Oren Stambouli / Reencarnación y el código secreto del Arca

La proa del Arca de Noe de Huibers en Krimpen aan de Ijssel, Paises Bajos. (Wikimedia Commons)

Cuando se habla del Arca Sagrada – Aron HaEdut ( אֲרוֹן הָעֵדֻת) – probablemente lo último en lo que piensas es en la reencarnación. Y, para ser honesto, si me hubieras preguntado hace apenas unas semanas, lo único que se me vendría a la mente al escuchar “Arca” sería Indiana Jones en Raiders of the Lost Ark. Punto.

Pero al entrar en la fase final del libro Éxodo me encontré con el capítulo donde Dios le entrega a Moisés unas instrucciones absolutamente detalladas sobre cómo construir el Arca: desde las medidas y los materiales, hasta quién debe construirlo y cómo debe ser decorado el Mishkán (el lugar donde residiría el Arca con las Tablas de la Ley). En verdad, el nivel de detalle es una locura.

Esto me intrigó mucho por dos razones.

¿Por qué dejar instrucciones tan específicas de algo que ya se construyó?

Si seguimos la línea cronológica de manera literal, el Mishkán iba rodando con ellos a todas partes, y solo 40 años después —justo antes de entrar a Israel— es cuando Moisés entrega la Torá completa.

¿Por qué incluir estos planos ahora? ¿Para qué?

La segunda duda era si en la Torá había instrucciones de cómo construir cualquier otra cosa. ¿Pirámides? ¿Palacios? ¿Ciudades?

Y la respuesta es fascinante. Solo hay un antecedente y es nada mas y nada menos que el Arca de Noé.

Me pareció increíble porque el Arca de Noé realmente no se veía como un barco común, o como nos la dibujan frecuentemente con su forma semicircular. Las medidas explícitas forman un rectángulo… y a pesar de que, el Arca de Noé es mucho más grande que el Arca donde se guardan las Tablas, las dos mantienen las mismas proporciones.

El Arca de Noé (Génesis 6:15) 

El “Timbre” (Ancho ÷ Alto): 50 ÷ 30 = 1.66

Medidas: 135 x 22.5 x 13.5 metros.

El Arca del Testimonio (Éxodo 25:10) 

El “Timbre” (Largo ÷ Ancho): 2.5 ÷ 1.5 = 1.66

Medidas: 1.12 x 0.67 x 0.67 metros.

Estos dos datos curiosos me dejaron pensando por días. ¿Dónde está la relación? ¿Por qué dejar instrucciones tan específicas?

Sera que en algún momento, ¿vamos a tener que volver a construir estas Arcas?

No me queda claro con qué propósito, ni dónde, ni por quién… pero si algo he aprendido es que la Torá no tiene ni una letra de más. Si nos están dando estos planos, es porque eventualmente habrá que usarlos.

La segunda conclusión es un poco más mística, más espiritual, y es la que más uso le podemos dar hoy en nuestro día a día.

Cuando la Torá nos habla de un Arca, no se refiere únicamente a algo material. Nos habla del contenedor que lleva nuestra alma. Y con esto no me refiero a nuestro cuerpo físico; me refiero a esa energía que se transporta con nosotros en este plano y en el espiritual. El contenedor que mueve nuestra alma mientras dormimos a otras dimensiones, y el mismo que la llevará al próximo lugar una vez que esta vida se acabe.

Por muchos años pensé que nuestras almas viajaban entre vidas aprendiendo lecciones de manera individual, pero hoy pienso que es distinto. Hoy creo que cuando nuestra alma sube y se reencuentra con La Fuente, todas las lecciones de todas las almas que vivieron con nosotros se unen a la enseñanza. Los errores, los logros, las cosas buenas y los traumas; todos se funden, como cuando derretimos el oro para darle una nueva forma.

Si se fijan en las instrucciones, el diseño no depende de un solo multimillonario que lo dona todo, ni se limita a un solo material. Cuando Dios entrega los planos, es muy específico: se necesita oro, plata, cobre, telas y joyas… pero la clave es que deben provenir de todos. Absolutamente todo el mundo tiene algo que aportar.

¿Y a quien le toca construir el arca? No al mas sabio, no al mas fuerte. Esta labor le toca a un joven llamado Betzalel, quien contaba con tan solo 12 años.

¿Será esto una pista de que nuestro contenedor energético empieza a flexibilizarse a partir de los 12 años? ¿Que es a partir de ahí cuando realmente podemos agrandarlo y moldearlo con nuestras propias acciones?

Para cerrar, déjame mostrarte algunos juegos numéricos que te hará alucinar y que demuestra que en este guion nada es accidental. El valor numérico del nombre Betzalel בְצַלְאֵל es 153, la cifra exacta de la frase Bnei HaElohim (Hijos de Dios).

El 153 es un número triangular perfecto: si sumas la secuencia de números del 1 al 17 (1+2+3… hasta llegar al 17), el resultado es exactamente 153.

Visualmente, esto construye una pirámide perfecta, una estructura que se levanta sólidamente. Pero con una gran diferencia. Mientras que las pirámides de Egipto eran monumentos de piedra muerta, construidos con esclavitud, la “pirámide” de Betzalel es una arquitectura viva donde la base no son esclavos, sino almas voluntarias aportando su esencia. 

Finalmente, si reducimos el 153 a su mispar katán (sumando sus dígitos: 1+5+3), el resultado es 9. En hebreo, el 9 representa la Verdad (Emet) y el final de un ciclo necesario antes de empezar de nuevo.

Betzalel no era solo un niño construyendo una caja; él era la representación matemática de todos los “hijos” (las almas) colaborando en un mismo proyecto de unidad.

La matemática no miente: construir el Arca con la verdad de todas nuestras almas unidas es el único diseño capaz de hacernos trascender al siguiente ciclo de la vida. Al ver la historia desde este lente, te das cuenta de una realidad más profunda… Este viaje se trata de todo… menos de lo que ya sabes.

Oren Stambouli
Moisés: El Poder Oculto en Tus Heridas

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OrenStambouli.com
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