“Derrama tu ira sobre las naciones que no te reconocen, y sobre los reinos que no invocan tu nombre. Porque han devorado a Yaakov y han asolado su morada. Derrama sobre ellos tu furor, y que tu enojo los alcance. Persíguelos con indignación y destrúyelos de debajo de los cielos del Eterno”.
I. Origen histórico y desarrollo litúrgico
Shefoj Jamatjá fue incorporado a la Hagadá recién en la época de los Gueonim (589–1038), como consecuencia de los acontecimientos que desembocaron en la Primera Cruzada, que golpeó duramente a las comunidades judías de Europa Occidental en 1096. Aquella fue una época trágica, en la que los judíos fueron perseguidos por quienes pretendían imponer sus creencias a sangre y fuego, con el propósito de borrarnos de la faz de la tierra. No podían tolerar nuestra firmeza al negarnos a aceptar su interpretación de las Escrituras.
Una de las explicaciones tradicionales para la apertura de las puertas durante su recitado sostiene que así se podía comprobar si sicarios o esbirros del gobernante de turno acechaban para acusarnos de transgredir la prohibición de celebrar el Séder y rememorar nuestro Éxodo. Otra interpretación afirma que abrimos nuestras puertas para que nuestras palabras sean audibles a los vecinos, pues expresamos la esperanza de que el profeta Eliyáhu vendrá a anunciarnos la redención.
II. Testimonios textuales y evolución
Al estudiar la historia, descubrimos que Shefoj Jamatjáno aparece ni en el Talmud ni en los escritos de los Gueonim, ni figura en los rituales de nuestros grandes maestros, tampoco en Rashí (fallecido en 1105) ni en Rambam (fallecido en 1204). La fuente más antigua conocida es el Majzor Vitry, compuesto por un discípulo de Rashí; a partir de allí surgieron versiones con pequeñas variaciones. Manuscritos posteriores añadieron más versos, que luego fueron reducidos cuando provocaron reacciones hostiles entre los vecinos de aquellas comunidades. Era evidente que se daban por aludidos.
Como ocurre con otros textos litúrgicos, es posible que la práctica comenzara de manera espontánea entre individuos, como una necesidad psicológica y teológica, antes de incorporarse formalmente a los libros rituales.
III. Ubicación en el Séder y su marco
El lugar asignado para su recitación dentro del Séder fue justo antes de verter la cuarta copa y de iniciar la segunda parte del Halel, que comienza con el Salmo 115 (“Lo lanu”), centrado en los pueblos que adoran ídolos. Los demás capítulos del Halel son interpretados por los amoraítas, en el Talmud (Pesajim 118a), como alusiones a diversos momentos escatológicos:
- Tejiyat hametim — la resurrección de los muertos
- Jevlé Mashíaj — las tribulaciones previas a la llegada del Mesías
- Shibud maljuyot — la servidumbre bajo gobiernos extranjeros
- Miljemet Gog Umagog — la guerra escatológica mencionada por los profetas
Algunos Rishonim —entre ellos Meiri y Ritva— justifican la recitación de Shefoj Jamatjá basándose en que una de las interpretaciones de las Cuatro Copas sostiene que simbolizan las copas de ira que, en su momento, el Todopoderoso hará beber a las naciones (Talmud de Jerusalén, Pesajim 10:1; Bereshit Rabá 88:5). Así, aun cuando esta no haya sido la razón original para su incorporación, resulta apropiado recitarlo en una de las secciones vinculadas a las cuatro copas.
La asociación con el profeta Eliyáhu expresa el anhelo eterno de una era mesiánica de paz, justicia y sanación.
IV. Resonancias contemporáneas
En nuestros días abrimos las puertas movidos por la necesidad de responder a ambos impulsos: justicia y esperanza. Los crímenes contra la humanidad que seguimos presenciando y padeciendo —violaciones masivas, torturas, limpiezas étnicas, destrucción de poblaciones y ciudades— claman por un castigo justo que excede nuestra limitada capacidad humana.
Nuestro anhelo de paz, de sanación de la tierra, del cuerpo y del espíritu, continúa trayendo a nuestros labios la melodía esperanzada de Eliyáhu Hanaví y de la profetisa Miriam, gracias a quien el pueblo recibió agua en el desierto. Con esa melodía tendemos un puente entre nuestras aspiraciones para el futuro y nuestro compromiso con el presente.
Celebramos Jag Hamatzot recordando la antigua redención de Egipto, y también nuestro anhelo de que se concrete el otro polo de la historia judía. Deseamos, con una urgencia casi desesperada, que la redención final de la experiencia humana se manifieste ante nuestros propios ojos.
En estos tiempos, cuando naciones y grupos han renovado el intento de exterminarnos —derramando sangre judía, dam hayehudí hashafuj, y encontrando adeptos que repiten falsedades hasta creerlas—, tal como ocurrió en tantos episodios de persecución, tenemos la obligación moral y espiritual de pedir al Supremo Creador que haga justicia.
Conviene recordar las palabras del Salmo 137, que reúne tanto el lamento “Junto a los ríos de Babilonia” como el juramento de fidelidad que inspira al moderno Estado de Israel:
“Si me olvidare de ti, Jerusalén, pierda mi diestra su destreza, mi lengua se pegue a mi paladar si de ti no me acordare… si no enalteciere a Jerusalén como preferente motivo de mi alegría.”
Nosotros, los judíos, hemos conocido expulsiones, pogromos, autos de fe y, por supuesto, la maquinaria asesina del nazismo.
V. Hacia una lectura redentora
Shefoj Jamatjá nos ofrece la posibilidad de encauzar la ira ancestral hacia una visión opuesta y superior, fundada no en el rencor sino en la esperanza. Quizás la era mesiánica abra un tiempo más liviano para nosotros y para todo el universo, un tiempo en el que ser judío no implique cargar con el peso insoportable de una ira no resuelta. Un tiempo en el que no necesitemos una violencia catastrófica para alcanzar la paz.
Anhelamos una redención absoluta: para nosotros y para todos los pueblos sometidos por asesinos sedientos de sangre judía.
Solo entonces podremos celebrar Pesaj en toda su plenitud.
VI. Conclusión
Que la memoria de la liberación antigua ilumine la redención futura.
Que la justicia del Creador restaure lo que la crueldad humana ha quebrado.
Que la esperanza, más fuerte que la espada, abra el camino hacia días de paz.
Que el canto de Eliyáhu y de Miriam nos acompañe hasta que la redención sea completa.
Jag Casher Vesameaj,
Yerahmiel
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