Diego Sciretta / La pinza del odio: el cinismo de la Internacional Progresista

La gente se reune alrededor de la Cupula de la Roca, en el complejo conocido por los musulmanes como Santuario Noble y por los judios como Monte del Templo, en la Ciudad Vieja de Jerusalen el 28 de octubre de 2021 (credito: REUTERS/AMMAR AWAD)

El reciente viaje del presidente Javier Milei a Israel y la firma de tratados de cooperación en Jerusalén han reactivado un fenómeno previsible: la convergencia de los extremos. Tanto el antisemitismo de izquierda como el de derecha han relanzado una narrativa falaz que intenta vincular estos acuerdos estratégicos con la logística de la seguridad interna argentina. Sin embargo, este análisis trasciende cualquier postura sobre el plan económico de Milei; se trata de una verificación técnica que desmantela el relato y expone la hipocresía en el seno de la Internacional Progresista.

​Acuerdos de alta tecnología vs. realidad callejera

Los tratados firmados por la administración de Javier Milei en Jerusalén se centran en áreas de alta tecnología y defensa nacional. La cooperación binacional apunta a sectores críticos como la ciberdefensa, la inteligencia estratégica contra el terrorismo internacional y el control tecnológico de fronteras. Son herramientas para proteger la soberanía, no para intervenir en manifestaciones sociales.

​El negocio del socialismo europeo y regional

​Es una paradoja técnica que los sectores que denuncian la “represión” omitan sistemáticamente el origen del material que realmente ven en las calles. El inventario de las fuerzas federales revela que los proveedores más importantes de elementos antidisturbios son, precisamente, naciones con gobiernos que lideran la retórica antiisraelí:

  • ​España (Gobierno socialista del PSOE): Bajo la presidencia de Pedro Sánchez, el país lidera la exportación de gases lacrimógenos y agentes químicos a través de la empresa Falken S.A.

  • Brasil (Gobierno socialista del PT): Bajo la presidencia de Lula da Silva, la empresa Condor abastece granadas de estruendo y sprays de pimienta fundamentales para el despliegue táctico.

  • Francia (Centro-Liberal): El gobierno de Emmanuel Macron mantiene la provisión constante de munición de impacto y tecnología de protección táctica.

Soberanía y producción nacional

​El relato de una supuesta “dependencia israelí” para sostener el orden interno se desmorona al observar la movilidad de las fuerzas de seguridad. Los patrulleros de la Policía Federal y las unidades de transporte son, en su mayoría, de fabricación argentina o regional: modelos de marcas como Ford, Toyota y Chevrolet producidos en plantas locales como Zárate, Pacheco o Alvear, junto con camiones hidrantes equipados por la industria metalúrgica nacional.

​La mentira como herramienta de estigmatización

Acusar a los tratados de Jerusalén de “bancar la represión” es una operación ideológica diseñada para alimentar el prejuicio. Israel provee radares y ciberseguridad, elementos que no tienen presencia en el choque callejero.

Señalar a Israel mientras se respira el gas fabricado por el socialismo de Sánchez y se escuchan las granadas del progresismo de Lula es la prueba definitiva de que no se critica la fuerza, sino la identidad del aliado. El odio une a los extremos en una mentira compartida, ignorando que el material de choque es, en realidad, un exitoso producto de exportación de sus propios referentes ideológicos.
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