Pésaj bajo fuego: ¿Cómo celebran el Seder los soldados en el Líbano?

Esta noche, mientras las ciudades de Israel encienden sus luces para el Seder, miles de hombres y mujeres no estarán sentados en sillas cómodas, sino en búnkeres, puestos de avanzada en el Líbano o vigilando los cielos.

Este Pésaj, la “Fiesta de la Libertad” tiene un sabor amargo de pólvora y tierra. Para el soldado que sostiene un fusil en una mano y una matzá en la otra, la libertad no es una historia del pasado; es la misión que lo mantiene despierto. Pero hoy, la mesa tiene ausencias que pesan más que nunca: los compañeros que perdimos bajo la lluvia de misiles de Irán y aquellos que cayeron defendiendo el norte.

 

¿Cómo se lee la Hagadá cuando el cielo se ilumina con intercepciones?

 

La reflexión de nuestros soldados en el Líbano es el mensaje de nuestro tiempo. Ellos entienden, mejor que nadie, que la esclavitud moderna es vivir bajo la amenaza constante de la aniquilación. Su misión no es la de un conquistador o de un aventurero. Es la quien anhela la libertad.

Así como nuestros antepasados caminaron por el desierto hacia lo desconocido, estos jóvenes patrullan valles peligrosos para que sus familias puedan cenar en paz en Tel Aviv o Haifa.

Los recientes ataques directos desde Irán cambiaron la psicología de esta guerra. Ya no es solo una batalla contra grupos terroristas en la frontera; es una lucha existencial. Los soldados reflexionan sobre su rol como el “Escudo de David” frente a un imperio que busca su destrucción.
Es imposible no hablar de las sillas que quedarán vacías por culpa de los misiles de largo alcance y los drones suicidas. Familias enteras pasarán el Seder en silencio, mirando la foto de un hijo o una hija que está en el frente de batalla, cuidando la frontera o cruzando el cielo hacia territorio enemigo.

 

En el ejército, la pérdida se vive de forma colectiva. Mañana, en las unidades del norte, se brindará por los hermanos de armas que ya no están. Se dirá “L’chaim” (Por la vida) entendiendo que el precio de nuestra libertad ha sido, este año, devastadoramente alto.

 

La reflexión es dura pero necesaria: ¿Vale la pena? Y al mirar a su alrededor, a sus compañeros, la respuesta de los soldados suele ser un silencio firme. Están allí para que el “Nunca Más” no sea solo un eslogan, sino una realidad física.

Mañana, cuando los soldados en el frente reciten: “Este año somos esclavos, el próximo año seremos libres”, lo harán con una convicción que estremece.

 

Para los que luchan en el Líbano y los que vigilan los radares contra los misiles iraníes, Pésaj no es una cena de gala. Es el recordatorio de que la libertad se paga en cuotas de sacrificio, valentía y, a veces, de vidas jóvenes que se apagan demasiado pronto.

 

A todos los soldados que están lejos de casa y a las familias que llevan el luto en el corazón: nuestras oraciones y nuestro respeto eterno están con ustedes.

 

Que este Pésaj traiga la paz que tanto hemos sudado. Jag Pésaj Sameaj, y que todos vuelvan a casa sanos.

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Ricardo Silva: