Trump, FIFA y la decisión más polémica

¿Puede un presidente cambiar una decisión de la FIFA con una llamada telefónica? Esa es la pregunta que hoy está sacudiendo al Mundial.

Todo comenzó cuando el delantero estadounidense Folarin Balogun recibió una tarjeta roja que automáticamente lo dejaba suspendido para el siguiente partido. Sin embargo, horas después ocurrió algo completamente inesperado: la FIFA dejó sin efecto esa sanción retirando la tarjeta roja después del partido y Balogun quedó habilitado para disputar los octavos de final, algo que no sucede comúnmente.

Lo que convirtió este caso en una polémica mundial fue la revelación de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habló directamente con el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, para solicitar que la jugada fuera revisada.

Según el propio Gianni Infantino, la llamada existió, pero la decisión final fue tomada por los órganos disciplinarios independientes de la FIFA y no por él personalmente. Esa es la postura oficial del organismo.

Sin embargo, esa explicación no ha logrado apagar la controversia.

La gran pregunta ya no es únicamente si la tarjeta roja era correcta o incorrecta. El verdadero debate es otro: ¿puede la política influir en las decisiones deportivas del torneo más importante del planeta?

Desde hace décadas, la FIFA ha defendido un principio fundamental: mantener al fútbol alejado de las presiones políticas. Incluso sus estatutos contemplan la independencia de sus órganos disciplinarios para evitar precisamente este tipo de situaciones.

Pero cuando un jefe de Estado interviene directamente en un caso disciplinario y, poco después, la sanción cambia, resulta inevitable que aparezcan dudas sobre la independencia del proceso, aunque no exista evidencia pública de que la llamada haya determinado el resultado.

La decisión provocó una fuerte reacción internacional. La Federación Belga expresó su sorpresa y cuestionó el cambio de criterio, mientras que desde la UEFA llegaron críticas asegurando que este episodio pone en riesgo la credibilidad del sistema disciplinario del fútbol.

Por otro lado, la Casa Blanca y Trump sostienen que no hubo ninguna presión indebida. El presidente estadounidense afirmó que únicamente pidió una revisión porque consideraba que la expulsión había sido injusta y que cualquier selección tendría derecho a recibir una evaluación imparcial.

Legalmente, la FIFA argumenta que actuó dentro de las facultades que le permite su Código Disciplinario al suspender provisionalmente la sanción mientras continúa el procedimiento. Pero una cosa es que una decisión sea jurídicamente posible y otra muy distinta es cómo será percibida por millones de aficionados alrededor del mundo.

Y quizá ahí esté el verdadero problema.

Porque en un Mundial no basta con que las decisiones sean imparciales; también deben parecerlo. Cuando la política y el deporte se cruzan de esta manera, la confianza en las instituciones comienza a ponerse a prueba.

La polémica alrededor de Balogun probablemente terminará algún día. Pero la pregunta que deja este episodio seguirá abierta durante mucho tiempo: ¿la FIFA demostró la independencia que siempre ha defendido… o este fue el precedente más peligroso en la historia reciente del fútbol?

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Isaac Kamhine: