JAYA COTIC
I
Perdido en el espejo
un rostro sin facciones
perfila su contorno
y se entrevera
con el vidrio
y la plata que lo observan.
II
Al fondo
una puerta.
Enfrente la ventana.
Y yo
ante el espejo
-sin desviar la mirada-
embadurno la imagen
con sustancias espesas,
lúbricas, fragantes, espumosas, amargas.
III
Aquello que inventé
-urgida por mis metas-
hoy me gobierna.
Del abultado vientre
de los mitos
trasmina una realidad
tan orgánicamente
cierta,
que adquiere el espesor
exacto de mi cuerpo
-es humor arterial-
que me alimenta-.
El mito,
el mito original
el cotidiano,
invención circular,
pirueta,
mentira artesanal
que adqurió
-frente al espejo-
una real e inquietante
autonomía.
En la caverna
sobre la que construí mi casa,
las oquedades huecas
cavan sus hoyos
IV
Mi ser ociopatético.
Mi mente criptolúdica.
Mii piel sensoalienada
-moldes semirredondos
para abstracciones planas-
inundan
con sus productos necios
los rincones
penetrables
de mi casa:
decadente mansión
de los espejos.
V
Cubierta de rubor
ante mi intimidad
violada,
observo mi figura
expuesta
-sin piedad ni remedio-
en los espejos
del Puerto de Liverpool.