Amar al extranjero, obligación superior / Desde las calles de Israel

Resumen de la Parashá Mishpatim- Éxodo 21:1-24:18

Luego de la revelación en el Monte Sinaí, Di-s dicta una serie de leyes al Pueblo de Israel. Estas incluyen las leyes de sirvientes; las penas por asesinato, secuestro, asalto y robo; penas civiles por daños, las leyes sobre préstamos.

También leyes advirtiendo contra el maltrato a extranjeros; la observancia de las festividades en las diferentes estaciones y las leyes de las ofrendas de la agricultura que debían ser llevadas al Templo en Jerusalén; la prohibición de cocinar carne con leche; el precepto de rezar. En total, la sección contiene 53 preceptos – 23 positivos (que implican hacer algo) y 30 negativos (que implican prohibiciones).

De los muchos preceptos que aparecen en esta sección, quizá uno de los más destacados es el del respeto al extranjero.

Maimónides, como Aristóteles, pensó que la virtud proviene del ejercicio repetido. La observancia de la Halajá, la ley de la Torá crea hábitos.

Si el conocimiento, la razón y la emoción nos conducen a ser morales, ¿por qué los seres humanos odian, dañan y matan?

La respuesta breve es simple. Somos animales tribales. Nos formamos en grupos. La moralidad es tanto causa como consecuencia de este hecho. Hacia las personas con las cuales nos sentimos cercanas somos capaces de altruismo. Pero hacia los foráneos sentimos miedo, y ese miedo es capaz de transformarnos en monstruos.

La moralidad nos une a los demás en un vínculo de altruismo recíproco. Pero también nos ciega ante los que están fuera de ese vínculo. Une y divide. Nosotros y ellos. El mismo acto de crear un “Nosotros” crea simultáneamente un “Ellos,” los que no son como nosotros. Aún las religiones más universales, creadas sobre los principios del amor y la compasión han visto a los que están fuera de esa fe como el mal, los infieles. Grandes grupos de sus seguidores han cometido actos de brutalidad atroz en nombre de Dios.

A este respecto, deberíamos recordar y aprovechar las frases de la Torá, de la misma manera que un antibiótico a las bacterias.

De ninguna forma debes maltratar ni oprimir al extranjero. Recuerda que ustedes han sido una vez extranjeros en la tierra de Egipto (Éxodo 22:21)

No debes oprimir al extranjero. Ustedes saben lo que se siente pues han sido extranjeros en la tierra de Egipto. (Éxodo 23:9)

Los grandes crímenes de la humanidad han sido cometidos contra el extranjero, el-que-no-es-como-uno.

Reconocer la humanidad del extranjero ha sido el punto débil de la mayoría de las culturas. Los griegos veían a los no-griegos como bárbaros. Los alemanes llamaban a los judíos gusanos, cáncer de las naciones. En Ruanda, los Hutus llamaban a los Tutsis inyenzi, cucarachas. Deshumanizar al otro te da derecho a agredirlo. Los Nazis se autoconvencieron (y también convencieron a otros) de que al exterminanar a los judíos estaban haciendo un servicio moral a la raza aria.[8]

Un recurso frívolo de políticos sin propuestas serias, es la división artificial izquierdas contra derechas, conservadores contra progresistas, ricos contra pobres, catedráticos contra iletrados, todos presumen alta moral porque se sienten fuertes si niegan al otro.

Temen reconocer que es la interacción lo que ha permitido el desarrollo cultural de la humanidad.

Un ejemplo que hasta el más obstinado entiende es el de la gastronomía. Sin el jitomate o tomate de américa no hay ensalada griega, sin ajonjolí de Medio Oriente no hay mole, sin el conocimiento de la destilación de Europa no habría el Ron o el tequila de América, sin las papas de Perú, Vincent van Gogh no hubiera podido representar la vida de los pobres en su pintura los comedores papas. ¿Te imaginas si los chinos no hubieran domesticado el arroz hace más de 10 mil años?

Sin la revelación en el Sinaí, no habría ni cristianismo ni islam.

Las manifestaciones culturales son la sal de esta gran ensalada que es la humanidad. Fuimos esclavos y recordarlo debe ser una invitación a adoptar un rol universal.

Tienes el poder de elegir la libertad, desde tu enfoque, hermanarte con el mundo y luchar contra quienes se opongan .


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Ricardo Silva: