afula, vi a chicos convertirse en soldados.
Pero lo que más me marcó no fue la fuerza, la resistencia sobrehumana después de caminar toda la madrugada casi 60 kilómetros …
Lo que me marco fue la ausencia total de odio.
Hoy estuve en Afula.
No en un mitin político.
No en una protesta.
Estuve en la ceremonia de la boina de la unidad Brigada Kfir de las Fuerzas de Defensa de Israel.
Y salí pensando en algo que casi nadie dice.
Hoy en Afula vi jóvenes agotados, llenos de polvo, después de meses de entrenamiento brutal. Vi familias emocionadas. Vi madres llorando. Vi padres abrazando con fuerza.
Lo que no vi fue odio.
En la ceremonia nadie mencionó al enemigo.
Nadie gritó consignas contra Gaza.
Nadie habló de destruir ciudades.
Nadie quemó banderas.
Y eso, en Medio Oriente, no es un detalle menor.
La boina no simboliza venganza.
Simboliza responsabilidad.
En la tradición militar israelí, desde la fundación del Estado en 1948, el mensaje es único: el ejército no se creó para conquistar, sino para defender. Incluso el nombre lo dice: Fuerzas de Defensa de Israel.
En la ceremonia de Kfir, especializada en antiterrorismo y cuyo nombre significa cachorro de león, no se celebró la muerte.
Se celebró la disciplina.
La resistencia.
La capacidad de proteger a civiles.
Mientras en otras latitudes vemos desfiles donde se pisan banderas, se prometen masacres y se educa a niños para soñar con la destrucción del otro, aquí el discurso fue distinto.
El comandante habló de valores.
De compañerismo.
De sacrificio.
De la obligación moral de actuar con pureza de armas.
Y eso es algo profundo.
Porque la diferencia no es solo militar. Es cultural.
Hay culturas que glorifican la destrucción del enemigo como objetivo supremo.
Y hay culturas que ven la fuerza como una carga, no como un trofeo.
Hoy, en Afula, nadie necesitó mencionar a Hamás.
Nadie necesitó nombrar a Irán o Hezbolá.
Nadie necesitó gritar consignas.
La identidad no se construyó contra alguien.
Se construyó a favor de algo.
A favor de proteger hogares.
A favor de garantizar que las familias que estaban ahí puedan seguir viviendo con seguridad.
Eso es lo que simboliza la boina de Kfir: no odio, sino deber.
Y en una región donde el ruido suele ser de amenazas y destrucción, el silencio sobre el enemigo dice más que mil discursos incendiarios.
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